02 diciembre 2020
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El pintor Francisco Iturrino en Salamanca

    Francisco Iturrino González nace en Santander el 9 de setiembre de 1864. En 1883 estudiante de Ingeniería en Lieja, ni siquiera comienza los estudios y su padre le retira la asignación. Se codea con pintores bohemios, estableciendo una gran amistad con Henri Matisse, convirtiéndose en introductor del fauvismo en España, junto a Juan de Echevarría. En 1898 viene a España desde París y se instala en Ledesma hasta finales de 1899. En 1901 expone en dos salas distintas de París, en una con Picasso, presentando 36 obras de ambientes parisino y castellano. Regresa a Ledesma con Milcendeau tras las exposiciones. Procedente de Motrico, entre junio de 1904 y febrero de 1905 se instala en Villavieja de Yeltes con toda la familia y recorre Las Hurdes y Las Batuecas. En esta época es cuando se produce la excelente amistad con Unamuno, quien dejó escrito un relato literario sobre el pintor. Vuelve en 1907 alquilando casa en Ledesma y luego se traslada a Villavieja, regresando de nuevo en 1912 tras una larga temporada en Marruecos.

    Estuvo casado con la belga Marie Josephine Delwit Schwartz con la que tuvo 6 hijos, fallecida demente en 1913 en el Hospital Psiquiátrico de santa Agueda de Mondragón. Durante sus estancias en Salamanca entabla una excelente amistad con Unamuno y le presenta a otro excelente pintor enamorado de Ledesma, Charles Milcendeau. Unamuno escribe de Iturrino: “Alma de niño, pintor fantástico, colorista desenfrenado”. Le apoda “Pobre Iturrino”, epíteto que hizo fortuna. El pintor le dice a don Miguel, “Que a Ignacio Zuloaga es al único que envidiaba en esto de los pinceles y que no hay campesino, ni caballista de los Arribes del Duero que no tenga un retrato hecho por mí”.

    En las postrimerías de su vida escribe: “La Guerra la pasé en tierras charras. Maravilla de la naturaleza. Con mi vida en Ledesma, en esa Castilla pura y dura que nos elevaba el espíritu, que nos hacía místicos aún no siéndolo... Buscaba sol, Salamanca fue el destino. Los campos charros eran y son luz y sol, silencios solo perturbados por mugidos y relinchos. Ledesma es un preciosísimo pueblo que casi convertimos en capital de las artes con tantos amigos artistas extranjeros como vinieron, que, por uno u otro motivo, pasearon por la villa, pasearon por sus murallas... Mi taller sería la naturaleza, mi caballete los mismos árboles en los que perdía mi mirada en su abierta fronda. Mis modelos, los toros, los garrochistas y caballos, las mujeres a las que adoro. En el Novelty de la Plaza Mayor de Salamanca nos convertíamos en sedentes peripatéticos mentales en torno al Sabio en que se había convertido don Miguel”.

    En 1920 ingresa en el Hospital de la Charité de París con los primeros síntomas de gangrena en una pierna, que le es amputada. Muere el 20 de junio de 1924 en la más absoluta miseria.

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