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CRÓNICA

El milagro del temple

Emilio de Justo «salva» y cuaja a placer a un Azafrán de Garcigrande con las fuerzas al límite y una calidad almibarada que supo sostener para acabar gozando sus embestidas. Le cortó una oreja y perdió otra con la espada del emocionante quinto. Fueron los dos únicos pasajes de una plomiza tarde