26 mayo 2022
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Julio, el hombre que duerme bajo cero en el pasaje de la Plaza Mayor

Ha pasado los días más gélidos del inicio del año protegido tan solo por unos cartones. Esta semana llegó al límite y pidió auxilio a Cruz Roja: quiere dejar la calle y las drogas

23 ene 2022 / 10:05 H.
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Julio, nombre que elige para proteger su identidad, tiene unos ojos azules penetrantes raídos por pequeñas venas rojas que le atraviesan las pupilas. La mascarilla le protege una expresión que dejó de ser dura hace tiempo. Apenas supera los 40 años, pero los pliegues de los párpados dibujan muchos más. “Yo ya conozco la otra cara de la moneda. Llevo demasiado tiempo en ella”.

La bajada extrema de las temperaturas le pilló en la calle, donde cronificó los temblores y aprendió a olvidar que nadie le mirara a los ojos. En concreto, desde septiembre alternando ciudades pero coincidiendo en la precaridad. Su hogar, en las últimas semanas era el pasaje de la Plaza Mayor donde “estaba protegido”. “Me protegía con los cartones y mantas que me daban los vecinos”. Pero, el hielo cada vez se clavaba más entre los dedos. “Hay días que no podía pegar ojo en toda la noche por miedo a morir congelado”, reconoce sobre una situación que le ha hecho precipitar el cambio. “Muere gente en la calle por el frío y yo no quería ser un número más. Hoy estoy en la calle, pero mañana lo mismo ni siquiera estoy. Y eso ya no lo quiero más”, asume.

Julio habla tras pasar varios días en el Centro de Atención a Personas sin Hogar de Cruz Roja. Tras pasar por el calor de una cama bajo techo. “El frío mata gente y a la gente parece que le damos asco, pero no entienden que yo hace unos años tenía una familia con la que me iba de vacaciones y hacía vida normal”, traslada antes de iniciar una reflexión: “Yo no estaba en la calle porque me apeteciera. Si estoy tirado en el suelo, es porque tengo problemas”. Trata de concienciar de que las personas que se encuentran sin hogar durmiendo en la calle no son un ‘rara avis’. Lo intenta poniendo su ejemplo, tratando de evitar detalles que le identifiquen. “Cualquiera puede caer en perder el trabajo, entrar en una depresión tener carencia de dinero y te quedas sin familia, hogar y trabajo en un segundo”.

Piensa en las “malas contestaciones”, las “risas”, los “gritos”, el “cachondeo” que escucha mientras se hace el dormido. Apenas sueña. También elige los momentos que le dibujan sonrisas en el rostro y le hace levantar los pómulos. Como aquel grupo de jóvenes que se acercaron para darle un café caliente y se pararon a escuchar. “Que importante es que no te den la espalda por estar en la calle”, reconoce. También se queda con el vecino que le bajó un nórdico.

Ha acudido al Centro de Atención para Personas sin Hogar con el objetivo de que no sea una ayuda temporal. “Yo mismo he tomado la decisión de que quiero llevar otra vez las riendas de mi vida, porque esto...—se señala con el dedo índice— no es vida”. El primer paso para ello es querer dejar atrás las adicciones y también lo ha dado. Ayer pasó por la consulta del médico, el trabajador social e inició el tratamiento ambulatorio para intentar dejar atrás las drogas de una vez. “Llevo 9 años de recaída, pero esta es la definitiva porque esto no puede ser algo temporal y que en diez días vuelva a caer en lo mismo”.

Trata de buscar una “salida”. Daniel, el trabajador social responsable del Centro de Atención para Personas sin Hogar, le guía para que traslade a su médico de familia el nuevo tratamiento. Mañana se abrirá el protocolo para tratar de sacar a Julio de la calle. Solo él conoce la dirección. “Nadie me ha convencido. Por eso, sé que esta vez funcionará”.

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