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CHURRAS Y MERINAS

Semana Santa primaveral

Se diría que las viejas costumbres se sacrifican en aras de contenidos cada vez más turísticos y profanos

Domingo, 24 de marzo 2024, 05:30

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Este año la Semana Santa es madrugadora y casi coincide con la llegada de la primavera. Si el tiempo acompaña –y aunque no acompañe- volveremos a contemplar inacabables regueros de vehículos por las carreteras. Gentes ansiosas de cambiar de escenario durante unos días, familias enteras dispuestas a disfrutar de un asueto lejos de los espacios habituales. Rosarios de caravanas que discurren al mismo tiempo que los desfiles procesionales –austeros, penitenciales, solemnes, gozosos o multicolores, según el arraigo de las distintas tradiciones— pero que en todo caso mueven las economías al compás de los fervores religiosos. Se diría que las viejas costumbres se sacrifican en aras de contenidos cada vez más turísticos y profanos. No es preciso repasar las geografías de mayor atractivo para visitantes y residentes. Tampoco las zonas de esparcimiento playero alejadas de saetas y tambores, ajenas a cofrades, hermandades, pasos y penitentes. Nuestra región se caracteriza por ofrecer procesiones vistosas, imaginería atractiva y de gran valor artístico. Pero también gastronomía, paisajes, monumentos y escenarios urbanos donde la Pasión traspasa, se vive y se siente. Como la poesía.

Cada 21 de marzo, con motivo del equinoccio, se conmemora el Día Mundial de la Poesía. Es, un año más, la primavera de los poetas, esos que constituyen el puente de unión entre el universo poético y el desnortado mundo contemporáneo. Es el tiempo en el que los ciclos de la naturaleza parecen alargarse perezosos, como saliendo del sopor, de la melancolía y la modorra del invierno, en pos de las renovadoras experiencias que promete el sosegado equilibrio de la recién brotada estación primaveral. Fragancias y colores explotan en mil formas, melodías y arrullos arroban los sentidos. Se enciende el horizonte y bailan las nubes sobre el verdor de los campos que agradecen las bendiciones de la lluvia nutricia.

Sentimos la poesía como si de un acto de paz se tratara. Y buena falta nos hace ese aldabonazo en los corazones de buena voluntad, esa llamada que apela a los códigos de una vida íntima, tal vez anodina, tal vez trágica, tal vez apasionada. La poesía nos muestra la parte más esperanzada de la realidad, pero también, en tristes ocasiones, la más emponzoñada de los sentimientos humanos. Nos alumbra en la vigilia de la noche, nos orienta entre los resplandores del día, nos engrandece ante el amor y nos enternece en los desamores. Acaso porque volvemos a disfrutar de muchas horas de luz tras las penumbras invernales. Parece como si todo estuviera sujeto a la llamada de un nuevo ciclo ansiado durante meses. Porque la primavera es, en palabras de Neruda en su oda, «un beso de niebla con jazmines». Aún más si, como sucede este año, poesía y Semana Santa coinciden en el calendario.

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