20 febrero 2020
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“Polvo serán, mas polvo enamorado”

15 feb 2020 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

En los pasados días comerciales incitando al regalo, exhibiendo un San Valentín de presunta existencia, cercado por cursiladas y romances efímeros, sucumbo a una afición que apenas encubre mi prosaico temperamento. Toca viajar al Parnaso, más placentero que mojar la pluma en sulfúrico. Y como habrán barruntado, el título de esta sabatina se corresponde con el último verso del soneto más hermoso que frecuenta mi memoria desde que soy hombre: “El amor constante mas allá de la muerte”, de Quevedo. Su último terceto, que se refiere al alma, las venas y las medulas (no “médulas”, me advertía el sabio Fernando Jiménez), dice: “...su cuerpo dejará, no su cuidado, / serán ceniza, más tendrán sentido, / polvo serán, mas polvo enamorado”. Es sencillamente sublime. Pepe Bonilla escribió aquí con el lema “Serán ceniza”. Lo serán, como sus columnas y las mías, como nuestros despojos, sentires, sueños y amoríos, por mucho que el gran poeta mantuviera que sobrevivirán a lo que él llamó “la postrera”.

No he olvidado la primera visita a la Catedral Vieja de Salamanca, de la mano del catedrático y poeta Rafael Laínez Alcalá. Gustaba de pararse ante un nicho del lado del Evangelio, de la Princesa Mafalda de Castilla, hija del Rey Alfonso VIII, cuya lápida dice que “finó por casar”. Murió en 1204, a los trece años, estando prometida al infante Fernando, hijo de Alfonso IX de León (Manolo García Ibáñez, guía aficionado de lujo, hacía un despliegue espectacular de la noble estirpe de la princesa). Laínez, discípulo de Machado, recitó un poemita: “Se ha dormido la princesa/ para nunca despertar/ y la han venido a enterrar/ la Sonrisa y la Sorpresa...”. Se lo había dedicado “A la niña Nieves Maluquer”, que tendía entonces – años cincuenta -, los mismos trece años de Mafalda. Era muy bonita, entretejía su pelo azabache en una larga trenza - de la que tiré cordialmente muchas veces -, y todos la llamábamos Neus, porque sus padres eran catalanes (don Juan, catedrático de Arqueología). Por entonces les aseguro que ya existía el amor, pero sin el almíbar del presunto San Valentín. La película españolaza fue posterior, y el hortera hispano-argentino que la protagonizó – ¿una mano negra? -, murió de un atropello. Neus casó en Barcelona, pero finó muy joven.

A Andrés Amorós le creo incapaz de aprovechar el tirón comercial del 14f, pero acaba de editarse “Palabras de amor”. Si, igual que las “Paraules de amor”, de Serrat, que termina - en catalán -, con el candoroso “sueños de poetas, no sabíamos mas, teníamos quince años”. Amorós ha aparvado una delicada “Antología de la poesía universal”. Incluye, claro, el soneto de Quevedo, que Dámaso Alonso calificó magistralmente de “desgarrón afectivo”; el “Desmayarse, atreverse, estar furioso/ áspero, tierno, liberal, esquivo...” de Lope; o los versos que inspiraron a nuestro Juan del Enzina, del romance de “El enamorado y la muerte”, que la halló porque se rompió la larga trenza que la “señora tan blanca” le echó bajo su ventana para que escalara.

Otra joya de igual título es “Palabras de amor de los poetas”, discurso con el que Luis María Ansón ingresó en 1998 en la Academia de la Lengua. Quien tenía que contestarlo, el viejo amigo (él me obsequia con un “más que amigo”), Víctor García de la Concha, junto al que ese día viajaba en “Auto Res”, rasgó el sobre, puso los folios remitidos por el periodista entre nuestros asientos, y compartí el privilegio de su lectura iniciática, turbado por tantos y tan bellos versos. Víctor remachó: “Además ¡los recita de memoria!”. En ese discurso descubrí, entre otros poetas para mi desconocidos, al extremeño de Aldeanueva del Camino José Luis García Martín, que se lamenta, como lo hacen tantos despechados, cuando su amada va de la pasión a la compasión: “Sé que fuiste feliz entre mis brazos, / no me manches ahora de piedad”.

Este 2020 se cumplen los 150 años del nacimiento de Gabriel y Galán. Gracias a la generosa aceptación de José Antonio Sayagués y su experta dramaturgia, Nuria Galache, Isabel Bernardo, José Ramón Cid, Rosa Lorenzo y Daniel Hernández, el Casino le homenajeará la tarde del día 22. Pero por concluir enlazando con la princesa Mafalda de Castilla, trece años hubiera cumplido también en la Pascua la cabrerilla de “Casablanca”, que llevaba las viandas a los cabreros, en el poema “Elegía”. Pero, ¡ay!, la devoraron unas lobas paridas, errabundas, y el zagal enamorado, que cumpliría también los trece, en la misma Pascua, pule, pule, taja, taja, solitario y ciego de lágrimas, dos veneras de cuerno de cabra, “porque una noche/ quiere llevarlas/ al camposanto/ de Casablanca”. Charrería, sencillez, amor, ternura.