11 diciembre 2019
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Las escaleras más bellas de Salamanca

Forman parte de nuestra vida cotidiana. Las usamos y sufrimos todos los días. Las hay históricas, funcionales, atrevidas, curiosas, ornamentales, bulliciosas y artísticas. Son las escaleras, un elemento querido y denostado a partes iguales que nos hace la vida más fácil y del que Salamanca es un buen ejemplo, con un sinfín de propuestas

28 ago 2019 / 12:40 H.

Nacieron como elementos favorecedores de la comunicación y hoy en día se han convertido en el arquetipo de la barrera arquitectónica. Las hay que simplemente se crean para salvar un accidente geográfico y así facilitar la unión de dos puntos distantes. Otras nacen como estandarte de belleza, ostentación y refinamiento —toda una obra de arte—. Incluso están aquellas que buscan elevarnos a las alturas y acercarnos lo más posible al cielo.

Han sido objeto de cuentos, fábulas y novelas. Y desde tiempos inmemoriales forman parte de nuestra vida cotidiana. Las usamos y sufrimos todos los días. Son, como no podía ser de otra forma, las escaleras, tan queridas y denostadas al mismo tiempo, un elemento arquitectónico en el que se combina la funcionalidad con la fascinación. Tanto es así, que han hecho de algunas ciudades uno de sus reclamos más singulares —¡qué sería de Roma sin la escalinata de la Plaza de España!—. Su protagonismo en el devenir de las ciudades es tal, que hasta se han hecho listados con las más singulares y representativas. Aunque Salamanca no figura en esta particular selección, sí puede presumir orgullosa de contar con un buen puñado de escaleras históricas, artísticas, curiosas, sugerentes, bulliciosas y hasta fascinantes repartidas por sus calles, plazas y edificios, y que se suman, como un atractivo más, a la monumentalidad de la propia ciudad. En este listado figuran algunos ejemplos. No están todas, pero sí una amplia representación de las más significativas a tenor de sus características.

Las escaleras más bellas de Salamanca

Arranca este recorrido por las escaleras más singulares de Salamanca con aquellas que, buscando la belleza, atesoran un sentido noble e histórico como parte arquitectónica del interior de un buen puñado de edificios emblemáticos. En esta categoría es en la que se sitúa la ESCALERA DEL EDIFICIO HISTÓRICO DE LA UNIVERSIDAD, una obra maestra en talla que, realizada en el siglo XVI, evoca el camino que tiene que seguir un estudiante para alcanzar el conocimiento y la sabiduría, no exento de peligros, vicios y desviaciones. Y aquellos que lo consiguen tienen su recompensa: la sabiduría, que se encuentra apilada en los libros que atesora, en el Claustro Alto, la Biblioteca Histórica.

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A pocos metros del Edificio Histórico y sin abandonar el Patio de las Escuelas Mayores, también merece una visita lo que en su día fue el HOSPITAL DEL ESTUDIO, hoy sede del Rectorado, cuya entrada noble presenta una singular escalera del siglo XVI que comunicaba la vieja capilla con las dependencias superiores del que fuera antiguo hospital, que funcionó desde su creación en 1413 hasta el año 1810.

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También noble y de contenido histórico se antoja la ESCALERA DE HONOR DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA, una bella creación fechada en 1740 y obra de García de Quiñones, todo un ejemplo del barroco salmantino aunque en el fondo trata de recrear el estilo toscano como una especie de “nostalgia del Renacimiento”. Lo más interesante son las yeserías y estucos de la bóveda y entre las curiosidades merece apuntar los vítores que pueblan sus paredes con los nombres de los obispos que han estudiado en la Universidad Pontificia.

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No muy lejos, el visitante se topa con uno de los edificios más emblemáticos de Salamanca: la CASA DE LAS CONCHAS, el mayor ejemplo del gótico civil que atesora la Ciudad del Tormes. En su interior, un patio con doble claustro comunicados ambos por una bella escalera de tres tramos. En el primero, la imagen de un perro sostiene el escudo de los Pimentel; en el segundo es un león el que porta el escudo de los Maldonado; y en el tercero se unen los dos blasones como símbolo de la alianza de ambas familias.

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También por su originalidad, belleza y sentido histórico, merece una visita obligada la ESCALERA DE SOTO DEL CONVENTO DE SAN ESTEBAN. Su construcción data de 1553 y hace honor a su sufragador Fray Domingo de Soto, catedrático de la Universidad y padre eclesiástico del emperador Carlos V. Obra del arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, parece que se sostiene sola únicamente pegada a la pared, bien decorada con casetones y relieves de la época policromados por canteros y por la que se accede al piso superior.

Las escaleras más bellas de Salamanca

Y hablando de claustros, ningún visitante puede marcharse de Salamanca sin recorrer las dependencias del COLEGIO FONSECA, un edificio renacentista de 1521, aunque su inauguración tuvo lugar medio siglo después, que durante años ha sido utilizado como espacio escénico y que cuenta con dos alturas comunicadas por sendas escaleras claustrales (construidas al este y al oeste del patio) con balaustres adornados con hojas de acanto.

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También de uso universitario —sede de la Facultad de Filología—, aunque un poco más tardío en el tiempo, aparece la imperial escalera del PALACIO DE ANAYA, un edificio neoclásico, con un patio de doble altura conectado por tan singular construcción que da cobijo a la imagen del que fuera rector de la Universidad Miguel de Unamuno, y que tantas veces recorrió en sus devaneos universitarios.

Las escaleras más bellas de Salamanca

Y para cerrar este apartado, la escalera de la que un día fue CASA DE LOS ABARCA y hoy Museo de Salamanca, un edificio de finales del siglo XV que aún conserva muy viva toda su fisonomía. A la que se une también la escalera del AYUNTAMIENTO, una de las más bellas de la ciudad y también de las más fotografiadas, ya sea con motivo de las recepciones oficiales o por las bodas civiles que se celebran en el Consistorio. La originaria era de estilo churrigueresco y de la misma época que la Plaza Mayor, pero fue sustituida por otra modernista. Y con tintes modernistas y de postal turística se presenta la escalera sur de la CASA LIS, con sus dos terrazas ajardinadas y una gruta en el centro, y actualmente sede del Museo de Art Nouveau y Art Dèco.

En el apartado de curiosidades, el visitante no se sentirá defraudado si se desplaza hasta la Clerecía y accede a la visita de sus torres. En su interior, se topará con la ESCALERA DEL CAMPANERO, una vertiginosa construcción en madera que se ha convertido en uno de los atractivos del proyecto Scala Coeli.

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Y junto a las estructuras interiores, Salamanca cuenta también con un amplio abanico de escaleras exteriores de uso público vinculadas a edificios embleméticos. En este apartado figuran las ESCALINATAS DE LA CLERECÍA Y DE LA PONTIFICIA, que además de dar acceso a dichos inmuebles se han convertido también en punto de encuentro para turistas y en gradas improvisadas para no pocos espectáculos callejeros. Y lo mismo ocurre con la escalinata de acceso al PALACIO DE ANAYA, lugar de bullicio y de asueto para estudiantes y visitantes.

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Sin tanto protagonismo, pero no por ello menos significativas se presentan las escalinatas del COLEGIO FONSECA y las del OCHAVO (que dan acceso a la Plaza Mayor desde Poeta Iglesias).

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También exteriores y de uso público, pero sin formar parte de un edificio emblemático, aparecen las escaleras de LA RIOJANA (Gran Vía) y de la CUESTA DE LA INDEPENDENCIA (Peñuelas), que destacan por su utilidad y originalidad.

Las escaleras más bellas de Salamanca

Pero para originalidad, las escaleras de uso público, ubicadas en los barrios y convertidas en auténticas obras de arte en 2015 por el grafitero Jorge Merino, más conocido con el seuodónimo de “Nego”. Entre las más sugerentes, pero no únicas, figuran la del “TIBURÓN”, en la Vaguada de la Palma; la del “LEÓN ENJAULADO”, en la calle Luis Vives; y la de “AIR JORDAN”, en el Zurguén, todo un ejemplo de colorido, atrevimiento, destreza y singularidad que ha conseguido hacer de estas escaleras un reclamo turístico de primer orden.

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