20 septiembre 2020
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Yo también con Gistau

12 feb 2020 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

¿ Alguna vez leyendo una columna has pensado “¡ojalá la hubiera escrito yo!”? Se lo preguntaron a David Gistau y el confesó: “Me pasa constantemente”. A mí con las suyas me sucedía. Con su corpulencia física y sus arrolladoras palabras, que brotaban cuajadas de ideas, irrumpió en el columnismo. Atesoraba una prosa portentosa, trufada de lo mejor del pionero González Ruano hasta el legendario Umbral, que lo sedujo. Pero alcanzó su propio estilo, huyendo del “Madrid-género periodístico”, del Gijón y de Lardhy, de Gómez de la Serna, los topicazos de la noche y el alcohol. ¡Estoy casado y soy padre de cuatro criaturas!, advertía. Le seguí desde sus comienzos, le admiré, le elogié, le conocí, y hoy le lloro. Compartíamos “la devoción por la escritura”, según me puso en la dedicatoria de uno de sus libros. También aplaudí aquella opinión política en que David sostuvo certeramente que “la Transición fue una época de integración, la actual lo es de desintegración, de revancha y dispersión”.

Si hubiera sabido el peligro que corría, le hubiera dicho ¡no boxees! Pero me hubiera contestado que no boxeaba, guanteaba, cubriendo su cabeza leonina con un casco de gimnasio, esquivando golpecitos o simulando propinar al rival y amigo directos, ganchos o upper cuts. Pero cayó sobre la lona, como fulminado por un certero jab en la mandíbula, en un atroz KO técnico. Hoy excelentes obituarios llenan la prensa nacional. Falleció el día que el Gobierno rescató la ley de la eutanasia, tentadora en comas “irreversibles”.

Veo las fotos de su visita a Salamanca en la primavera del 2017, con su amigo José Luis Garci. Feliz delante del elefante cabeza abajo de Barceló. Aperitivo con la resina de Torrente Ballester, donde les embromé advirtiéndoles de que había invitado a un novillero. Cuando apareció la noble y nevada testa de Santiago Martín, se quedaron fascinados. David le dedicó al “novillero” su brillante columna de ABC del día siguiente. A la noche, mientras Pedro Méndez se mostraba -como siempre-, moderado, Garci y yo nos atizábamos dos “Dry Martini” y mi sobrino Toni y Gistau sendos “Negroni”. Quedaron en volver esta primavera. No parece justo que algunos junta-palabras permanezcamos, y una estrella como David se extinga -aunque “solo” físicamente-, con 49 años.