17 mayo 2022
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¿La bolsa o la vida? Las dos cosas

Cada año, más de cien salmantinos despiertan de una cirugía con una bolsa pegada al abdomen. Manuel Salinero se ha convertido dentro del Hospital en el ejemplo de positivismo para afrontar un cambio traumático

03 ene 2022 / 17:32 H.
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Manuel Salinero acudió un día al Hospital para recibir sus dos horas de quimioterapia y le llamó la atención una mujer cargada de revistas que se despedía de su marido diciendo que se marchaba a Nueva York. “Le iba diciendo a todo el mundo que iba camino de Nueva York. Yo pensaba que estaría loca, la pobre, pero me vio y empezó a preguntarme que a dónde iba yo”, recuerda.

-“A ningún sitio. ¿No me ve? A pasar dos horas aquí”-, respondió. La mujer insistió: “Vamos a ver, ¿cuánto se tarda en llegar a Madrid? ¿Dos horas? Pues entonces usted va hoy a Madrid. No como yo, que ya voy desde Madrid hasta Nueva York”.

Aquella simple anécdota tenía mucho más de sabiduría que de locura. Encendió una luz de positivismo en el cerebro de Manuel pese al empeoramiento de su enfermedad: “Cuando empecé a pasar cuatro horas en la quimio me decía a mí mismo que me iba a Zaragoza. Cuando eran cinco horas pensaba que ya me había pasado de Zaragoza. Ahora pienso que voy y vuelvo de Zaragoza y ni me entero porque duermo a pierna suelta”.

Cuatro años de quimioterapia y unos brazos devastados en los que “no había ya dónde pinchar” llevaron a los médicos a operarle para practicarle una ostomía: una apertura cerca del vientre para crear una salida del aparato digestivo.

La historia de Manuel podría ser una más entre los cerca de cien salmantinos que cada año entran en quirófano con un tumor -o alguna enfermedad inflamatoria- y salen con un agujero en el abdomen y una bolsa pegada al cuerpo. Pero lo que hace tan diferente su relato es esa actitud que fue moldeando en sus ‘viajes’ a Zaragoza y que le ha convertido en una especie de Roberto Benigni de Peñaranda. Manuel pregona que la vida es bella y no es postureo. Lo demuestra.

“Parece que tener una ostomía es tabú. La clave está en hablarlo abiertamente, querer superarte y pensar en todo lo positivo”

Para muchos de los pacientes ostomizados, el impacto de verse con una bolsa pegada al cuerpo es demoledor. Les enemista de por vida con el espejo y caen en depresiones de las que a veces nunca salen. Salinero, en cambio, es un modelo de como relativizar su nueva condición: “Al principio el estoma lo ves grandísimo, pero lo vas asumiendo. Si lo analizas, no hay ninguna enfermedad pequeña. Hasta el dolor de una uña te parece un mundo, pero tienes que esforzarte por superarte a ti mismo. Yo pienso en el mañana. Me acuesto por la noche queriendo despertarme y cuando veo el despertador a las 5:00 de la mañana digo ‘¡Pues mira, estoy vivo otro día más!’.

En el recetario del buen paciente de Manuel Salinero no hay demasiados ingredientes: sentido del humor, hablar sin tapujos... y Clara Cabrera. “Yo soy una persona muy positiva, pero si todo esto lo hubiera tenido que pasar sin Clara... Pues sí, posiblemente habría sido diferente”. Clara es la enfermera del Hospital de Salamanca especializada en ostomías, pero cuando los pacientes hablan de ella la describen casi como si tuviera alas y un nimbo sobre la cabeza. “Yo ya no sé si Clara es mi enfermera o mi amiga. Mi mujer siempre dice que eso no es una enfermera, que eso es un ángel. La aprecio desde el primer minuto en que la conocí. Es que vive su profesión y te habla con total claridad. Lleva el nombre en la sangre más que en el carnet”, destaca.

Con unas dosis de Clara y el espíritu de Zaragoza, Manuel Salinero se ha convertido en ejemplo recurrente dentro del Hospital y hasta en terapeuta para los casos que peor lo llevan. “Lo peor es la adaptación de cada uno, pero si te encuentras con alguien que tiene bolsa hay que hablar de ello. Parece que es como un tabú y no entiendo por qué. Yo lo hablo con total naturalidad y me han pedido que hable con otras personas que están totalmente hundidas para ayudarlas y hacerles ver que llevar una bolsa no es el fin de nada. ¿Pero por qué no pensamos en todo lo positivo”, se pregunta.

Salinero cree en el humor como herramienta medicinal. De hecho, entre consejo y consejo intenta enlazar el ‘tema bolsa’ con algún comentario picantón, pero su mujer le frena a tiempo. No es un optimismo impostado que le sirva de coraza y eso es lo que le convierte en alguien especial.

No sé si me ha cambiado la vida, pero desde luego hago todo lo posible para que no me la cambie. Sigo tomando el café con el mismo amigo de los últimos 40 años, pero en vez de beberlo en 10 minutos ahora nos pasamos una hora y paso todos los días por un taller de maquinaria y remolques que ha sido mi trabajo. Antes iba a trabajar y ahora voy a discutir un ratito con los obreros. Vamos, que tengo una vida y no me pienso encerrar en casa por una bolsa que ni siquiera se ve”, enfatiza.

Se dice que los antiguos bandoleros se escondían en las laderas de los caminos para sorprender a sus víctimas con una ‘adivinanza’ a punta de pistola: ¿La bolsa o la vida? Ahí no cabía más remedio que elegir... y hacerlo bien. A Manuel lo que le asaltó hace años fue un cáncer. Le aguantó la mirada con orgullo de Salmoral, pensó en la cantidad de ‘viajes’ a Madrid y Zaragoza que llevaba a la espalda y le respondió convencido: “La bolsa y la vida. Las dos cosas son perfectamente compatibles”. Y continuó su camino.

“Verse con ostomía puede ser un duelo como el de perder una pierna”

Clara Cabrera dirige una de las pocas consultas propias de Enfermería que figuran en las carteras de servicio hospitalarias. Ha tratado a cientos de pacientes que se han visto en la tesitura de rehacer su vida desde el momento en que sus sistemas digestivos entraron en obras y les señalizaron una salida alternativa. Sabe perfectamente que recibir este tipo de cirugía es una situación delicada porque “distorsiona en el cerebro la imagen que uno tiene de su propio cuerpo”.

La mayoría de los pacientes que llegan a su consulta lo hacen después de haber sufrido un cáncer de colon. “También son frecuentes los que sufren enfermedades inflamatorias intestinales, como enfermedad de Crohn, o colitis ulcerosa. Más raros son los casos de traumatismos o divertículos”, explica.

Su primera tarea, además de explicar cómo ‘funciona’ la bolsa, es la de trabajar la aceptación de un cambio físico que produce rechazo tanto en los afectados como en sus propios familiares. “El impacto inicial de las personas ostomizadas es que sienten que dejan de ser como se veían. Te distorsiona tanto como si te quitaran una mano o una pierna. Verse con una bolsa es, para muchas personas, un duelo en su imagen”, explica la enfermera.

¿La bolsa o la vida? Las dos cosas

Dotada de una humanidad excepcional —lo dicen sus pacientes—, Clara se ha convertido en mucho más que un sanitario para los más de 500 ostomizados que supervisa desde hace años.

Medio millar de historias que tienden a generar un vínculo muy fuerte -casi de dependencia- entre paciente y enfermera, hasta el punto de que “a veces hay que poner freno a esa dependencia”, indican desde el Hospital.

Los primeros meses en la vida de una persona ostomizada “siempre son difíciles”, reconoce. “Conlleva cuidados especializados desde el momento de la operación porque hay problemas con la piel alrededor del estoma, hay que aprender a manejar un dispositivo, tener control de los productos adecuados... También hay que implicar al entorno y la familia para conseguir una cierta autonomía. Por último deben disminuir la ansiedad que les produce la bolsa. Es un conjunto de cosas que hay que abordar”, explica. Por todo esto, la especialista entiende que se crea “un vínculo afectivo muy fuerte con los pacientes” porque la enfermera termina siendo “un amigo y un confesor” al que le cuentan “cosas que no se atreven a hablar con otras personas” “Les ayudamos a rehacer su vida social, laboral, vida de pareja... Les enseñamos a perder el miedo”.

La enfermera reconoce que Manuel Salinero es un caso especial entre todos los que ha conocido. “Le ostomizaron hace varios años y le han vuelto a reintervenir en los últimos días. Por su patología necesita un trato especial y es verdad que se sale un poco de lo habitual” -dice- tanto por la relación creada entre ellos como por su peculiar optimismo. “Siempre le ponemos como ejemplo de cómo enfocar la situación y también de cómo se puede hacer una vida prácticamente normal pese a tener una ostomía”.

La de ellos es una curiosa relación en la que el paciente siente devoción por la entrega de la Clara y la enfermera confiesa su admiración por la lección de vitalidad que Manuel le imparte en cada charla.

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