14 junio 2021
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La lengua como maldición

07 feb 2021 / 03:00 H.

    Hace unos días, Francesc de Carreras escribía la siguiente historia de flamencos y valones: el hijo de un amigo de Carreras tenía una novia belga, y aprovechando un viaje a Bruselas su padre y su madre pensaron que era la ocasión para conocer a los padres de la novia, que eran nacionalistas flamencos y hablaban correctamente el francés, que los españoles también hablaban.

    En un restaurante los padres de la novia dijeron que lo sentían mucho, pero ellos no querían hablar francés y propusieron que la conversación se desarrollara en inglés. Así se hizo, con los novios como traductores, y en una conversación insípida, aburrida, el conocimiento mutuo, que era el objetivo de la cena, resultó fracasado.

    Carreras recordaba a este propósito (Carreras es catedrático de la Universidad de Barcelona) un reciente debate electoral en Televisión Española donde se les había pedido a los líderes de los partidos catalanes que utilizaran el castellano, ya que la difusión era para toda España, pero los nacionalistas no quisieron y exigieron que se les dejara hablar solo en catalán. Así lo hicieron y sólo utilizaron el castellano los jefes de fila de Cs, PSC, PP y Vox. El catalán se traducía simultáneamente al castellano, superponiendo la voz del político con la del traductor, lo cual hacía difícil entender lo que decían. ¿Importaba? No, les daba igual porque para ellos el resto de España es inexistente.

    Y es que los políticos nacionalistas, incluidos los socios locales de Podemos, se empeñan en hablar catalán cuando se dirigen a españoles que no lo manejan, aunque sea a costa de imponer la traducción simultánea, dando una imagen de la sociedad catalana que no se corresponde con la realidad, tal como sabemos todos los que viajamos a Cataluña, pues Cataluña no es territorio dividido por la lengua. En la calle y en el mismo seno de las familias se utilizan ambas lenguas indistintamente sin ningún tipo de conflictos. ¿Por qué? Porque todos se entienden y si así no fuera, si hubiera dificultades de comprensión, en la inmensa mayoría de los casos, incluso en los pueblos de la llamada Cataluña profunda, cambian a la lengua española sin complejos ni prejuicios.

    ¿Y a qué viene esa estúpida reivindicación supremacista? Pues a esa operación que pretende expulsar de Cataluña, de Valencia y de las Baleares el idioma común con el cual nos entendemos todos.

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