18 enero 2022
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El remanso de Fray Luis de León junto al Tormes

El fraile agustino y catedrático de la Universidad de Salamanca aprovechaba sus retiros en la casa de descanso de los agustinos en Cabrerizos para orar y escribir; de ahí salieron algunas de sus más célebres poesías

14 ene 2022 / 10:01 H.
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Hablar del siglo XVI en Salamanca supone centrar la mirada en una institución como la Universidad, que por esa época ejercía de epicentro del saber y del conocimiento en España y, por extensión, en un referente indiscutible en Europa. Pero también en las órdenes religiosas, que en este siglo marcaban el devenir, ya fuera para bien o para mal, de una sociedad que dejaba atrás el oscuro medievo para abrazar el renacimiento e instalarse en la llamada edad moderna —que arranca con los Reyes Católicos y el descubrimiento de América—.

Es una etapa de gran producción artística y literaria, con personajes como Cervantes, Lope de Vega y, aunque un poco más tardíos, también Quevedo y Góngora. Pero no fueron los únicos. Vinculados con el mundo religioso, este siglo fue testigo del florecimiento de la narrativa y poesía espiritual y mística de la mano de dos figuras legendarias como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, sin olvidar tampoco a otro grande, Fray Luis de León (1527-1591), considerado como el máximo exponente de la literatura ascética del Renacimiento y muy estrechamente vinculado con Salamanca y su provincia.

Aunque natural de Belmonte (Cuenca), Fray Luis de León recaló en Salamanca, tras su paso por Alcalá de Henares, para culminar sus estudios y emprender una sólida y brillante, aunque no exenta de dificultades, carrera docente en la Universidad de Salamanca, donde ejerció como catedrático de Filosofía Moral y también de Sagradas Escrituras, que abandonó más tarde para dedicarse a su orden, los Agustinos. Aquí protagonizó uno de los episodios más comentados en el seno de la Universidad: tras permanecer casi cuatro años encarcelado por la Inquisición por su “Comentario al Cantar de los Cantares” traducido al castellano del texto bíblico, entonces prohibido, regresó a su cátedra y el primer día de clase dijo la emblemática frase —al menos es lo que cuenta la leyenda— de “decíamos ayer...”.

Pero además de la capital, Fray Luis de León también tuvo una vinculación muy estrecha con la provincia. Especialmente con la vecina localidad de Cabrerizos, donde pasaba largas temporadas de descanso. En concreto, dichas estancias tenían lugar en el paraje conocido como La Flecha, una granja del siglo XVI perteneciente a la Orden de los Agustinos, ubicada a orillas del Tormes y a poco más de 7 kilómetros de Salamanca. Aquí descansaba Fray Luis de su intensa actividad docente, tiempo que aprovechaba no solo para orar sino también para escribir algunas de sus más celebres poesías, entre ellas su conocida “Oda a la vida retirada”, en la que habla de este paraje: “Del monte en la ladera, / por mi mano plantado tengo un huerto, / que con la primavera, / de bella flor cubierto, / ya muestra en esperanza el fruto cierto”.

La granja de La Flecha fue también frecuentada por otros escritores como Miguel de Unamuno y Jacinto Benavente

La granja, que actualmente se encuentra abandonada y en un estado de ruina, poseía en sus orígenes una casa de descanso para los frailes, viñas, huertas, aceña, oratorio, establos, corrales, palomar y vivienda para los trabajadores... En definitiva, una posesión muy apreciada por los agustinos ya que de ella extraían los productos para abastecer su despensa (pescado y verdura en abundancia) y porque les servía, al tiempo, de lugar de recreo y retiro estival. Hoy en día, su estado de abandono ha llevado a la desaparición de buena parte de las edificaciones originales; tan solo se conservan los establos y corrales, el palomar, el oratorio —en el que aparece una placa instalada a principios del siglo XX en la que se recuerda que allí estuvo Fray Luis de León— y la aceña.

Y es que lo que hoy en día es una auténtica ruina, en otro tiempo fue lugar de descanso y de trabajo de ilustres escritores, que buscaban en este remanso de paz un lugar en el que desarrollar su actividad literaria. Es el caso de Miguel de Unamuno, que con frecuencia visitó La Flecha, tal y como dejó por escrito en más de una ocasión: “De la flecha gozándose en la orilla / un punto te detienes en la presa / que el soto de Fray Luis cantando besa / y con tu canto animas al que trilla”. Y en otra ocasión, en 1902, escribe: “A cosa de una legua de la ciudad de Salamanca, junto al viejo camino real de Madrid, y a orillas del claro Tormes, se encuentra el deleitoso paraje de La Flecha, cuyo sosiego cantó el maestro Fray Luis de León”. También el Nobel de Literatura Jacinto Benavente gozó de la serenidad de este enclave.

Fray Luis de León fallece en 1591 en la localidad abulense de Madrigal de las Altas Torres. Su cuerpo es enterrado en el convento de San Agustín de Salamanca, hasta que fue destruido por los franceses en la Guerra de la Independencia. Los restos son exhumados, rescatados de las ruinas y depositados en una urna en la capilla de la Universidad, del Edificio Histórico, donde reposan actualmente.

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