04 marzo 2021
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Un delincuente bien arropado

    UN tipo impresentable que se hace llamar Pablo Hasél (su nombre real es Pablo Rivadulla Duró) fue sentenciado por el juzgado de lo Penal número 3 de Lérida a la condena de un año y nueve meses de cárcel por obstrucción a la justicia y a otros nueve meses por amenaza y también por un delito leve de maltrato a una multa de ocho euros diarios durante nueve meses.

    La sentencia fue recurrida alegando “vulneración del derecho a la presunción de inocencia”, al sostener que “la declaración del denunciante carece de las condiciones (...) para erigirse como prueba de cargo”. Sin embargo, la Audiencia de Lleida sí otorgó credibilidad al denunciante. Después de que la Audiencia desestimara el recurso, el denunciante estaba sentado en una cafetería y Rivadulla se le acercó con actitud amenazante y le propinó una patada, le dijo que era un hijo de puta y le amenazó con un “ya te cogeré”.

    Más tarde, la Audiencia de Lleida confirmó otra condena de dos años y medio de cárcel para Pablo Hasél por amenazar a un testigo de un juicio contra unos guardias urbanos del municipio. Esta pena, contra la que aún cabe interponer recurso en el Tribunal Supremo, se suma a los nueve meses y un día que el músico está cumpliendo por enaltecimiento del terrorismo, al verter loas a ETA y los Grapo en varios tuits y una de sus canciones. Este pájaro pidió en sus tuits que le clavaran un piolet en la cabeza a José Bono, que mataran a varios políticos del centro derecha y también a Patxi López.

    He aquí algunos ejemplos de sus líricos raps: “Los Grapo era defensa propia ante el imperialismo y su crimen”. “A los dueños de los periódicos El Mundo y ABC habría que asfixiarles”. “No me da pena tu tiro en la nuca pepera”.

    Pero lo más llamativo del caso no es que este violento tarado esté donde debe estar, es decir, en la cárcel, sino que un partido que forma parte del Gobierno (Podemos) esté apoyando a este delincuente en nombre de la libertad de expresión, como si las amenazas violentas se pudieran perdonar en nombre de esa libertad. Conviene recordar que en democracia no existen derechos absolutos, todos tienen sus límites.

    Pero la cosa no acaba ahí, pues grupos de “defensores del rapero” han destrozado varias zonas céntricas de Barcelona, Tarragona, Valencia y Madrid... y, para colmo, el alcalde de Valencia –de Compromís- protestó contra la “violencia de la policía”.

    Ante semejantes disparates sólo cabe una sola conclusión: hay que sacar al populismo de las instituciones para que no acabe con la convivencia en España.

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