08 agosto 2022
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Días calentitos

27 jun 2022 / 03:00 H.

    Han sido dos semanas bastante completitas. Se ha acabado el cole y ahora empiezan los quebraderos de cabeza de los papás y mamás para cuadrar horarios. Es época de bodas, bautizos y comuniones, actos cuyas celebraciones, por cierto, se están yendo bastante de las manos. Se han consagrado nuevos propósitos en las hogueras de San Juan, esa fiesta pagana en la que se celebra el solsticio de verano. Y ya comenzó la época de verbenas en los pueblos de nuestra provincia, después de un parón de dos años, y parece que ha empezado una competición entre ayuntamientos por ver quién hace las fiestas más sonadas.

    Mañana día 28, se celebra el Día Internacional del Orgullo LGTB, después de que hace apenas unos días asesinaran a dos hombres por su condición sexual en Oslo. Las autoridades noruegas, como siempre ocurre cuando hay atentados terroristas en los países nórdicos, tachan al autor de “enfermo mental”. ¡Qué falta de llamar a las cosas por su nombre! En Salamanca, el sábado recorría las calles la manifestación promovida por la asociación Iguales, demostrando que en estas tierras no somos un bloque homogéneo, como piensan algunos de las autonomías ricas. También el sábado morían 37 personas -según organizaciones del tercer sector- en la frontera hispano-marroquí. Y digo morían porque es difícil saber si los mata el viaje, el hambre, la valla, las fuerzas marroquíes, las concertinas o el esfuerzo físico y mental que todo esto supone. Eso sí, muertes que cuentan con el beneplácito de la cartera de Interior, en manos de Grande-Marlaska, del gobierno más comunista de la Historia de la humanidad.

    Ante esta noticia, Pedro Sánchez declaraba que la llegada de migrantes estuvo “bien resuelta”. Con 37 muertos. Bastante más compungido se le vio en su paseo por uno de los pueblos afectados por el incendio de la Sierra de la Culebra. Ya saben que quien se mueve no sale en la foto. El presidente del Ejecutivo estatal se dio un “baño de masas”, -entrecomillado, que esto es la España vaciada- para prometer in situ la declaración de “zona afectada gravemente por emergencias”. Eso sí, fue en helicóptero. Una oportunidad perdida de que un madrileño de los de dentro de la M30 disfrutase de las vistas que el abandono institucional nos regala a los del Oeste. Y de ver si se planteaba que hay gente sin tierra y tierras sin gentes.

    Peor suerte tuvo en su viaje a Villanueva de Valrojo el presidente de Castilla y León. A su llegada a la zona afectada por el peor incendio de la historia de Castilla y León, Mañueco se encontró con unos vecinos que le hicieron retroceder. Y no es para menos. Tras el desastre de Navalacruz, la Junta ha vuelto a demostrar su incapacidad en la materia. Se han quemado 30.000 hectáreas. Y hay quien puede pensar que esto depende de un criterio puramente técnico, no político. Pero claro, a la falta de planificación -se mantiene que la época de incendios empieza el 1 de julio cuando hemos alcanzado los 40 grados en junio- al mantener el incendio en nivel 2, y no 3, se evitaba que el Gobierno estatal dirigiese las operaciones. Razones más que de peso para que zamoranos y forestales pidan la dimisión de Suárez-Quiñones.

    Pero sin duda, lo más importante de estas dos semanas es lo que ocurrirá con las trabajadores y trabajadores del sector primario de la zona calcinada. Valorar la pérdida paisajística como belleza y elemento turístico está muy bien, pero que no se nos olvide que en estas tierras vivimos gracias al campo. Y ahora no tienen un sustento real. Porque un incendio no es cosa de una semana. Ni de unos meses. Pasarán décadas hasta que la Sierra de la Culebra vuelva a tener algo que ver con lo que era. Ojalá nunca nos toque verlo de cerca.

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