05 agosto 2021
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El día en que secuestraron a Luis Calvo Rengel

El entonces vicepresidente de la Diputación fue retenido en Aldeadávila el 3 de abril de 1987 al intentar explicar su oposición a la construcción del cementerio nuclear

17 jun 2021 / 11:14 H.
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El 28 de marzo de 1987, el director general de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA), Juan Manuel Kindelán, explicó a los periodistas salmantinos el Plan General de Residuos Radiactivos, el cual implicaba la construcción de una Instalación Piloto Experimental Subterránea (IPES) en Los Arribes. Se quiso vestir el proyecto haciendo ver que sería un laboratorio donde la Universidad podría investigar. Sin embargo, la gente pensó que se trataba de un cementerio de residuos nucleares.

Todo apuntaba a que Aldeadávila de la Ribera era el lugar elegido para albergar los residuos de las centrales nucleares españolas, aunque la información que se ofrecía por parte de las autoridades era muy confusa. La Coordinadora de Municipios de Salamanca y Zamora mostró su frontal oposición al proyecto. Partidos como PDP o AP también. En el PSOE había de todo. Al fin y al cabo, estaban en el poder en esos momentos.

El vicepresidente de la Diputación, el socialista Luis Calvo Rengel, se trasladó al Ayuntamiento de Aldeadávila para informar a sus habitantes del proyecto de laboratorio experimental de residuos radiactivos. Era el 2 de abril de 1987. Aunque el diputado provincial quería solidarizarse con los vecinos, un grupo de ellos lo retuvo en la Casa Consistorial durante más de 30 horas. En la mañana del día 3, Calvo Rengel salió al balcón del Ayuntamiento junto al alcalde de la localidad y presidente de la coordinadora de municipios afectados para mostrar su repulsa al proyecto. Mientras tanto, en Lumbrales cerró el comercio, en Vitigudino se montaron barricadas, en Masueco se interrumpió el tráfico y tampoco se pudo acceder a los Saltos de Aldeadávila. La Guardia Civil controló discretamente todos estos movimientos.

Fue el peor momento de su vida. Años después, declaró que nunca olvidaría aquella gélida noche del 3 de abril de 1987. Tampoco las caras de los contrarios a esta infraestructura que le agarraron por el cuello sin ni siquiera escucharle. 1.800 minutos sin probar bocado y con el único consuelo de una botella de agua de dudosa potabilidad y la convicción de quien siente legitimado para defender su causa. “Me avisaron de que no fuera Aldeadávila, de que la cosa estaba tensa, pero mi obligación era explicar algo que estaba claro y es que si la prueba del laboratorio era positiva el cementerio nuclear se instalaría en la zona”, señaló el político socialista.

El azar hizo que esa misma noche estuviera convocado un pleno en Aldeadávila: “Entré al salón a explicar que la Diputación estaba en contra y al salir del Ayuntamiento se me vino el mundo encima cuando vi que me agarraron por el cuello y me metieron para dentro. La noche fue tensa y me quedé sólo con mi chófer en una sala. Cientos de personas llenaban la plaza, me llamaban rojo y hasta el día siguiente no me dejaron salir al balcón del Consistorio a explicarme”, relata Calvo.

El diputado seguía retenido. Sobre las cuatro de la tarde se reunió un gabinete de crisis en Salamanca. Había que sacar a Calvo Rengel de allí como fuera porque los ánimos se estaban caldeando por momentos. Los vecinos querían que las autoridades firmaran un escrito de oposición al proyecto. No había diálogo posible. El Gobierno Civil acordó intervenir. Un destacamento del Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional, los temibles GEOS, compuesto por más de 30 vehículos, liberó al diputado y después se empleó a fondo en el pueblo “ante la actitud de muchos vecinos, varios de ellos armados con barras de hierro y palos”. LA GACETA del día siguiente publicó un editorial bajo el título “Así no”, en el que, aunque comprendía la postura vecinal contraria al cementerio nuclear, criticaba la retención del político.

Tras ser examinado los médicos le recomendaron unos días de vacaciones. Calvo los pasó en Extremadura y allí también se sintió presionado por defensores de la energía nuclear.

Al día siguiente, la Plaza Mayor acogía una manifestación contraria al depósito de residuos nucleares. Todas las fuerzas políticas secundaron la convocatoria, a excepción del PSOE, aunque las Juventudes Socialistas se saltaron la disciplina de partido y apoyaron las protestas. El 17 de mayo, en plena campaña electoral para las municipales y autonómicas, más de 20.000 personas salieron a la calle para protestar contra el cementerio. LA GACETA del día siguiente aseguró que había sido la mayor manifestación jamás habida en Salamanca. Una pancarta bajo el lema “No al laboratorio nuclear” y sujetada por alcaldes salmantinos y zamoranos de Los Arribes encabezó la marcha por las calles de la ciudad. El PSOE continuó mirando hacia otro lado, aunque en la manifestación pudo verse a Luis Calvo Rengel y algún que otro socialista.

Finalmente, el proyecto no salió adelante. No obstante, cada cierto tiempo, Salamanca volvía a estar en las quinielas para albergar el cementerio nuclear español. En enero de 1996, por ejemplo, doce municipios crearon una plataforma “Anticementerio nuclear” en Los Arribes ante nuevos rumores y las Cortes Regional suscribieron un acuerdo institucional por el que se rechazaba cualquier instalación nuclear en el parque natural.

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