29 noviembre 2021
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Manuel Diosleguarde se estrella contra un muro en Sevilla

El novillero salmantino saluda una ovación tras estoquear al primer novillo de su lote en una tarde en la que se lidió en La Maestranza una deslucida, apagada y desrazada novillada de Rocío de la Cámara. Calerito dio, en el cuarto capítulo, la única vuelta al ruedo.

28 sep 2021 / 22:06 H.
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Los tres novilleros que hicieron el paseíllo en la Maestranza se impusieron con entrega y sin tomarse una sola ventaja a una mansa y peligrosa novillada de Rocío de la Cámara. Esa sinceridad, esa voluntad de la terna para ponerse con verdad frente a los pitones y afrontar así los problemas que planteó el encierro fue, más allá de premios contables, la nota más reseñable de sus actuaciones, sobre todo en tiempos en que se canta y se potencia en los noveles una “técnica” más defensiva que honesta. Y así se mostraron los tres, con una desnuda voluntad de hacer el toreo por derecho a unos novillos contraindicados, en tanto que embistieron con la cara por las nubes, sacando los pitones por encima del palillo de las muletas, acusando la querencia de tablas para rajarse y, en ocasiones, buscando el pecho de los toreros.

En ese sentido, los dos primeros fueron algo más “pacíficos”, pues pasaron por allí, sin emplearse apenas, siempre y cuando no se les molestara ni se les exigiera en exceso, tal y como lo entendió perfectamente Calerito para sacar al que abrió plaza la decena de pases que tuvo hasta desfondarse. Ante el segundo también acertó pronto con esas claves Diosleguarde, a pesar de las dudas que debió suscitarle la manera en que el animal se coló y volteó en dos ocasiones consecutivas a Jorge Martínez cuando intentaba el quite.

Pero no dudó el salmantino, quien, en el aire de los buenos muleteros de su tierra, le cogió pronto la media altura y un templado compás para, con alguna que otra fea colada más, instrumentarle varias tandas de muletazos ligadas, lentas y de excelente trazo, que se quedaron sin premio por un pinchazo previo y por la inexplicable frialdad del tendido.

El tercero ya mostró ese peligro de forma descarada, primero ciñéndose por los dos pitones al menor descuido, después desparramando avisamente la vista y, finalmente, soltando una seca y súbita puñalada en dirección al corbatín de Jorge Martínez, que ni así se arredró ni le volvió la cara.

Volvió a “dejarse” también el cuarto pero pronto pasó a desentenderse de la pelea. Y si fue a mejor se debió al inteligente y sincero oficio de Calerito, que le esperó a que metiera la cara en un engaño. Fue así como logró cuajar la faena más redonda, con un ritmo pausado, sin alterarse ante las informalidades del mansito y llevándolo empapado en pases de largo y ajustado recorrido que, por fin, caldearon a los tendidos. Era faena de oreja, y de las de peso, pero el único que no lo entendió así fue un presidente insensible que se acabó llevando una fuerte bronca antes de que el vacío quinto y un sexto de creciente sentido no dejaran redondear a los otros dos componentes de la valiente y sincera terna que, orgullosamente, salió de la plaza con la cabeza alta que la de sus novillos.

LA FICHA

Noveno festejo de la feria de San Miguel, de Sevilla, con un cuarto de entrada sobre el aforo permitido del 60% (unos 1.500 espectadores).

6 NOVILLOS DE ROCÍO DE LA CÁMARA, (3º y 4º con el hierro de Cortijo del Campo), muy dispares de hechuras, cabezas y volúmenes, y de juego muy descastado, doliéndose en el caballo, rajados y buscando querencias, y embistiendo siempre por alto, sin descolgar, varios de ellos con peligro y sentido defensivo.

CALERITO (berenjena y oro)

Ovación y vuelta al ruedo tras aviso y fuerte petición de oreja

MANUEL DIOSLEGUARDE (verde hoja y oro)

Ovación y silencio

JORGE MARTÍNEZ (azul noche y oro)

Ovación y silencio

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