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Damián Castaño toreando de salón, en un momento de su entrenamiento diario. ALMEIDA
Castaño ante su San Isidro: «Donde no lleguen las fuerzas llegará el corazón»
ENTREVISTA

Castaño ante su San Isidro: «Donde no lleguen las fuerzas llegará el corazón»

El martes afronta el segundo San Isidro de su vida al que llega maltrecho y dolorido: convaleciente aún de una costilla rota y del corte con el descabello en un pie que a punto estuvo de seccionarle un tendón. Es el parte de guerra de su paso por el territorio torista de San Agustín y Vic Fezensac. El nuevo reto son los toros de José Escolar

Javier Lorenzo

Salamanca

Miércoles, 29 de mayo 2024, 06:30

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Es el único matador de toros salmantino anunciado en los carteles de San Isidro. Allí le esperan los toros de José Escolar, que estoqueará el martes que viene junto a Fernando Robleño y Gómez del Pilar. Sin que nadie lo sepa está luchando contra reloj y contra su maltrecho cuerpo para llegar en las mejores condiciones a la cita crucial de la temporada. Tiene una costilla rota de la terrible paliza que le pegó un toro de Dolores Aguirre el 28 de abril en SanAgustín y, hace dos domingos, en una acción fortuita con el descabello, se cortó el tendón de un pie en el último lance del festejo celebrado en Vic Fezensac. No se enteró nadie. Estuvo en reposo absoluto hasta el jueves porque no podía ni andar. Desde entonces ya lo hace como buenamente puede. Y torear, igual. No puede ponerse aún la zapatilla, porque tiene media docena de puntos aún puestos con ese empeine dinamitado por el verduguillo y calza un zapato ortopédico en lo que sana la zona. Todo este calvario se lo cuento yo a ustedes, Damián Castaño no ha querido decir nada a nadie y combate con ello en silencio: «Todas estas cosas el aficionado que paga la entrada para ir a vernos no tiene porqué saberlas... Son cosas que pasan y en esta profesión no valen las excusas, los lloros ni las lástimas.

Yo tengo que estar en mi sitio y dar la cara como si no me pasara nada, donde no llegue físicamente al 100% por esta limitación física, va a llegar mi corazón. Ese sí que va a estar al 200%, una cosa suplirá a la otra», dice Damián Castaño, quitándole importancia a casi todo. «Al aficionado al que hay que entregarle y darle todo para corresponder el precio que paga por su entrada sin que valga ninguna excusa», reitera al torero. Y yo le contradigo. Sí debe de saber el día a día de los toreros, el sufrimiento y su entrega al límite en la que se ponen en cada trance. Parece contradictorio. Se dejan la vida preparándose para jugársela después delante del toro. Estas cosas hay que contarlas para poner aún más en valor la grandeza y la importancia de lo que hacen, inalcanzable para el resto de los mortales. Son héroes. Y las hazañas heróicas también hay que contarlas y advertirlas. No se trata de dar pena, sino de poner en valor lo que hacen. Cuando un torero dice que anda «regular», el resto diríamos que estamos «muy mal» o los más valientes, «mal». De ahí no pasamos.

Me dijo hace dos meses que nadie dudara de que iba a llegar a la cita de Vic Fezensac, y no creo que nadie cuestione de que estará el martes en Las Ventas... Empezamos con una pregunta tópica, ¿cómo lo afronta, además de dolorido?

—Con mucha responsabilidad, ya me cuesta dormir por las noches. Con tanta responsabilidad como ilusión. Estoy muy contento, es la feria más importante de mundo, en la que te puede cambiar la vida para bien y para mal.

A nivel local, este año es el único matador de toros salmantino anunciado en San Isidro. ¿Eso es una responsabilidad más o un aliciente añadido?

—Es un orgullo estar en San Isidro, aunque mis compañeros de Salamanca se lo hubieran merecido también. Esta vez solo voy yo, y eso también es un plus más de responsabilidad. Espero dejar Salamanca lo más alto posible, que mi nombre salga revalorizado. Por mí no va a faltar, pondré todo lo que tenga y más.

Otro de los detalles que envuelven a esta cita es que no ha querido que se hiciera público el gran movimiento de aficionados que irá a verle a Madrid...

—Eso me da mucha alegría. Se que saldrán tres o cuatro autobuses de Salamanca, y eso me hace sentirme muy halagado. Me aporta mucha ilusión. Su apoyo es clave, pero no solo en esta cita de Madrid.

¿Qué tiene ese cartel respecto a los otros que aparecen en la feria?

— La de Escolar en Madrid siempre tiene una gran expectación. Es una corrida torista que le gusta a la afición y a mí, personalmente, me motiva torear con el maestro Robleño y con Gómez del Pilar, que ya han triunfado en Madrid. Es un cartel muy de Madrid. Soy máximo admirador de Robleño, y de Noé, por supuesto. Me motiva torear con esos dos pedazos de toreros. Se que estar a su nivel es complicado, por eso me motiva y sentarme con ellos en la misma mesa.

¿Ha visto los toros de Escolar?

—Sí, estuve tentando allí hace un mes. Es una corrida de Madrid, muy seria, gorda... pero me transmitió buenas sensaciones. Me gustó y me vine contento cuando la ví. Es una tía, la más seria de la camada por encima de Pamplona.

No le vale con pasar miedo delante de ellos en la plaza, que también se atreve a verlos antes en el campo... ¿acostumbra a hacerlo?

—No lo tenía pensado, fui a tentar allí un día con Robleño y, al acabar nos preguntó el maestro Fundi si queríamos ir a verla. Yo dije que sí, Robleño declinó. Ese día me dio por ahí, casi nunca lo hago.

¿Se imagina en San Isidro una faena como la que firmó al toro de Valdellán?

—Aquel día habría en los tendidos seis o siete mil espectadores en los tendidos. Y, pese a no estar llena, tuvo repercusión, a pesar de no cortar trofeos. En SanIsidro todo se magnifica; aunque aquel día la valoraron mucho, aquella y la de Bilbao. En San Isidro se hubiera magnificado.

¿Es el momento de sacarse la espina de la tarde gris de Otoño?

—Aquella tarde no fue como yo quería y cuanto antes lo borre con un triunfo, mejor.

¿Asusta volver a Madrid?

—Más que asustar, me responsabiliza. ¿Asustar? Al tener más experiencia me asusta más el fracaso... el miedo al fracaso. Estoy trabajando mucho en tener la mente positiva y solo pienso en triunfar, no en fracasar.

¿Cómo resumiría esta primera parte de la temporada?

—La espada que es la cruz, y mis actuaciones con la muleta, la cara. Ahí me encuentro fenomenal. En Villaseca fue muy rotundo, cuajé un toro muy a gusto de Peñajara. En San Martín de Crau cambié tres avisos por las dos orejas que tenía cortadas. En San Agustín dí el 200%. Todas ellas, sin espada. En Vic, sin suerte en los toros, la sensación buena.

¿Y cómo se arregla el problema de la espada?

—Llevo mil estocadas en el carro, y ahora estoy buscando ayuda para cambiar la mentalidad. Es más la mente que la técnica, la técnica la se. El problema está más en la mente, en dejar de pensar que cuando cojo la espada los voy a pinchar. Estoy trabajando más la cabeza que otra cosa, para convencerme que los voy a matar. Trabajar eso puede ayudar más. Al carro puedo entrar mil veces al día y lo único que hago es reventarme el brazo sin resultados. Todo está en la mente.

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