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Juan Ortega, tras finalizar su faena en Ciudad Rodrigo.
Una faena deliciosa de Juan Ortega

Una faena deliciosa de Juan Ortega

El sevillano cuaja una actuación repleta de torería y calidad y desoreja a un novillo de Capea con el que hizo brotar los olés más sinceros y puros que se recuerdan en el Carnaval

Javier Lorenzo

Ciudad Rodrigo

Martes, 13 de febrero 2024, 18:43

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La Ficha

  • CIUDAD RODRIGO Lleno hasta la bandera, en tarde entoldada y de buena temperatura.

  • GANADERÍA Tres novillos de CARMEN LORENZO, de pobre presencia el 1º, con más cuajo y diferentes alzadas los otros dos. Noble el 1º, con calidad dentro de su mansedumbre el 2º; bravo y bueno en sus templadas embestidas el 3º. Y un eral, de la misma ganadería, el 4º, que resultó bravo y noble.

  • DIESTROS

  • EL CAPEA Pinchazo y estocada (ovación).

  • JUAN ORTEGA Gran estocada (dos orejas).

  • PABLO AGUADO Pinchazo y estocada rematada con tres descabellos (vuelta al ruedo).

  • DIEGO MATEOS.Triunfador del Bolsín taurino Media estocada (dos orejas).

El público respetó a Juan Ortega sin comentarios impertinentes y el torero le respondió con la categoría más exquisita de su toreo. Un agradecimiento mutuo. El ritmo y la despaciosidad de su actuación lo presidió todo. Tanto que a base de detalles escribió una obra mágica. No rotunda pero sí cargada de detalles que están solo a la altura de los elegidos. Ante un torete mansito pero tremendamente noble, Juan Ortega hilvanó una obra preciosa, que fue a más, que estuvo llena de matices, desbordada de torería. Llena de gusto siempre y en todo. No hubo ninguna tanda rotunda pero el trasteo lo tuvo todo. Silenció la plaza de unos tendidos invadidos por la fiesta para saborear una faena deliciosa, y terminaron sintiendo y acabaron brotando los olés más sinceros y puros que se recuerdan en esta plaza en mucho tiempo. Sin entrega y desentendido, solo pudo dejar un bello remate de recorte en el saludo capotero. No mostró interés en el caballo, en el que salió camino de ninguna parte huyendo de la pelea el de Capea. Dejó detalles excelsos entre las huidas que trató de sujetar siempre con el imán del temple. Todo estuvo presidido por una enorme majestad y gusto. Media docena de ayudados para finalizar la faena fueron lo más caro y rotundo de todo lo que se ha visto en los últimos cuatro días. Y, su actuación en conjunto, de muchos carnavales más. Faena al ralentí, sintiéndola, saboreándola en todo, por el gusto y el empaque, tan llena de matices que, sin tener continuidad, lo llenó todo. El toreo más puro despertó los olés más sentidos y sinceros.

Pablo Aguado también dejó momentos bellísimos, con intermitencia, todo interpretado con gran categoría. Más superficial. Tuvieron empaque los lances en el recibo, y una media resultó eterna; los derechazos en la faena desbordaron un temple exquisito y los naturales una enorme belleza. A todo le faltó hilván. Los adornos y recortes fueron marca de la casa. Fue una faena larga pero mantuvo siempre el interés, aunque no brotara la pasión del capítulo anterior. Se esfumó todo el aroma con la espada.

Noble y con las fuerzas justas en el saludo capotero de El Capea sorteó un novillo de escasa entidad y noble juego que salió al ruedo con las fuerzas justas. Ordenó un flojo castigo en el caballo y quitó después por animosas chicuelinas. Una faena en un palmo de terreno a un novillo noble y con carácter al que, sin embargo, había que imponerse. Lo hizo El Capea con altibajos y con mejores pasajes al natural que por la diestra, fue cortando las distancias y terminó metiéndose en su terreno para molestia del torete, que lo defendió con orgullo. Y se embarulló todo.

Diego Mateos aprovechó su oportunidad desorejando a un bravo novillo de Capea, noble y con entrega, que tuvo una duración interminable y jamás se cansó de embestir. Dio muchos muletazos el triunfador del Bolsín Taurino Mirobrigense en faena larga y con altibajos en la que mantuvo la compostura en su primer gran compromiso, por el escenario, por la compañía de toreros de ferias y ante un astado al que tampoco era fácil mantenerle el pulso. Para pulso, lógicamente, el de Juan Ortega. Su actuación se recordará mucho tiempo. Como su torería, innata y eterna.

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