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Ahí va un dato: Yolanda acaba de poner de acuerdo en tiempo récord a quince partidos de izquierda para concurrir juntos a las próximas elecciones. A saber: Izquierda Unida, Podemos, Más Madrid, Más País, Catalunya en Comú, Compromís, Xunta Aragonesiste, Més per Mallorca, Més per Menorca, Verdes Equo, Alianza Verde, Batzarre, Proyecto Drago, Izquierda Asturiana, e Iniciativa del Pueblo Andaluz. «Se trata -asegura el acuerdo de Sumar, nombre bajo el que nos presenta su propuesta electoral- del acuerdo más amplio y plural alcanzado en toda la etapa democrática en España entre fuerzas progresistas».

No me negarán que no se trata de un auténtico milagro conseguir que estas quince formaciones cada una de su padre y de su madre, rebeldes y un poco contestatarias en el mejor sentido de la palabra, cada cual con sus propias batallas e intereses, de pronto se apunten a la movida de una alianza que por primera vez concurre a las elecciones y que desbaratando toda la desmoralización y el ánimo abstencionista que sume a la izquierda ante la entusiasta oleada de conservacionismo, la incentive hasta proclamar que van a barrer con todo, asegurando que salen a ganar y a instaurar una sociedad más igualitaria, social, verde y feminista.

No satisfecha con ello, se las ha ingeniado para desactivar sin perder la sonrisa, a su compañera de gabinete Irene Montero, un lastre para buena parte de la ciudadanía incapaz de dar una a derechas (ni a izquierdas), como nos ha ido demostrando a lo largo de la última legislatura con asuntos como la Ley del 'solo sí es sí'.

Ojo, que esta vehemente y apasionada dama rubia abogada laboralista y todavía Ministra de Trabajo y Economía Social con nombre de canción eterna de Pablo Milanés viene nada menos que de haber conseguido, entre otros, hitos tan extraordinarios como poner de acuerdo a sindicatos y patronal para entregar una reforma laboral que ha conseguido arrojar los mejores datos de empleo que nadie pudiese imaginar en un momento tan duro como el actual de postpandemia y guerra de Ucrania, confundiendo y aturdiendo mediante un truco de prestidigitación y telequinesis a un diputado del Partido Popular para que votara a favor de su ley rompiendo la disciplina de partido.

Intuyo, por tanto, que no sería muy inteligente menospreciar la capacidad de esta mujer para dejar a más de uno con esa risa tonta que se le queda a los que vendieron la piel del oso antes de cazarlo.

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