30 mayo 2020
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La importante labor de los voluntarios de Cruz Roja en Salamanca durante el confinamiento

LA GACETA acompaña en su entrega extraordinaria de lotes a los ‘invisibles’: alimentos para padres infectados, y fármacos para los mayores y para personas sin recursos

05 abr 2020 / 19:57 H.

Suena el timbre. De un lado se escuchan voces jóvenes y amables apretando el interfono. Del otro, puertas cerradas que siguen una estricta cuarentena. “Estoy aislado porque estoy contagiado y no puedo ni bajar a la compra, vivo con mis dos hijos pequeños”, expresa a LA GACETA uno de los padres jóvenes beneficiarios de esta iniciativa. Ni siquiera cruza miradas con los voluntarios. Cuando se abre la puerta para recoger los alimentos, Maite Serrano y Jorge Tabernero, dos jóvenes cooperantes, ya descienden las escaleras de un cuarto piso cumpliendo el protocolo. Son el auxilio de unas puertas oxidadas y unos timbres que piden a gritos que alguien los pulse.

El coordinador provincial de Cruz Roja, Javier Vicente, destaca que desde que se puso en marcha el servicio extraordinario la atención se centra en la alimentación y atender las urgencias diarias de la cuarentena. La mayoría no son usuarios de Cruz Roja. "La prioridad es cubrir las necesidades básicas de las personas que tienen que estar en casa, ya sea porque están confinadas, o porque no tienen medios ", detalla. Dos son los perfiles mayoritarios: familias con niños a cargo que sus hijos estaban en el comedor escolar (el 80% de las familias atendidas son de al menos 4 miembros), y la situación comprometida de las personas mayores. La organización también tiene tarjetas para aquellas familias que sí pueden salir a la compra, pero no tienen recursos. Ya se han repartido 49 bonos.

Mascarillas y guantes es la protección de los voluntarios. Maite y Jorge, ambos jóvenes, que han optado por continuar su trabajo altruista también durante la etapa de cuarentena. Cargan la furgoneta de alimentación y productos de higiene. La primera parada es en una céntrica avenida de Salamanca. La crisis sanitaria le ha coincidido al usuario con la muerte de un familiar y la pérdida de un empleo precario que aspiraba a que fuera indefinido. "Me he quedado sin nada", confiesa con una voz entrecortada preguntándose hasta donde puede llegar la crueldad del destino.

En el siguiente domicilio, no suben alimentos, ni productos de higiene. Una mujer de 74 años deja una bolsa de basura amarilla llena a la puerta. El aparcamiento de la furgoneta de Cruz Roja concentra todas las miradas. Las mascarillas y los guantes ya no provocan curiosidad, pero sí los chalecos rojos con un inmediato 'runrun' entre los balcones. La siguiente parada exige un trayecto más largo: la recogida de medicamentos. Para ello, los voluntarios acuden primero al centro de salud, recogen las recetas y posteriormente acuden a la farmacia de la usuaria para que les den los medicamentos. En este caso, la falta de uno de los fármacos obliga a romper el protocolo para informar que será el siguiente grupo de voluntarios el encargado de acabar el "recado".

Mayoritariamente, esta ayuda se realiza en aquellas personas mayores muy vulnerables con patologías de riesgo y que tienen que seguir con su medicación crónica y no pueden ponerse en riesgo yendo al centro de salud o a las farmacias.

La furgoneta completa una de las rutas. Desde que Cruz Roja puso en marcha el servicio ya se ha recibido 575 demandas de ayuda con 616 beneficiarios, según detalla Javier Vicente, que llegan a través de diversas vías: en el teléfono de Cruz Roja (923222222), a través del 012 de la Junta de Castilla y de León y los centros de salud o del Ayuntamiento, así como de la Diputación de Salamanca. El objetivo: que el aislamiento no se convierta en una losa más para los "invisibles".

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