13 agosto 2022
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La figura diplomática con el corazón partido al servicio de sus dos naciones

Los cónsules honorarios de Perú y Uruguay en Salamanca reivindican la utilidad de la labor que desempeñan

16 abr 2022 / 17:08 H.
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PALABRAS CLAVE

Ya pueden ir olvidándose de cualquier tópico asociado a las novelas de época. No hay sede con banderita, coche oficial ni, por descontado, viven a cuerpo de rey. Los cónsules que han ejercido en los últimos años en Salamanca compatibilizan el servicio a sus compatriotas con su labor profesional privada. Tras la reciente desaparición de legaciones históricas de países vecinos como Portugal y Francia, el único consulado a pleno rendimiento es el de Perú, abierto en 2004 y con jurisdicción desde su sede salmantina para toda Castilla y León.

Los últimos cónsules en Salamanca, José Carlos Palomino Vergara y Jesús Rodríguez López, atienden a una invitación de LA GACETA para compartir sus experiencias y la historia de sus respectivos compromisos. Rodríguez, el más veterano, trabajaba como ingeniero industrial en 1995 en una misión de la embajada de España en Montevideo. “Entonces estaba naciendo Mercosur [Mercado Común de Sudamérica], con sede en Uruguay, y atendiendo al gran flujo de estudiantes uruguayos que había en Salamanca, se planteó crear aquí un consulado honorario con fines culturales”.

Después de que los vecinos Francia y Portugal cerraran sus sedes, Perú y Uruguay son los últimos bastiones en Salamanca de esta ‘diplomacia de cercanía’

Sin desatender su plaza de profesor titular de Derecho del Trabajo en la Universidad de Salamanca, Jesús Rodríguez tuvo que ocuparse a menudo de cometidos que excedían los servicios culturales para los que se había ofrecido. Hoy, ya jubilado en su profesión y con actividad consular meramente protocolaria, mira atrás y hace balance. “Creo que las instituciones locales y regionales no aprovecharon la oportunidad de haber contado en Salamanca hasta con cuatro cónsules. Así se lo dije cuando tuve oportunidad al anterior presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera. Uno tiene que ser el motor y cuesta mucho hasta que te responden. Al final de mi etapa sí tuve oportunidad de atender a empresarios que tenían intereses en Mercosur. Pero se pudo hacer mucho más”.

El día a día

A diferencia del cónsul titular que es funcionario de carrera, los cónsules honorarios no han de contar con titulación diplomática ni cobran remuneración alguna por desempeñar el puesto. En cambio, sí que perciben a modo de aranceles un porcentaje, estipulado por cada país, en función del volumen de trámites que desempeñen, y con una cantidad límite.

Los cónsules honorarios no han de ostentar una titulación diplomática ni cobran por desempeñar el puesto

La tramitación de documentación para la población peruana, como pasaportes, DNI, actas de nacimiento, matrimonio, defunción y registro civil, entre otras, ocupa buena parte del trabajo del cónsul honorario de Perú en Salamanca, José Carlos Palomino. “Ejercemos como notarios, fedatarios publicos”, apunta. También gestionan asistencia sanitaria, asisten a los detenidos y sus familiares y apoyos en sus necesidades a sus nacionales en Castilla y León. Para atender a los más de 8.000 peruanos que viven en Castilla y León [en Salamanca, unos 1.200], Palomino visita cada semana la subsede del consulado en Valladolid y una vez al mes cada una de las demás capitales de la comunidad. “Hablo con los alcaldes, promociono el consulado... Y es que muchos que lo desconocen se van cuando necesitan algo a la embajada a Madrid”.

José Carlos Palomino llegó a Salamanca hace 43 años para estudiar Medicina. En la Universidad se doctoró y ha ejercido desde entonces en la capital charra, Béjar y Zamora, a donde se desplaza puntualmente desde hace 16 años desde su residencia en Salamanca para atender las guardias como médico de Emergencias en el 112.

“A mi me ofrecieron el Consulado como agradecimiento a Salamanca”, cuenta Palomino. Con experiencia y contactos políticos en España [a su llegada, en CDS y más recientemente en Ciudadanos], fue contactado por Perú tras la caída de Fujimori para mediar con la Universidad de Salamanca en la obtención de documentación requerida para solicitar la extradición del polémico mandatario, refugiado en Japón. “El nuevo presidente, Alejandro Toledo, quería abrir un consulado en la región. Yo me ofrecí con la condición de que la sede fuera Salamanca. Esta ciudad me había enganchado el corazón”. Era 2004.

Palomino se estrenó a lo grande. Salamanca acogía en octubre de 2005 la Cumbre Iberoamericana cuando aún no había nombrado nuevo embajador en España. “En 24 horas me convertí en jefe de la misión diplomática”, recuerda con una sonrisa. La situación dio para unas cuántas anécdotas. “Yo me decía: ‘Seré muy educadito, pero ¿cómo saludo al Rey?’ Me dijeron: ‘tú trata a todos de Excelencia”. Y hubo momentos muy especiales. “Mi coche tuvo que ser habilitado como coche oficial. Vinieron los de seguridad del Estado a ponerme la banderita. Recuerdo pasear por Salamanca escoltado por dos motoristas, aparcar donde quería... y sobre todo, la cara de orgullo de mi padre. Eso me hizo feliz”.

El cónsul de Perú descalifica las críticas a la colonización: “No hay que confrontar a la gente por lo que sucedió hace 300 años”

Superado el reto, vio la necesidad de buscar apoyo institucional para hacer frente a una labor que iba a más. El Ministerio de Exteriores peruano aprobó una asignación que cubre los gastos de la asesoría jurídica encargada de los trámites legales, y el Ayuntamiento le concedió una sede en el centro cívico de Vistahermosa. “Al principio me engañaron diciéndome que habia pocos peruanos (bromea). Pero hoy hay 8.000 personas en toda Castilla y León que cuentan conmigo para sus necesidades administrativas, penales, legales... Ese creo que es el sentido del Consulado”.

La Convención de Viena de 1963 detalla las labores que corresponden al cónsul en sus distintas categorías, incluida la de cónsul honorario. Calcula en total que realiza entre 200 y 300 atenciones al mes. De todas ellas, la atención a sus nacionales en situaciones críticas son los momentos más duros.

El cónsul de Uruguay comparte esta impresión: “Al principio tuve que afrontar situaciones graves, como gestionar ayuda para familias que carecían de alimentos. También tuve que asistir a dos personas de nacionalidad uruguaya acusadas de la muerte de un hombre en León, con un asunto de tráfico de drogas por medio... Fue algo muy feo”.

Para José Carlos Palomino, la crisis de la pandemia le ha reportado los momentos más dramáticos en su misión. “Vi muchas situaciones de soledad, hambre y necesidad. A muchos que llegaban como turistas con el objetivo de buscar trabajo les tocó el virus. Se quedaron en situación irregular y había que darles cobertura sanitaria. Tengo mucho que agradecer al trabajo de Cáritas y Cruz Roja, que ayudó a mucha gente que quedó varada. Y tuvo que hacerlo con discreción: atender a extranjeros como ellos hicieron era muy delicado con el clima social que había”.

Hubo situaciones concretas que le dejaron huella, aunque hoy las recuerda con satisfacción. Como aquel viaje a León, en pleno confinamiento, para asistir a un madre peruana que iba a dar a luz. “En esos casos hay que trasladarse y dedicar las 24 horas a atender a quien lo necesita, como esperar a que nazca el bebé para gestionar la cobertura sanitaria en un hospital público, y que se cubran sus costes. Pero en ocasiones me tengo que poner duro y decir con claridad: ‘Os gestionaré vivienda y alimentos, pero no voy a daros dinero’. Son situaciones críticas, donde se manejan otros criterios éticos. La gente está asustada y desesperada, se agarran a lo que pueden y si tienen que morder, muerden”.

Estigmas

Una sencilla placa a la entrada del centro anuncia la sede consular en Vistahermosa, que se llena de peruanos en jornadas como las últimas elecciones presidenciales celebradas justo hace un año. “Me gusta ser cercano, aunque a veces el estatus del cargo obliga a mantener una distancia prudencial. Pero nada de soberbia”. El cónsul de Perú admite que la informática ha agilizado las tramitaciones que ha de realizar, pero también le ha dado más trabajo. y lamenta cada caso en que los medios de comunicación informamos de un suceso delictivo indicando innecesariamente su origen. “Cuando se va a informar de un tema punitivo, la nacionalidad de los afectados sobra. En alguna ocasión he tenido que expresar mi queja a la subdelegada del Gobierno. “Aquí un español roba y es uno más. Pero cuando se indica que el presunto delincuente es peruano, toda la comunidad se ve estigmatizada. Y como peruano y como autoridad, no me gusta que se hable mal de mi país. Ni de España: me considero “patriota binacional”.

La colonia peruana en Salamanca se caracteriza, según la visión de su cónsul, por contar con mucha cualificación profesional frecuentemente no homologada, por lo que los inmigrantes han de buscar ocupación en sectores como cuidados de tercera edad, servicios geriátricos u hostelería. “Es frecuente ver a médicos trabajando de camareros.... El título es homologable, pero tarda mucho”.

Sobre la convivencia entre los ciudadanos de ambos países, José Carlos Palomino censura las críticas de gobernantes americanos a la actuación de España durante los siglos de colonización americana. “Una vez le dije a mi actual presidente [Pedro Castillo]: ‘Es muy bonito reivindicar lo andino, pero no se olvide que usted votó con un caballo y un sombrero que llevaron allá los españoles; que tiene un apellido español y que en la población hay mezcla. No hay que confrontar a la gente por lo que sucedió hace 300 años. Y que no olviden que gracias a España tenemos lengua, religión y cultura. Esa creo que es mi función como cónsul, junto a la de ser útil a la gente ayudándoles en sus necesidades ‘de a poquito”. Es mi satisfacción más bonita”.

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