15 diciembre 2019
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Ruta por la Salamanca más erótica y pícara

Cada vez son más las ciudades que recurren a su historia y leyendas con trasfondo erótico para convertirlas en un atractivo más para la captación de turistas. Salamanca, germen de la novela pícara y referente de la literatura erótica del Siglo de Oro, cuenta con referentes, hechos, anécdotas y curiosidades para crear su propia ruta pícara y erótica

19 ago 2019 / 10:13 H.

EL turismo cultural se ha convertido en uno de los recursos económicos imprescindibles para no pocas ciudades de la España interior. Y en estos meses de verano su incidencia se antoja aún mayor. Esto provoca el que sean muchos los municipios que, nunca mejor dicho, hacen el agosto en la temporada estival. Por eso, el ingenio y la imaginación priman a la hora de diseñar y ofertar propuestas que hagan más atractiva la visita del turista. Se busca la diversidad, pero por encima de todo la singularidad y la originalidad. Solo así se explica que cada vez sean más las localidades que a sus rutas históricas, imprescindibles en toda ciudad monumental y cultural, sumen nuevos y sugerentes recorridos.

En este sentido, las llamadas rutas eróticas están no solo proliferando en toda España, sino que también están encontrando un gran respaldo por parte del turismo. Ejemplos hay muchos y variados. Toledo, sin ir más lejos —Ciudad Patrimonio de la Humanidad— ofrece una ruta erótica teatralizada cargada de anécdotas, curiosidades y hechos fantásticos que hace pasar un rato entretenido. Fuengirola, localidad costera malagueña, cuenta con la ruta de la tapa erótica. Valencia, ciudad que en el pasado llegó a contar con el prostíbulo más grande de Europa, dispone en su programa de una ruta erótica por el siglo XV. O Barcelona, que también cuenta con una ruta erótica por los barrios del Poble-sec, el Raval y el Gótico en la que ofrece a los visitantes un recorrido por los lugares secretos del ocio y del vicio barcelonés de los siglos XIX y XX. Y... Salamanca, ¿qué? ¿Por qué siendo una ciudad con un pasado tan extenso no dispone de una ruta vinculada con la picaresca y el erotismo? Un olvido, sin duda. Y es que contenido no le falta. Al contrario. Salamanca, ciudad estrechamente vinculada a la literatura picaresca y erótica, dispone de recursos suficientes para montar una ruta propia, con elementos arquitectónicos y escultóricos de primera magnitud, referencias históricas y libertades literarias que serían del agrado del visitante y, a buen seguro, un reclamo turístico más. En este artículo, trataremos de ofrecer una ruta por la Salamanca pícara y erótica a través de sus referentes y de sus leyendas.

El punto de partida será, como no podía ser de otra manera, el ARRABAL DEL TORMES, al otro lado del río, donde se instalaron a finales del siglo XV y principios del XVI las Casas de Mancebía, primer intento de los Reyes Católicos por reglamentar y controlar el desempeño de la prostitución. Es el príncipe don Juan, que por esos años vivía en Salamanca, el que se encarga de esta misión, en la que se nombra a un cuidador, que pasa a denominarse “Padre Putas”. Aun así, los esfuerzos resultarían inútiles, ya que los prostíbulos y los lupanares seguían abundando en toda la ciudad, marcada por la vida estudiantil. Con los años esas casas desaparecen, pero no el oficio. Con el tiempo, se desplaza hasta la zona de la Vaguada de la Palma, más conocido como el Barrio Chino, que tuvo gran protagonismo desde los años treinta hasta los setenta del siglo XX.

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De camino a la ciudad por el Puente Romano, parada obligada del visitante es a la escultura del LAZARILLO Y EL VIEJO, realizada por el artista salmantino Agustín Casillas. Y es que la figura del Lazarillo es sinónimo de picaresca. Es más, su novela —anónima y publicada a mediados del siglo XVI— abre todo un nuevo género en la literatura española: la picaresca. No en vano, “El Lazarillo de Tormes” es un esbozo irónico y despiadado de la sociedad el momento, de la que se muestran sus vicios y actitudes hipócritas.

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Y tras cruzar la Puerta del Río y entrar en la ciudad amurallada —hoy en día prácticamente desaparecida, salvo algunos vestigios—, la siguiente cita pícaro-erótica sería en el HUERTO DE CALIXTO Y MELIBEA, lugar en el que supuestamente transcurrió buena parte de la novela “LA CELESTINA”, de Fernando de Rojas. Aquí, en este bello lugar junto a la Catedral, se encuentra el relieve de la alcahueta por excelencia de la literatura erótica del renacimiento español, obra del ya mencionado Agustín Casillas. No en vano, está considerada como la primera obra literaria en la que se ofrecen referencias notables a la importancia de la prostitución (y de la brujería) en la ciudad del Tormes. Tanto es así, que buena parte de la literatura erótica del Siglo de Oro español elegirá Salamanca como marco de sus ficciones: “La tía fingida”, “La lozana andaluza”, “La Carajicomedia” o “La pícara Justina”, entre otras. Y es que además de alcahueta y casamentera, La Celestina es también ejemplo de brujería. Y esto nos lleva hasta la CUEVA DE SALAMANCA —cripta de la desaparecida iglesia de San Cebrián—, enclave legendario en el que, según la tradición popular, impartía clase el Diablo. Y donde se cree que La Celestina preparaba sus pócimas para los encantamientos amorosos.

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Y no muy lejos de este lugar y tras cruzar por delante de las catedrales, la runa nos llevaría directos a uno de los núcleos en los que hoy en día se acumula un mayor número de referencias eróticas: las ESCUELAS MAYORES. Y es que si la vida de la ciudad gira en torno a su Universidad, también buena parte de su historia y de sus leyendas, incluidas las de contenido pícaro y erótico, tienen como referente al Estudio Salmantino. Y muy especialmente, aunque no el único, a su elemento más buscado y codiciado de su fachada plateresca: LA RANA, un referente que ha propiciado gran literatura y no pocas y sorprendentes interpretaciones. Hasta ocho explicaciones se han dado sobre este “secreto”. Algunos dicen que la rana sobre la calavera es la marca del cantero, pero hay autores que ven en esta presencia una advertencia sobre la fugacidad terrenal. Otros lo identifican como un signo del Apocalipsis, mientras que también circula la teoría de que se trata de una alerta sexual para los estudiantes ante la abundancia de prostitutas. Incluso hay estudiosos que quieren ver en esta rana una advertencia sobre los peligros de la promiscuidad del príncipe Juan, del que corría la leyenda que había fallecido en Salamanca antes de cumplir los 20 años de un exceso de actividad sexual, o que representa un guiño póstumo a la memoria de Felipe el Hermoso. Pero no queda aquí la cosa. También se interpreta este anfibio como una referencia a la inquisición o al descubrimiento de América, símbolo de fortuna pero también de peligro y muerte.

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Y sin movernos de las Escuelas Mayores, la CRESTERÍA DEL RECTORADO ofrece al visitante algunos de los signos más evidentes de la Salamanca erótica. No en vano, en uno de sus frontales aparecen esculpidos los que se han dado en llamar los vicios de los estudiantes. Cuatro son las imágenes que representan otros tantos males estudiantiles: la pereza, la lujuria, la masturbación y la borrachera.

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Y dejando el exterior de las Escuelas Mayores, el recorrido por esta singular ruta de la Salamanca pícara y erótica finalizaría en el interior del Edificio Histórico. Más concretamente, en su ESCALERA principal, un camino que lleva a la sabiduría, ya que según los estudiosos esta escalera es el símbolo de elevación espiritual hacia el cielo o sabiduría. Pero su recorrido no está exento de referencias eróticas. Ahí está, por ejemplo, el tañedor de cornamusa o gaita gallega, de clara simbología oscena que se refuerza con la danza morisca. También aparece recogida la lujuria a través de la prostituta alrededor de la cual danza juglares con tamboril y gaita, asociándose con otra serie de pecados de la vida disipada y bulliciosa que se manifiestan a través de las figuras del loco, el diablo y la sirena mirándose al espejo. Junto a ellas, también aparecen figuras desnudas, que representan las dos actitudes del hombre ante las pasiones.

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Y aquí se podría dar por finalizada esta singular y original ruta —que conjuga lo histórico con las leyendas— por la Salamanca pícara y erótica, y que podría sumarse a la oferta turística, ya de por sí amplia y variada, que presenta esta ciudad. Un atractivo más —y otra visión diferente— para hacer de Salamanca un reclamo turístico de todos aquellos que buscan algo más que el paseo monumental por el románico, el gótico, el renacimiento, el plateresco y el barroco de la ciudad: también por sus anécdotas, curiosidades y hechos fantásticos con cierta dosis de picardía y erotismo.

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