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El torero El Viti; el periodista Pedro Piqueras; el director del Colegio, Javier Mérida y de fondo, colegiales.
Piqueras en Salamanca: «El 14 de diciembre del 88 pensé en dejarlo, tuve miedo»
ENTREVISTA AL EXPERIODISTA

Piqueras en Salamanca: «El 14 de diciembre del 88 pensé en dejarlo, tuve miedo»

Acaba de jubilarse como jefe de informativos Telecinco y visita Salamanca

Marina G. Vallín

Salamanca

Miércoles, 1 de mayo 2024, 06:30

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Ha pasado menos de medio año desde que Pedro Piqueras dijo: «Buenas noches y hasta siempre», desde entonces, ha intentado vivir todo lo que hasta ahora no había podido, y además, dar diferentes conferencias. En este caso, los colegiales del Colegio MayorNª Señora de Guadalupe, han podido ver al veterano de los informativos sin el skyline de Singapur de fondo. El periodista ha sido el ponente en el Acto de Clausura del Curso 2023-2024, nombrándole, además, Colegial de Honor.

¿Podría hablarme de Pedro sin hablar de periodismo?

—Sí, perfectamente. Es más, yo creo que soy más Pedro que Pedro Piqueras. Pedro es un tipo normal de Albacete, que un buen día quiso ser periodista, pero antes había sido otras cosas. Fui alpargatero, en la tienda de mi padre. Me han gustado muchas otras cosas, principalmente la música. Hubo una época en la que cantaba, tocaba la guitarra, y con eso me fui pagando la carrera. También me ha gustado mucho viajar. Últimamente, será porque me estoy haciendo mayor, me gustan más las ciudades con catedrales, como Salamanca. Me ha gustado mucho la vida, aunque creo que la he vivido poco por el periodismo. Voy a pedir una prórroga para poder hacer todas las cosas que no he hecho. Aunque siempre hay algo de periodista en el Pedro que no es periodista.

Ha dicho en varias ocasiones que para usted contar es cantar y cantar es contar, ¿tiene la espinita de no haberse dedicado a la música?

—No, que va. Empecé a trabajar enseguida en periodismo y me gustó tanto que no eché de menos el haber sido cantante. Fui compositor de algunas canciones, que eran malísimas, con lo cual no las voy a echar de menos. Aunque sí te voy a decir una cosa, creo que la música es algo inherente a mí. Cuando estás tocando cualquier canción de Frank Sinatra, no estás pensando en el Partido Popular o en el Partido Socialista. Creo que hacer otras cosas nos ayuda a poder vivir mejor y desviar el foco de atención.

Como amante de su profesión, cuando piensa en su recorrido, ¿qué le viene a la mente?

—Seguramente, los inicios. Fueron bonitos. Empecé con la carrera y desde el principio estuve trabajando. Hice prácticas en un periódico de Albacete, y luego, en Madrid, trabajé en dos revistas. Después en Radio Exterior de España y a partir de ahí, ya no pensé en otra cosa más que en trabajar. Los momentos más bonitos no han sido solo aquellos que la gente considera un éxito, los más duros me han enseñado más que los fáciles. Yo he sido cesado, he sido puesto en los pasillos, he tenido horarios estelares… Creo que lo bonito de mi carrera es que es así, montes y valles.

Se dice que siempre ha abrazado al televidente, ¿cómo ha hecho para no quedarse en la pantalla y entrar en las casas?

—Quizá porque me gusta abrazar al televidente, y al que no es televidente, también. A la gente hay que mirarla de frente, a los ojos. No me gusta cuando los informativos se cuentan desde un ladito. Me parece que hay que contárselo a la gente mirándole a la cara. Lo que tenía que hacer era algo que a mí sí que me gusta, y es hablarle a la gente de tú a tú y abrazarla, que sintieran que no se lo estás contando a un auditorio, sino que se lo estás contando a ellos. Tenía que agarrarme a lo que tenía que agarrarme, que era al televidente y a mí mismo, que pasaramos esos treinta minutos más o menos abrazados.

Después de 51 años de oficio, intuyo que pocas cosas le sorprenderán, ¿Recuerda algún informativo que le haya marcado, en especial?

—Sí, muchos. Pero el que más fue el del 14 de diciembre de 1988. España estaba parada y los poderes públicos, los sindicatos, la dirección general… decidieron que el único informativo que iba a haber era el mío. Como te puedes imaginar, me llenó de miedo. Llegué a pensar que tenía que dejarlo porque me daba pavor aparecer en pantalla. Era demasiada responsabilidad puesta sobre los hombros de un tipo de 30 años. Toda España estaba pendiente y me impactó mucho. Me han marcado otros también, pero yo creo que ese fue el que más.

Ha entrevistado a una amplia variedad de personas a lo largo de su carrera. ¿Hay algún entrevistado en particular que le haya sorprendido?

—Siempre he procurado no hacer distinciones entre los entrevistados y para mí todos merecían un trato igual. Puedo asegurar que sí, que los hay que me han sorprendido más o menos, pero no diré por qué. Si me preguntas por el más divertido, probablemente Rajoy. Luego, por ejemplo, Pedro Sánchez, creo que siempre ha sido sincero en mis entrevistas. Podría decir de Abascal que, yo pensaba que iba a ser más distante y al final fue aceptando las preguntas perfectamente. En general no he perdido respeto a ningún entrevistado, entre otras cosas porque es una buena forma para que no te lo pierdan a ti.

¿A quién le habría gustado entrevistar y no lo ha hecho?

—Me habría gustado entrevistar a Adolfo Suárez. De los extranjeros, a Obama. Luego, a gente de la calle. Hay un mendigo en la puerta de mí casa, se llama Miguel Ángel y nos conocemos. Yo le he entrevistado poco a poco, alguna vez me he parado a hablar con él y tiene historias más importantes que las que nos puede contar gente conocida. La verdad, sería una buena entrevista.

Decía antes que quería pedir una prórroga de tiempo para esta vida, ¿qué cosas le han quedado por hacer?

—Nunca pude ir al estreno teatral de mi amigo Carlos Hipólito, somos buenos amigos desde hace muchos años y nunca había podido ir a apoyarle el día del estreno. Este año, sí. Nunca había estado en un partido de Champions, jamás. Habrá gente que tampoco pueda por temas económicos pero en general, todo el mundo puede ir a un sitio a las nueve de la noche. Hace poco fui al Bernabéu a ver el Real Madrid contra el Manchester City. Ir a una corrida de San Isidro un miércoles por la tarde. Irme de vacaciones en una época que no sea agosto. La gente se ha sorprendido al ver que he dicho «me voy». Para irte tienes que meditar y decidir: que te quieres ir, lo primero; cómo irte y qué vas a hacer después de irte. La gente no sabe cómo hacerlo, piensa que si faltan, aquello se va a hundir, y mi primera clave es: «no hay nadie imprescindible». De hecho, yo tengo un sustituto maravilloso, Carlos Franganillo.

¿Podría compartir una historia detrás de cámaras que recuerde?

—En los últimos años yo estaba muy cansado y la última maquilladora que tuve, Fátima, una chica estupenda, un día me dijo: «Hoy te veo mal, tienes bolsas en los ojos, ¿te pasa algo?». Yo le expliqué que no, que quería irme pero no encontraba el momento. Eran muchas horas y ya tenía 67 años. Pero le dije que no se preocupara, que a mí en la tele no se me iba a notar. Y no se notó. Porque Jesús Hermida me dijo un buen día que la cámara me tenía que enamorar para conectar con la gente. Yo siempre he creído que tengo una historia de amor con la cámara. A tu arma de trabajo tienes que quererla.

¿Qué cree que es lo más importante en un periodista?

—En el panorama actual te encuentras con que este señor dice que llueve, pero hay otro que dice que no llueve. Entonces, la misión del periodista es salir a la calle y si llueve decir «llueve». Luego puedes añadir que a pesar de lo que tu cuentas hay quien dice que no llueve, pero tú eres el que tienes que contar las cosas.

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