Borrar
Neftalí realiza un diseño a un cliente en su brazo. Almeida
Los profesionales de la tinta, en Salamanca: «El tatuaje no es algo 'macarra' si entiendes su evolución»

Los profesionales de la tinta, en Salamanca: «El tatuaje no es algo 'macarra' si entiendes su evolución»

Los tatuajes llegan cada vez a más público salmantino y se ha reducido el estigma: «Hay clientes que se han atrevido con partes íntimas, párpados y zona interna de los labios»

María Regadera

Salamanca

Miércoles, 24 de abril 2024, 20:48

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

Agujas, tinta, vanguardia y habilidad se entrecruzan en los talleres de tatuajes salmantinos para demostrar que esta disciplina, que muchos denominaban 'moda' hace unos años, evoluciona en la capital charra a pasos de gigante. No hay duda de que los tatuajes se han convertido en el anhelo de clientes de todas las edades. Aunque los brazos son la zona más pedida, algunos valientes se atreven con sus partes íntimas, párpados, zonas de la cara, labios u orejas. Unas zonas que, sin duda, no son para todos.

La salmantina Virginia García-Seisdedos inauguró su estudio de tatuajes en la capital charra hace poco más de un año, aunque lleva tatuando desde hace cuatro en otros: «En Europa está más aceptado el mundo del tatuaje, aunque los trabajos son mucho más caros que en nuestro país. España y Portugal son los países en los que está peor pagado nuestro trabajo», reconoce.

La profesional se ha enfrentado hasta el momento a verdaderos retos: «Hemos hecho partes íntimas, que son muy complicadas por tener un tipo de piel muy diferente y un poco violentas. Por suerte, la gente que se atreve con ello está muy familiarizada con el tatuaje, no tiene un nivel de pudor altísimo y entienden que se encuentran en una situación meramente profesional. También he hecho párpados de ojos, labios de la boca por dentro o tobillos, que es una zona para ir con mil ojos», explica. En los últimos años ha percibido el 'cambio de chip' de la sociedad salmantina. «Aunque ha habido un cambio de mentalidad, aún nos quedamos un poco atrás. Los que siguen asociando el tatuaje con 'algo macarra' es porque no entienden la evolución que ha tenido. Ya no busca provocar impacto, también puede representar sutilidad o elegancia», afirma la profesional.

La joven, que ha tatuado en estudios de Portugal, Milán, Turín o Dublín, intenta traer a Salamanca la tendencia más extendida en Europa: el tatuaje abstracto. «Son trabajos muy libres que no tienen un significado como tal, sino que se realizan por pura estética», asegura.

Neftalí, especializado en realismo y que comenzó a tatuar en Salamanca hace 14 años, regenta un estudio desde hace casi una década y fue uno de los primeros en apostar por el mundo del tatuaje en Salamanca: «Inauguré este estudio con un tatuaje en el que tardé 11 horas. Era una pieza realista y grande de un oso en un bosque que tatué en la pierna del cliente», asegura.De sus inicios recuerda que «los estudios se podían contar con los dedos de la mano y ahora hay más de treinta». Entre sus trabajos, también realiza rediseños de tatuajes desde hace años. Muchos están relacionados con exparejas o modas. «Nunca sabes cómo va a ir la vida y las parejas no siempre duran eternamente. Lo mismo pasa con las modas, te puedes acabar cansando o arrepintiendo», explica el tatuador.

Cristian Bernal, dueño de otro estudio de tatuajes en Salamanca, asegura que los diseños de trazo fino también representan una apuesta muy actual. «Aunque realizó mucho realismo, también me piden muchos de trazo fino y siluetas: de los abuelos, de parejas o de familiares con el niño», reconoce. También ha notado la disminución del estigma en la ciudad. «Yo he tatuado a mucha policía, a profesores de universidad y a todo tipo de profesionales. También se ha notado mucho que han empezado a venir clientes de todas las edades. La persona más mayor que he tatuado tenía 87 años», afirma.

Roberto Muñoz, un salmantino que abrió su primer estudio en Tenerife, volvió hace un año a la ciudad con la inauguración de un nuevo estudio en una de las calles más céntricas de la ciudad. «Las nuevas generaciones empiezan cada vez más pronto a desear un tatuaje. He llegado a tener aquí, desde niños de 12 años con sus padres, hasta gente de 70 que pide el nombre de su sobrino o nieto. Eso hace diez años no pasaba ni en broma y es señal de que las cosas están cambiando», asegura. Un día antes de recibir la visita de este periódico, el profesional tuvo un encargo poco convencional en su estudio: «Vino una pareja y me pidió que le tatuase la cara con dos palabras bajo los ojos. Lo tenían claro y eso que no es una zona a la que se anime todo el mundo».

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios