04 octubre 2022
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Diosleguarde golpea en Guijuelo

Desorejó con autoridad al toro con el que se presentó como matador en la provincia | Alejandro Marcos emborrona con los aceros una poderosa faena al segundo en otra tarde aciaga a espadas

17 ago 2022 / 12:45 H.
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El desigual encierro de Lorenzo Fraile enlotó tres toros de El Puerto de San Lorenzo y tres de La Ventana. Sangre Lisardo-Atanasio por un lado y Domecq por otro. Se abrieron uno en cada uno de los lotes de cada matador. Los dos de más amplia fachada y descarados pitones fueron quinto y sexto, uno con cada uno de los hierros, los dos resultaron inválidos y pusieron un borrón a un envío que comenzó con un destacado interés y que pareció frenarse en seco cuando se le dio la vuelta al ruedo al tercero. Inspector, la reata ilustre que ha lanzado el nombre de la ganadería con el nuevo encaste que ha incorporado y que ha hecho que las figuras apuesten por ella cada vez con más frecuencia. No eran de La Ventana sino del Puerto los dos primeros y rompieron a embestir con distinguida, y distinta, condición. El pulso, el temple, el gusto y la calidad en las embestidas lo puso ese Inspector, con un ritmo exquisito. Y con él, cinco muletazos, los cinco primeros, le sirvieron a Diosleguarde para hacerse con la tarde, para decir ¡‘Aquí estoy yo!’ y para centrar todas las miradas. La nueva y más reposada versión del recién estrenado matador de toros salmantino al que parece haberle sentado de perlas la alternativa.

Encajado y asentado Diosleguarde lo recibió de capa antes de que el toro se doliera en el caballo que montaba Alberto Sandoval, luego empujó con la carta arriba hasta que se partió la vara en dos. Apenas hubo castigo y pareció salir picado el animal como ratificó en el breve quite en los medios. El toro sin picar necesitó, sin embargo, dominio y poder. Le abrió los caminos Elías Martín en una precisa brega. Los cincos citados primeros muletazos, ya ligados y en serie en el tercio, fueron hasta entonces los mejores de la tarde. Inspector tenía ritmo, entrega, bondad y una calidad suprema. Tan exigentes fueron aquellos cinco que pareció acusarlos pronto. Embistió con calidad por la izquierda, pero con menos intensidad. Pareció darse por vencido demasiado pronto. Y, sin embargo, no fue así, porque apareció su fondo de cornúpeta enclasado. Le dio tiempos, pausas y distancias Diosleguarde para que ganara oxígeno el de La Ventana, aunque ya todas las embestidas eran al paso. Y así lo fueron hasta el final. Manuel las saboreó bajo los acordes del pasodoble de El Viti, antes de cuajar una serie fantástica al natural, por el encaje, por el trazo y por la dimensión del muletazo que le sirvió luego para meterse en cercanías y sacárselo por la espalda en un arrimón sin cuentos. Terminó encunado y a cuerpo descubierto entre los pitones en un desplante sin límites. Faena seria, inteligente, medida y muy interesante. La contundente, recta y valiente manera en la que se tiró a matar fue mejor que la colocación de la espada, que quedó desprendida. Para él un triunfo legítimo. La tarde ya era suya.

Antes, José Garrido había recogido con un sabroso saludo por delantales a Cubanoso, el primero. Un toro acapachado, bizco del pitón izquierdo, largo y alto de cruz. Apenas hizo sangre Aitor Sanchez en el encuentro con el caballo. Garrido, con el capote a la espalda, lo sacó con una brillante ejecución del quite de oro enroscándose en capote al cuerpo en florido pasaje. De nobilísima condición, inició la faena de hinojos en los medios tras brindar al público. Boyante y entregado siempre el toro del Puerto. No se atrevió a comprometerse Garrido que citó siempre en el primer envite al hilo del pitón. Ha perdido su interpretación el buen gusto que tuvo en sus inicios en favor de una técnica que le da más frialdad a su toreo. La primera serie al natural tuvo más ángel que ninguna y no encontró continuidad a ese nivel de ahí en adelante, ni con esa mano ni con la otra. De los muchos muletazos pocos quedaron en el recuerdo y sí la buena condición de un Cubanoso de magnífico juego.

Sorprendió a todos Cigarrero, el segundo. Había salido frenado de chiqueros y así se mostró en el capote de Alejandro Marcos. Frenado y geniudo, porque se quiso quitar el capote en cuanto lo tuvo cerca. Se repuchó en varas antes de que Carlos Pérez le pusiera un duro castigo, en el que le bajó los humos, sin que dejara de berrear ni quejarse. Le costó a Martín Blanco quitarle la querencia en las tablas cercanas a chiqueros. Se llevó una buena manta de capotazos. Brindó Alejandro Marcos al maestro Capea. Le plantó cara con firmeza y lo sujetó muy bien en los medios, con mando y torería. Así rompió el toro con transmisión. Alegre y pronto ya en la distancia no permitió que le tocara la muleta ni una sola vez. Seguro, valiente y artista. Cigarrero no se entregó igual por la izquierda que por la derecha ni la convicción del torero fue la misma tampoco. Al final quedó la sensación de que le faltó limpieza al conjunto, el trasteo no mantuvo la emoción del principio. Y luego ya llegó un nuevo desastre con la espada. No es que pinche, que los pincha como todos y más. Es la manera en la que lo hace. La rectificación continua y los pasitos atrás cuando se perfila son una muestra de la inseguridad y la incertidumbre que le genera en cuanto coge la espada. Ni mata ni lo ve. No sabe tapar su carencia.

La segunda parte de la función apenas tuvo historia. El cuarto fue el único que recibió dos puyazos. Noble, pronto, sin embargo, le costaba irse y terminar de rematar el muletazo. En uno de esos finales que no llegaron a existir Garrido se llevó un derrote en la ceja. Volvió a la batalla con más entrega, poder y asiento. Buscó derechazos más cortos en el tramo y de muleta muy baja. Por la izquierda no tuvo ni entrega el toro ni mando el torero, citando siempre fuera de sitio y sin lograr limpiar los pases que salieron siempre enganchados.

El quinto fue el de más seriedad del envío, se llevó una ovación de salida por su despampanante testa, como también se ovacionó a Manuel José Bernal por el buen puyazo que le administró y en el que el toro empujó con fijeza. Se quedó en fachada el pupilo de Lorenzo Fraile que, en la muleta, apenas pudo con su alma y no permitió a Marcos esbozar ni un solo muletazo.

El sexto hizo de menos al quinto. Cornalón y acapachado. Ya mostró su flojera en el capote de Diosleguarde y ahí ya arrancaron las protestas que se arrastraban del capítulo anterior. El presidente optó por mantenerlo en el ruedo. Diosleguarde pidió calma al gallinero y al final pareció engatusarlo tras mantenerlo en pie. Tuvo mérito la faena. Más pulso con la poderosa diestra que con la zurda. Se atascó con la espada; pero la forma de tirarse no deja las dudas de su compañero. Salió victorioso y triunfal, con la sensación de que viene en serio.

LA FICHA. Guijuelo, 16 de agosto de 2022

Tarde soleada con molesto viento, 23º de temperatura al inicio del festejo. Tres cuartos de entrada.

TOROS DE PUERTO DE SAN LORENZO y 3 LA VENTANA DEL PUERTO, lidiados en 3º, 4º y 5º lugar (Lorenzo Fraile). Noble, boyante, pronto y de gran juego el 1º; manso en su geniuda y encastada condición el 2º; de gran nobleza y calidad el 3º, con el hierro de La Ventana del Puerto, que fue premiado con la vuelta al ruedo; sin clase el 4º, que tuvo corto recorrido; inválidos 5º y 6º.

JOSÉ GARRIDO (sangre de toro y oro)

Pinchazo y casi entera (oreja); y estocada trasera y tendida (oreja).

ALEJANDRO MARCOS (lila y oro)

Pinchazo, estocada contraria que atraviesa y asoma, pinchazo defectuoso y media estocada (silencio tras aviso)

MANUEL DIOSLEGUARDE (verde hoja y oro)

Estocada desprendida (dos orejas); y pinchazo, estocada atravesada que asoma, pinchazo, estocada atravesada que asoma (ovación tras aviso).

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