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Vicente y José en la calle Toro con las gargantillas bendecidas de San Blas. LAYA
El milagro de los guardianes de San Blas

El milagro de los guardianes de San Blas

Vicente Peña, Mercedes Gómez y José Peña mantienen en Salamanca la tradición de vender gargantillas de San Blas con 'dotes milagrosas' para proteger la garganta

María Regadera

Salamanca

Sábado, 3 de febrero 2024, 10:28

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Todo pueblo se alimenta de sus tradiciones y leyendas. La de San Blas, patrón de los médicos otorrinolaringólogos, en la capital charra se materializa en forma de gargantillas de colores. Vicente Peña, Mercedes Gómez y José Peña pasean por las calles desde hace cuarenta años para ofrecer a los salmantinos las tradicionales gargantillas, bendecidas en la iglesia de San Juan de Sahagún, con el objetivo de que cumplan su función milagrosa: proteger la garganta.

Lamentan que «posiblemente no haya relevo generacional» y temen que «la tradición llegue a perderse en el tiempo». Con un fuerte carácter sentimental puesto en la tradición que ha marcado la vida de Mercedes, relata cómo ha llevado la protección del Santo a los hogares de varias generaciones de salmantinos: «Antes que yo ya lo hicieron mis padres. Venía con ellos cuando era muy pequeña», afirma.

¿Qué cuenta la leyenda?

La leyenda relata que el obispo Blas de Sebaste salvó a un niño de morir ahogado al clavársele una espina de pescado en la garganta, y por ello, la tradición conduce a que sus seguidores coloquen estos collares bendecidos en sus cuellos, hasta el Miércoles de Ceniza, fecha en la que se procede a quemarlos. Según el ritual, a partir de ese momento, la garganta queda protegida de enfermedades.

La historia de una familia

Los padres de Mercedes, una de las actuales vendedoras, ya recorrían las calles hace décadas con las gargantillas de colores: «Queremos que no se pierda esta tradición y quedamos tres. Yo he querido continuar por mis padres, es una cosa que me gusta y que llevo en el alma. Muchas veces he venido de jovencita con ellos y ya van muchos años. Tengo claro que estaré aquí hasta que pueda», reconoce.

Gracias a ella, su marido Vicente Peña es otro de los vendedores y también su cuñado José Peña, casado con la hermana de Mercedes, Manuela Gómez: «Hace diez o quince años era gracioso cuando contábamos la anécdota. Estamos casados dos hermanos con dos hermanas y veníamos siempre aquí los cuatro. Todo queda en familia», contaban entre risas. Aunque la mayor parte de clientes que adquieren sus gargantillas son personas mayores, les sorprende que también consigan 'conquistar' a las nuevas generaciones: «Es gratificante cuando se acercan y te dicen que la compran en recuerdo a sus abuelos o a algún familiar que siempre se lo regalaba», explica Mercedes. Su marido matiza esa afirmación con «la juventud ahora está en otra honda». Y es que la venta de gargantillas aparentemente ha disminuido en los últimos años: «Se vende menos por la sencilla razón de que antes en cada casa había entre tres y cinco hijos. Ahora, en muchas de ellas solo hay uno», recalca Vicente.

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En cuanto al relevo generacional, los vendedores cada vez son más conscientes de que con ellos la tradición puede terminar. «Me daría mucha pena, ya que las tradiciones hay que seguirlas. Aguantaremos hasta que se pueda, hasta que vengamos con silla de ruedas», afirma José. Su hermano Vicente también quiso opinar al respecto. «Solo quedamos tres y cuando nos jubilemos posiblemente ya nadie. Los hijos aparentemente no quieren y los nietos todavía no lo sabemos, pero está complicado. Espero que digan 'abuelo, que sigo yo'», afirma.

Respecto a otros eneros, el de este año ha sido cariñoso con ellos. «Hemos llegado a estar aquí en eneros muy malos, con nieve en estas calles y a grados bajo cero. Este año está siendo un paseo, las temperaturas están siendo altas», reconoce Vicente a este periódico.

Asimismo, ellos son cada año los encargados de trasladar a los extranjeros las bondades de San Blas. «Mucha gente se muestra curiosa y no saben que estamos haciendo aquí. Hablamos de extranjeros, españoles de otras provincias y de todas las razas y lugares. Les contamos la leyenda y quedan fascinados», afirma José.

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