31 marzo 2020
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Rufianesca

19 feb 2020 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

Sánchez pretende que sea delito la exaltación del franquismo. Y andan los juristas de renombre reflexionando y discrepando sobre la cuestión. Las libertades no son irrestrictas, tienen sus límites, la de expresión también. ¿Las ha traspasado (cagándose en quien otros creemos) ese tal Willy Toledo, actor mediocre y chulo vulgar? Los nostálgicos de la dictadura, ¿vulneran esa libertad defendiendo a Franco? Bueno, pues se acabaron las discusiones de los penalistas. Ha llegado Adriana Lastra desde Asturias -donde sus antepasados del PSOE organizaron la sangrienta Revolución de 1934-, y ha dicho que, “al fin”, será delito.

Lastra no tiene oficio, es profesional de la política. Si su compañera Irene Montero es ministra de Igualdad, y lo más lucido de su currículo es que fue cajera de una tienda de electrodomésticos; si el fundador de su partido era tipógrafo, dispuesto a atentar contra Maura para que no ganara; si su jefe es doctor por haber plagiado, ¿por qué ella no puede ser vicesecretaria general y portavoz del PSOE? Reconoce que no terminó Antropología, pero es que los fascistas son muy exigentes, padecen titulitis. ¡Qué mas da! El eterno parlamentario “por” -no “de”-, Salamanca, Gonzalo Robles, borró del currículo los estudios de ATS, y puso antropólogo, siendo un misterio dónde asistió a clase, si se examinó...

Cuando se tipifique, ¿empapelarán a quienes ensalzaron al vencedor de la guerra incivil? Serían imputados -por ejemplo-, el que fue director de informativos de la RTVE franquista, dando jabón diario al “invicto Caudillo”, un tal Juan Luis Cebrián, el baranda de El País, hoy demócrata progre; o el que fue jefe de prensa de la Guardia de ¡Franco, Franco, Franco!, hogaño en la progresía, Fernando Ónega. No se podrá, por la irretroactividad de las normas penales. Así que apresúrese usted, si se lo pide el cuerpo, a exaltar los pantanos antes de que le denuncien y procesen.

Me pregunto si no sería mejor que los socialistas, ventajistas, dejaran de exprimir cómo rufianes políticos, de una puñetera vez, el apolillado franquismo, la momia, la nostalgia residual. Que dejen de ejercer -como tengo escrito-, de “chulos de Franco”. Porque no sé qué es peor, si defender el franquismo o glorificar la Segunda República, que hace falta tenerlos cuadrados. Mejor todos calladitos.