13 junio 2021
  • Hola

¿Es España Rociíto?

10 jun 2021 / 03:00 H.

    Rocío es un nombre precioso, fresco, que lleva tu imaginación directamente a mujeres hermosas y simpáticas; es un nombre además que transmite confianza, de buenas personas, ¿verdad? Suena redondo. En mi agenda telefónica, que es como decir en mi vida, tengo cuatro Rocíos: Rocío Martín, Rocío Barriga, Rocío Martín-Cubas y Rocío Montero. Y me molesta sobremanera que un nombre tan vibrante y brillante esté prostituido por la hija de la grandísima Rocío Jurado, la tal Rociíto, de profesión buscavidas... a costa de los millones de incautos que, cada día, en sesiones de mañana, tarde y noche, se arrastran delante de sus televisores buscando un poco de afinidad con sus miserias y frustraciones. De otra manera no se explican estos fenómenos de auténtica casquería nacional programada por terroristas catódicos que van por la vida y por los restaurantes de lujo de ejecutivos de la televisión. Asesinos de las clases intelectuales más desfavorecidas (y ya no tan desfavorecidas) a las que funden sus mentes con toneladas de telebasura y “reinas-del-pueblo”. Hasta algo tan serio, en teoría, como el Gobierno de la nación, participa de estos asaltos a la inteligencia con Pedro Sánchez de gogó de Jorge Javier “Esperpento” Vázquez. Maggie Thatcher, sálvanos, please. Miedo me da pensar que la España cutre y verdulera sea genética. Celtiberia show en estado puro. Ya lo dijo Alaska el otro día en un periódico madrileño: “Lo que pasa hoy en España ya estaba en la trilogía de Berlanga”. Terrible: ¿en qué hemos avanzado?

    No puedo con un país, ¡Santo Dios, mi país!, que lleva dos meses rebozándose como hipopótamos en el lodazal infecto de la serie protagonizada por esa individua que le cuenta a España, previo suculento e impúdico cobro, miserias y bajezas sobre su vida y su familia que a nadie deberían importarle lo más mínimo. Bendito aquel “Hola” de casas de ensueño, bodas reales, y la belleza eterna de Raquel Welch... Nunca debimos perder la inocencia.

    Dos meses con Rociíto a cuestas y su cara de ansiolíticos armados. No doy crédito, esto es de locos, es más, ¿somos una sociedad estructurada, fuimos educados todos en una pocilga? Y la gran pregunta: ¿es España Rociíto? Prefiero no pensar en la respuesta mientras huyo, muy lejos, después de pegarle dos tiros al televisor.

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