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Salamanca en caída libre

Lunes, 11 de julio 2022, 05:00

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Los datos ahí están. Y en una época donde parece que se puede dudar de absolutamente todo —con una expansión de teorías de la conspiración bastante vinculadas, por cierto, a ideologías de extrema derecha—, se retoman hasta discusiones estériles cerradas hace siglos como la esfericidad del planeta Tierra. El dato ha de matar al relato. Y le pese a quién le pese, junio cerró con la menor tasa de desempleados desde octubre de 2008. Hace catorce años que no observábamos estos números de desempleo en nuestro Reino. Ojalá sumar a más personas a la cifra de ocupados con empleos dignos.

Los datos también nos dicen que Salamanca pierde población. Incluida la capital. No les cuento nada nuevo. Así que teniendo en cuenta que, según datos de la Junta, la Universidad de Salamanca, en el curso 2021-2022 tenía matriculadas 25.461 estudiantes, cifra que, si la comparamos con la población del partido judicial de Vitigudino, cuyos 55 municipios, según datos del Instituto Nacional de Estadística en 2021, agrupan una población de 15.095 habitantes, considero que podríamos crear una nueva unidad territorial en la provincia solo con la población de la USAL. Así igual de una vez por todas aprovechamos lo que tenemos. Que luego llega el verano, y más allá de los 1.050 guiris —más o menos, con datos sacados de la nota de prensa enviada a los medios el día 4 de julio— que vendrán a emborracharse por Varillas y Bordadores, nos encontramos de nuevo con otra ciudad preciosa de la meseta que pierde esa vida tan característica que le dan los usuarios de esta institución.

Y aunque Ayuntamiento y Rectorado se vanaglorien de lo bien que funciona todo, tanto sus responsables como el que firma estas palabras, sabemos que el modelo funciona regular. Y para esto me remito a los datos de población. Y, sin querer ser exhaustivo, a la clasificación del INE sobre el Producto Interior Bruto por provincias, en la que ocupamos la cuadragésima posición de 52 provincias. Algo más de tino tuvo la Diputación provincial con el Plan de Egresados. Pero poco más. Porque, aunque no hayan elaborado estadísticas —al menos no las han hecho públicas—, basta con echar un vistazo en su portal para ver que, en su primera edición, han tenido que publicar hasta cuatro documentos con renuncias. Y aunque ahora no esté disponible su descarga, sé por experiencia propia que las diligencias no iban personalizadas. Es lo que tiene promover el trabajo precario desde las Administraciones Públicas. Y esto, junto a la falta de incentivos porque los jóvenes residiesen en el municipio de destino, lo convierten en una buena idea mal ejecutada.

Incluso con la coyuntura internacional, seguimos promoviendo el modelo del autobús de japoneses al que permitimos aparcar en el casco histórico. Porque poderoso caballero. Y aunque parezca más que demostrado que apostar todo al turismo resulta la crónica de una muerte anunciada —una vez más si nos fijamos en datos demográficos— las políticas tomadas nos llevan a chocarnos una y otra vez con la misma piedra. Y si al menos fuera de cantería local, algo moveríamos la economía. Con los precios tan elevados que tenemos que sufrir todos, y aunque no pueda ofrecer datos, estoy más que convencido de que un impulso al consumo de proximidad supondría un fuerte revulsivo. Y para esto aún estamos a tiempo.

Así que, si seguimos en estas, sabemos lo que el futuro nos deparará. Trimestre tras trimestre, año tras año, asistiremos a presentaciones de datos que los medios recogerán con titulares a los que ya estamos acostumbrados: despoblación, tasas vegetativas negativas, más pensionistas que trabajadores en activo, una industria inexistente y un sector primario en declive. Los datos cambiarán, pero si las políticas no lo hacen, estamos condenados a vivir en caída libre. Lo que todavía no nos dicen los datos es donde se toca fondo.

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