26 mayo 2022
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Juan José Badiola: “Las autoridades tienen que estar preocupadas por la gripe aviar”

Director del Centro de Encefalopatías y Enfermedades Transmisibles Emergentes y referente científico, advierte del alto poder de contagio y de la letalidad en las aves

27 ene 2022 / 08:24 H.
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La gripe aviar o influenza aviar, enfermedad infecciosa causada por cepas A del virus de la gripe, mantiene vigilantes a las servicios veterinarios de Salamanca después de la aparición de cinco casos en España en 2022, cuatro de ellos en Castilla y León.

Juan José Badiola, director del Centro de Encefalopatías y Enfermedades Transmisibles Emergentes de la Universidad de Zaragoza, es de nuevo referente científico en esta enfermedad. Explica, en declaraciones a este periódico, que el virus H5N1 “es de alta patogenicidad, con alto poder de contagio y letalidad en las aves”. En su opinión, “las autoridades de Sanidad Animal y Medio Ambiente sí tienen que estar preocupadas y además con los mecanismos de alerta preparados”.

El último caso de gripe aviar fue confirmado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación el pasado 20 de enero y se detectó en la Laguna de El Bohodón, en Ávila, a partir de muestras recogidas de 5 gansos hallados muertos allí. Antes, también en aves silvestres, se confirmaron casos en Lérida (ribera del río Segre) el 4 de enero; en la Laguna de la Nava de Fuentes (Palencia) el pasado 17, y en la Laguna del Oso (Ávila) tres días antes, el 14.

El caso más preocupante al detectarse en una granja, en concreto en una explotación de pavos de engorde en Fuenterrebollo (Segovia), fue confirmado el pasado 18 de enero: como consecuencia del brote murieron 9.000 pavos y el resto, alrededor de 9.900, fueron sacrificados.

La Junta de Castilla y León trabaja en determinar el origen de la gripe aviar en la explotación, con dos teorías sobre la mesa, que el contagio fuera por contacto de pavos con aves silvestres, bien a través del agua o la comida, o por la entrada del virus desde el exterior, por ejemplo a partir de heces pegadas a las botas, de ahí que se insista desde la Junta en extremar las medidas de bioseguridad. Ahora también sigue el rastro de explotaciones ganaderas que hubieran tenido contacto con la de Segovia para tomar allí muestras y descartar la presencia de gripe aviar en ellas.

El hecho de que llegara a una explotación doméstica situada en una provincia además distinta de las otras tres afectadas por focos en aves silvestres, lo interpreta Badiola como la muestra de “la gran capacidad de propagación que se realiza a través de aves silvestres, particularmente las acuáticas, que transmiten el virus a distintos lugares en función de sus dinámicas de vuelo. La entrada en granjas de aves domésticas de nuevo confirma la alta capacidad de contagio del virus a gallinas y pavos domésticos y la necesidad de extremar las medidas de bioseguridad, impidiendo el más mínimo contacto directo o indirecto entre aves silvestres y domésticas”.

En este momento existe recomendación a los productores con aves de guardarlas en lo posible aunque oficialmente no hay variación de la situación de vigilancia fijada en España después de que el pasado 2 de diciembre el Ministerio declarara el riesgo alto de influenza aviar en España. La decisión fue adoptada después de que desde el 1 de julio hasta el 25 de noviembre de 2021 se hubieran comunicado 182 focos en Europa en aves de corral (102 confirmados desde el 15 de noviembre) y 417 en otras aves no de corral, silvestres incluidas (156 de ellos confirmados desde el 15 de noviembre). Ahora mismo en Salamanca no hay zona de riesgo, sí de vigilancia en las inmediaciones del azud de Riolobos y de las presas de Santa Teresa y Almendra.

Según Badiola, es ahora clave “extremar las medidas de bioseguridad en las granjas y evitar la cría de aves al aire libre. Todo ello va encaminado a evitar el contacto entre aves silvestres y domésticas”, señaló.

Sí incidió el director del Centro de Encefalopatías y Enfermedades Transmisibles Emergentes en que pese al alto poder de contagio, el riesgo en humanos es “muy bajo”. “Para tener un riesgo real se necesitaría un contacto estrecho y duradero de una persona sana con aves infectadas o enfermas”, señaló.

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