10 agosto 2022
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Cuando se va un cazador al cielo...

Artículo de Isidro Borrego Navalón de la Federación Provincial de Caza de Salamanca

07 feb 2022 / 12:38 H.
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PALABRAS CLAVE

Con lágrimas en los ojos, quiero olvidar los tres últimos meses cargados de malas noticias y de una evolución terrible que se ha llevado a nuestro amigo. Todavía no somos capaces de digerir y comprender la muerte de Jaime Hernández-Bueno Aboy. Queríamos agarrarnos a una buena noticia, pero todo se truncaba por momentos, las noticias que nos llegaban desde el hospital nos tenían el alma en vilo. A decir verdad, muchas noches con sobresaltos y pendientes del teléfono, presagio de lo que se nos venía encima; atenazados por una sensación fría que siempre jalona esa maldita enfermedad.

Han quedado pendientes conversaciones iniciadas y planes de citas cinegéticas que ya nunca podremos cumplir; todo un proyecto de vida por delante.

Recuerdo que te conocimos siendo un niño correteando entre nosotros las noches previas a las monterías cuando bajábamos a Extremadura hace más de treinta años. Has seguido el legado de tu abuelo y de tu padre en el mundo profesional y de la caza, compartiendo las mismas aficiones familiares. Todos los que hemos observado la pasión con la que os habéis querido padre e hijo, sentíamos admiración por ver el cariño que os profesabais y como te referías a tu padre llamándole “el jefe”.

“Recuerdo la llamada nada más llegar de Turquía me contaste como cazaste en la nieve el jabalí de tu vida”

Recuerdo la llamada hace dos años cuando nada más llegar de Turquía me contaste cómo cazaste en la nieve el jabalí de tu vida en un emocionante lance junto a tu padre y cómo me compartías las fotos de los corzos de Burgos que ibas seleccionando cuidadosamente para buscar el trofeo soñado para “el jefe”. Ese diario corcero que escribiste durante el confinamiento titulado “Entre duendes y lobadas” que ahora nos quedará para siempre como memoria de tus hazañas camperas.

Toda tu familia, Mónica tu amor y tus innumerables amigos estamos rotos por un dolor insoportable de esta maldita enfermedad que nos ha privado de poder seguir disfrutando de una persona tan buena y cariñosa como tú. Quería decirte allí donde estés, que conseguías hacer que las personas se sintieran bien a tu lado; eras entrañable siempre, prudente y educado, además de cariñoso con todo el mundo. Tus padres consiguieron formar una maravillosa familia y lo han demostrado con una fuerza titánica sin desfallecer hasta el final.

¡Amigo mío te llevaremos en nuestros corazones para siempre, cargados de bonitos recuerdos y del afecto que repartiste entre todos nosotros, con esa sonrisa eterna que te precedía! ¡Ve con Dios compañero y que la Virgen de la Cabeza, patrona de los buenos monteros te cuide y te proteja en ese viaje infinito! Descansa en paz.

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