15 diciembre 2019
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¿Dónde acaba el metal que desechamos en Salamanca?

Las chatarrerías de toda la vida dejan paso en Salamanca a los centros autorizados de tratamiento de residuos donde se reutilizan o se eliminan siguiendo una estricta normativa medioambiental. El respeto al entorno y evitar la contaminación son dos de los principales objetivos

22 nov 2019 / 09:16 H.

Los vecinos de Garrido Norte oyen a menudo su llamada cuando recorre las calles por las mañanas tirando de sus bártulos. “Cha-ta-rre-rooo! ¡Cha-ta-rree-rooo!”, resuena su voz entre las viviendas por las calles de escaso tráfico al norte de la plaza de Barcelona. Él y otros que aún recogen material de desecho de los pueblos de Salamanca con sus carritos son los últimos vestigios de un oficio que hoy nada tiene que ver con las antiguas prácticas. La recuperación de residuos metálicos es hoy un sector pujante y altamente tecnificado, que en España y según la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje, da trabajo a 33.000 personas repartidas en cerca de 5.000 empresas. Entre todas, manejan un volumen de negocio que ronda los 10.000 millones de euros, casi el 1% del PIB nacional.

En Salamanca y provincia son una veintena los Centros Autorizados de Tratamiento de Vehículos, empresas homologadas para clasificar, descomponer y encaminar los materiales para su reutilización o su eliminación. Su recinto de almacenamiento les hace distinguirse fácilmente en el paisaje. Los coches amontonados unos encima de otros o, en ocasiones, autobuses oxidados, vagones de tren y hasta algún avión marcan su peculiar estética.

Su trabajo está sujeto a una normativa muy estricta tras la aprobación en el año 2017 de un Real Decreto que vino a resolver los problemas que habían surgido desde la entrada en vigor de la anterior normativa en 2002.

La recuperación de residuos da trabajo a 33.000 personas repartidas en cerca de 5.000 empresas

El respeto al medio ambiente impidiendo que todos estos residuos acaben tirados en cualquier sitio, sin ningún tipo de tratamiento y con el consiguiente peligro de contaminación ha sido una de las pautas que han favorecido la evolución del sector.

“Los antiguos chatarreros somos ahora gestores de residuos que realizamos una valoración óptima de los mismos y teniendo también un aprovechamiento económico”, comenta Víctor García Moreno, tercera generación de una familia peñarandina dedicada al oficio desde el año 1939.

El desguace de vehículos sigue siendo, en pleno siglo XXI, una de las principales actividades en este sector pero no la única ya que, paralelamente, han ido cobrando protagonismo la recuperación y posterior tratamiento de otros residuos que pueden proceder desde un derribo hasta el desmantelamiento de una nave, por poner sólo dos ejemplos.

La llegada de cualquier vehículo al Centro Autorizado de Tratamiento, ya sean turismos, camiones, furgonetas e incluso tractores, va acompañada de la comprobación de su documentación para tramitar su baja en Tráfico y dar paso al proceso de descontaminación.

La Dirección General de Tráfico registro el pasado año un total de 5,775 bajas de vehículos con residencia en la provincia de Salamanca. De ellos, 4.582 eran turismos, 502 furgonetas, 391 camiones y 242 motocicletas.

El precio de las piezas que se pueden reutilizar se fija entre un 10% y un 25% del que tenían nuevas

“Cuando ya tenemos hecho todo el papeleo, los trabajadores se encargan primeramente de retirar los líquidos del vehículo tales como combustibles y aceites, entre otros, así como el resto de componentes del mismo que puedan suponer un riesgo para la salud, como por ejemplo la batería y todo ello tiene, también, su proceso de gestión medioambiental”, explica Víctor García.

¿Dónde acaba el metal que desechamos en Salamanca?

Las piezas que aún pueden ser utilizadas, como recambios de segunda mano, son recuperadas y comprobadas para asegurar su óptimo funcionamiento. Su clasificación y almacenamiento para una posterior venta cierra esta parte del proceso. “El cálculo del valor de esas piezas usadas suele hacerse basándose en diversos criterios como, por ejemplo, la demanda que tengan o su precio de nuevas y en base a eso se calcula. Pero se venden, por lo general, a un precio que está entre el 10 y el 25 por ciento de lo que costarían si fuesen nuevas”, añade.

Ya retiradas las piezas que pueden ser de utilidad, el resto del vehículo es achatarrado y convertido en un cubo con la ayuda de una prensa de grandes dimensiones. “El vehículo sale de la prensa hecho ya un paquete para quitarle volumen y se lleva a unas fragmentadoras que los muelen y por otros métodos más complejos separa los materiales más pequeños”, explica García.

La silueta de los coches apilados sigue llamando la atención en numerosos polígonos industriales

Gran parte del trabajo del desguace se sigue haciendo a mano por los operarios aunque los avances en la maquinaria también han sido notables en las últimas décadas. Nada se deja al azar y cada espacio está preparado para recibir un determinado residuo y proceder a su tratamiento y gestión con todas las garantías que exige la ley.

La silueta de cientos de coches apilados en vertical en los desguaces sigue llamando la atención en numerosos polígonos industriales de la provincia a la espera de su último destino. Algunos miran incluso con cierta nostalgia al que fue su primer coche, al que cambió con sus primeros ahorros o en el que viajaron al destino de sus vacaciones en familia. Ni siquiera su relevo por otro coche de avanzadas prestaciones consigue que algunos propietarios sobrelleven el momento de decir adiós al antiguo, unido a sus vidas por numerosos recuerdos. En otras ocasiones, el peculiar y evocador paisaje de un desguace de automóviles puede llegar a convertirse en escenario artístico, como cuando Miguel Ríos escogió un almacén de Salamanca para rodar un videoclip en 2008.

“Mi padre tuvo un Seat 850 que estuvo durante meses en el desguace y lo veía cada día al salir del pueblo y siempre le daba pena. De hecho conserva aún la bola de la palanca de cambios que llevaba aquel coche con una figurita de San Cristóbal dentro para que le protegiera en la carretera”, cuenta una joven.

¿Dónde acaba el metal que desechamos en Salamanca?

Los desguaces son, también, uno de los lugares favoritos para los coleccionistas o los que tienen como afición restaurar antiguos coches o tractores y buscan en ellos las piezas para poder llevar a cabo su labor.

En una sociedad con una creciente cultura ecológica, los profesionales del reciclaje defienden la utilidad de su labor describiendo las plantas de tratamiento como “la minería del siglo XXI”. Y manejan unos cuantos datos curiosos: España maneja diariamente un volumen de chatarras férricas equivalente a 133 Estatuas de la Libertad. Otro: reciclamos al año cerca de 350.000 camiones de material férrico, que si se pusieran en fila , la caravana llegaría de Madrid hasta Nigeria. Y otro más: el reciclaje de un vehículo fuera de uso evita la emisión de un 4.000 kg. de CO2 a la atmósfera.

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