15 julio 2019
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El desigual acceso a la universidad

11 jul 2019 / 03:00 H.
Rosa Domínguez León
Hablando claro

Cada primavera cuando se acercan los temidos exámenes de Selectividad se reabre el debate sobre la conveniencia o no de implantar una prueba única e igual en todo el país.

Este año las reflexiones acerca de este asunto han saltado del ámbito regional al nacional y hemos podido leer, ver y escuchar noticias al respecto en los medios de comunicación nacionales que, al menos, han servido de altavoz para que los políticos, en especial los que están en contra, entiendan que la EBAU única no es una reivindicación de unos pocos, aunque algunos así lo creen. Entre ellos figura la ministra de Educación y Formación Profesional en funciones, Isabel Celaá, que esta misma semana comentó al ser preguntada por el tema que son “los menos” lo que piden la unificación de la EBAU. Una expresión muy poco acertada con la que la ministra manifiesta su desprecio por las cerca de 190.000 personas que han firmado la campaña iniciada por un alumno de León pidiendo un mismo examen de Selectividad para todas las comunidades, pero también por los rectores de las universidades públicas de Castilla y León que se han posicionado a favor de una EBAU única.

Fue en 2017 cuando la transformación de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) en Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU) sacó a la luz las críticas latentes por un desigual sistema de acceso al sistema universitario y acrecentó en cierto modo las diferencias entre las comunidades que comenzaron a establecer lo que llaman estándares prioritarios, es decir, temarios reducidos con diferencias de más de 40 temas en asignaturas como Historia.

Con más de un 95 por ciento de aprobados en el distrito universitario de Salamanca, está claro que la EBAU no es una prueba insuperable y que tampoco pretende poner trabas en el acceso de los estudiantes a la Universidad. La única pretensión de esta prueba es regular la admisión de los alumnos en la educación universitaria. ¿Lo consigue? Yo creo que sí. Otra cuestión es si lo hace de forma igualitaria. Ahí es donde radican las críticas y ahí es donde debe actuar el Ministerio de Educación que, hoy por hoy, está claro que no tiene ninguna intención de fijar una prueba única e igual para los alumnos de todas las comunidades.

Tras el ruido de las últimas semanas, la ministra Isabel Celaá simplemente ha manifestado su intención de trabajar con las comunidades en la armonización de los criterios de corrección o de los contenidos. Pero la ministra está reconociendo con sus palabras que las comunidades autónomas no aplican los mismos criterios, que es lo que vienen denunciando desde hace tiempo estudiantes, profesores, rectores y políticos.

Además, para intentar justificar su rechazo a una prueba igual en todo el país, la ministra ha alegado que vulneraría las competencias de las comunidades autónomas, así que reconoce que una parte de los contenidos educativos del currículum de los alumnos son comunes para todo el país, pero otros los deciden los gobierno autonómicos.

Perfecto, no hay que vulnerar las competencias de las comunidades, pero ¿quién defiende los derechos de los estudiantes? La EBAU tiene diferentes contenidos según los gobiernos autonómicos, sin embargo, el distrito universitario es abierto y, como consecuencia, todos los estudiantes, con independencia de cuántos temas de Historia se hayan examinado, pueden acceder a cualquier universidad. Esta cuestión parece positiva, y realmente lo sería si los alumnos accedieran en igualdad de condiciones, algo que no sucede cuando un estudiante de Castilla y León tiene que enfrentarse a 69 temas de Historia frente a los 27 de los que se examinan alumnos de otras regiones.

No parece muy probable que se produzca un cambio en los próximos años, tendremos que consolarnos con que, al menos, el nuevo presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, tenga entre sus prioridades luchar por una EBAU justa e igual.