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La descarga de uno de los contenedores que envía el Ropero de Puente Ladrillo en Capiatá, Paraguay.
El barrio salmantino que rompe fronteras con su solidaridad

El barrio salmantino que rompe fronteras con su solidaridad

Desde 2010, el Ropero de Puente Ladrillo destina contenedores llenos de prendas de vestir, libros y materiales de costura a Capiatá, en Paraguay. Ahora solicita ropa y máquinas de coser para cargar y enviar este próximo mes

Sábado, 18 de marzo 2023, 14:18

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“Cuando falta justicia social o hay demasiadas necesidades, como hambre, trabajo o vivienda, las personas debemos pelear y luchar para que estos tengan sus propios derechos”. Así define la palabra “solidaridad” Chuchi Razquin, organizador del Ropero de Puente Ladrillo, un espacio que abrió sus puertas en 2005 para ayudar a cientos de migrantes que llegaban a Salamanca. Desde ese año recoge en la calle Jesús Arambarri, 81, prendas de vestir, ropa de cama, juguetes, libros, materiales de costura, utensilios de cocina..., para ayudar a los más vulnerables.

El contenedor nº 13, en proceso

Desde el año 2010, envía contenedores cargados de cajas a Capiatá, en Paraguay. Actualmente, el equipo del Ropero está preparando el container número 13. “Este mes vamos a enviar un nuevo cargamento, necesitamos que los salmantinos traigan ropa y material de costura para llenarlo. Además, nos encantaría mandar máquinas de coser eléctricas”, reclama Chuchi Razquin.

Gracias a los envíos del Ropero se generó una dinámica de desarrollo comunitario en Capiatá. Han nacido 11 costureros de mujeres capiateñas que tienen la posibilidad de aprender a coser y a ganarse la vida. Más de 100 personas trabajaban en los costureros, mientras cuidan a sus hijos y hacen posible aumentar los ingresos de sus casas. “El Ropero ha regalado a Capiatá esperanza y felicidad ya que recibir prendas de ropa, a pesar de que a veces no sean nuevas, para nosotros son de mucha utilidad”, expresa Sara Roa, profesora de costura en Capiatá.

Posteriormente, se inauguró el Costurero Central. En ese momento, se llevaron a cabo varios cursos de formación profesional en corte y confección y en “alta costura” en colaboración con el Ministerio de Educación. “Con el tiempo añadieron máquinas de coser industriales para realizar trabajos de costura por encargo”, añade Chuchi Razquin.

Por otro lado, la ropa que llega de los envíos se reparte a los barrios más pobres y después se vende “a un precio simbólico a las familias con mayores necesidades. También viajan libros y material escolar que han permitido la apertura de un colegio, una biblioteca y la distribución de libros a otras escuelas abandonadas.

El año pasado, el colegio de Capiatá decidió impartir clases de costura a los alumnos. “¿Quién sabe si será la forma de ganarse la vida de más de uno? Por eso queremos enviar las máquinas”, explica Chuchi.

Siempre les explico a los alumnos que gracias a Salamanca tenemos materiales de costura. En el colegio impartimos cinco modalidades: radio, gastronomía, panadería, pintura y costura. Algún joven empieza a emprender vendiendo bolsos, cartucheras, cojines...”, cuenta la profesora Sara Roa.

A los talleres de costura, el colegio y la biblioteca, se une la apertura de comedores sociales. “Gracias a la venta de ropa que manufacturamos en los talleres solventamos los gastos de los comedores. Dentro de la parroquia de Capiatá tenemos 47 comedores que dan alimento a más de 4.000 personas cada semana”, dice.

La situación en Capiatá

Para Sara Roa la situación actual de Capitá no es “nada agradable” porque la sequía azota a Paraguay. “En el campo casi todas las frutas resultas podridas y el maíz no sale con calidad. El mango o el aguacate, ambas frutas de estación, se han podrido ya en la planta. Gracias a Dios la banana está saliendo un poquito mejor”, lamenta. Por otro lado, la capiateña destaca otra causa que amenaza al país: el dengue y la chikungunya, dos enfermedades virales transmitidas a los humanos a través de la picadura de mosquitos. “Las llamamos rompehuesos porque causan mucho dolor y dejan a personas sin caminar, además crean diarreas y fiebres muy altas”, concluye Sara Roa.

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