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ENTRE BARRERAS

Una ración de justicia

Miércoles, 17 de enero 2024, 12:13

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Los avances de San Isidro pintan bien. Y, sobre todo, por algo que debería ser de justicia y que el toreo andante ningunea con demasiada frecuencia. Más allá de los rematados carteles de figuras que no van más allá de la repetición y de la falta de compromiso y rivalidad, sobresalen dos. Talavante, anunciado en una de sus cuatro tardes con dos de los toreros revelación de 2023 gracias a sus triunfos en esta plaza: Fernando Adrián, con dos puertas grandes, y Borja Jiménez, con tres orejas a los victorinos, amén de otras dos actuaciones previas distinguidas. Lo lanzó mundotoro. Recuerda el gesto a la mentalidad y al orgullo de las figuras de antes: Dos toreros emergentes y que destacan, ¡que me los pongan! A Talavante, que tiene más nombre de figura que argumentos en los últimos años, hay que reconocerle el gesto sin caer en el egoísmo y en la falta de compromiso de rodearse y cerrarse herméticamente junto a otras dos figuras más para tirar de la taquilla y que los asientos vacíos no le saquen los colores ni haya argumentos para rebajar sus emolumentos a la hora de las liquidaciones o contratos posteriores. Talavante da el paso adelante y proyecta a dos nuevos valores a que necesitan de la catapulta de las figuras para emprender su camino hacia ese status.

Y otra. Si Adrián y Jiménez se ganaron su respeto y su lanzamiento en el ruedo, el diestro de Espartinas dio la cara en la Feria de Otoño con los siempre exigentes victorinos cortando tres orejas. Una ganadería con la que se dejó matar, de manera literal, Paco Ureña con una de las actuaciones más valientes, entregadas y sinceras no solo de la pasada campaña sino de muchas en este escenario, sin que, sin embargo, apenas tuviera repercusión en el resto de ferias como mereció. Aquella inolvidable épica del torero de Lorca tendrá continuidad en la primera plaza del mundo. ¿Fueron Ureña y Jiménez los más destacados con los victorinos en Madrid? Pues ahí estarán los dos mano a mano en el mismo cartel en la Corrida de la Prensa de Madrid, como adelantó Zabala.

Eso es justicia en el ruedo. Así se motiva al aficionado y se recompensa a los toreros. A los que triunfaron y a los que se dejaron matar. Se vaciaron y desnudaron su alma para cumplir sus sueños, para conmover al público y no solo dieran por bien empleado el precio de su entrada sino que salieran deseosos de volver a verlos.Se les premia con más categoría en la misma plaza y con un aumento en el parné de su nueva contratación. Se les da categoría. Como categoría tuvieron sus actuaciones.

La entrega, la verdad, la honradez y la sinceridad en el ruedo deberían ser el mejor pasaporte para lograr nuevos contratos. No solo en Madrid sino en el resto de las ferias.Así fue siempre, así debería seguir siendo. El esfuerzo en el ruedo debería ser incuestionable. Y a partir de ahí, lo demás. Pero no es así.

Madrid no es, de momento, igual de justo con Manuel Diosleguarde, que no tiene fácil la contratación prometida para confirmar su alternativa. Que hoy esté vivo es un milagro; la empresa de Madrid no debía olvidar de donde viene, de las tinieblas de la muerte por la cornada de un toro; pero su argumento no es la pena, sino el triunfo de todas las tardes que firmó tras la reaparición; como los trofeos que paseó en esta plaza antes de su doctorado. Es cuestión de memoria y sensibilidad, que las empresas no siempre tienen para atender otros intereses ajenos a lo que ocurre en el ruedo.

El mercadeo de los poderosos que dirigen y mangonean hoy la Fiesta, sin reparar en lo que sucede en la arena, hacen que el toreo haya dejado de tener valor, importancia y repercusión. Frena la aparición y lanzamiento de nuevos valores. Y ese es uno de los mayores males en los que puede caer la tauromaquia, convirtiéndose en víctima de sí misma. Y de eso nadie tiene culpa más que los taurinos.

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