15 diciembre 2019
  • Hola

El reto de poner freno a las enfermedades renales se investiga en Salamanca

Diagnosticar y curar: ésta es la máxima. Pero con la medicina personalizada, el gran reto es la prevención: anticiparse a la enfermedad. Esto es lo que buscan en el campo de las patologías renales y cardiovasculares los investigadores Ana Morales, Francisco López-Hernández y Carlos Martínez-Salgado

02 abr 2019 / 09:54 H.

Vivir más y mejor. Esta es la máxima sobre la que se asienta la sociedad del bienestar. Ganarle años a la vida y vida a los años se ha convertido no solo en un eslogan para las actuales generaciones, sino también en un objeto de deseo. Pero, como todo en la vida, nada resulta gratis. La conquista del tiempo, a base de dotarle al ser humano de más años de vida, tiene sus contraprestaciones. Entre ellas, las enfermedades, que, lejos de remitir, lo cierto es que se multiplican, aunque en no pocas ocasiones se consigan atajar o bien minimizar sus efectos. Pero no siempre ocurre así. En otras muchas, se imponen al propio ser humano y acaban por acortar su progresión vital. Algunas se muestran de improviso y con efectos devastadores. Otras, se dan a conocer más lentamente y, en ocasiones, sus efectos no son tan nocivos. Pero las hay también que resultan silentes y que con el paso del tiempo se transforman en crónicas, que, sin ser mortales (otras veces lo son), sí provocan una disminución en la calidad de vida. Luchar contra todas estas enfermedades es el objetivo que persiguen no pocos grupos de investigación de todo el mundo. También contra estas últimas —las silentes—, especialmente en lo que respecta a las enfermedades renales y cardiovasculares. En este campo Salamanca tiene mucho que decir. No en vano, actualmente cuenta con un grupo de investigación de referencia que desde hace varios años trabaja en la detección, diagnóstico y prevención de estas patologías con resultados más que singulares.

El grupo está integrado por más de veinte miembros y se dedica al estudio de las enfermedades renales

Como también singular es la composición de este multidisciplinar grupo, que con cuatro años de vida mantiene muy viva la llama de una tradición investigadora de más de dos décadas. Y es que lo que un día fueron tres grupos independientes de investigación, hoy conforman el macroproyecto que lleva por nombre Investigación Traslacional en Enfermedades Renales y Cardiovasculares, resultado de la unión de dos grupos vinculados al IBSAL (Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca): el dirigido por Francisco López-Hernández, orientado especialmente al desarrollo de herramientas de diagnóstico y prevención; y el coordinado por Carlos Martínez-Salgado, centrado en el daño renal y cardiovascular. Y junto a ellos, el grupo de la Universidad de Salamanca dirigido por Ana Morales Martín y especializado tanto en la toxicología renal como en los pronósticos de pacientes con insuficiencia renal. Los tres son ahora codirectores de este nuevo grupo.

Con intereses comunes y con el objeto de compartir todo tipo de recursos (materiales, intelectuales, humanos...), nace, por tanto, este megagrupo —no en vano está integrado por más de una veintena de miembros— dirigido al estudio traslacional de las enfermedades renales, especialmente las crónicas, y cardiovasculares asociadas, como pueda ser la hipertensión, la diabetes y las relacionadas con un origen tóxico, entre otras.

“Tratamos de anticiparnos a la enfermedad mediante la detección del riesgo de padecerla”

Aunque el foco está puesto en dichas enfermedades, el objeto de trabajo es más amplio. Así lo comenta el profesor Francisco López-Hernández: “Nos interesa conocer los mecanismos que conducen a las enfermedades, pero también el desarrollo de nuevas formas de diagnóstico que nos permitan detectar mejor o de forma más específica esas enfermedades; pero al mismo tiempo, desarrollar formas de terapia o de prevención que impidan nuevas enfermedades o si han aparecido que se resuelvan de la mejor manera posible”, aclara este investigador, consciente de que las líneas abiertas son dispares y las aportaciones discretas. Aunque puestos a resaltar una, sin duda alguna, la aportación más singular de este grupo está relacionada con la prevención de la enfermedad renal. “Tratamos de anticiparnos a la enfermedad mediante la detección del riesgo de padecerla”, subraya López-Hernández, quien constata el interés del grupo por identificar biomarcadores en el organismo “que cuando se alteran nos puedan indicar que esos individuos tienen más riesgo de padecer estas enfermedades”, sentencia.

“No buscamos la población general, sino aquellos grupos que va a estar expuestos a algún tipo de daño”

Para conseguir lo que muchos han dado en llamar medicina personalizada, este grupo lleva años estudiando diferentes escenarios y situaciones. Entre ellas, la de pacientes que van a recibir quimioterapia, pero también aquellos que necesitan pruebas de contraste e incluso el análisis de personas fumadoras y su vinculación con el daño renal. “Lo que buscamos ya no es la población en general, sino a aquellos grupos que van a estar expuestos a algo que sabemos que va a ser tóxico y que les va a provocar algún tipo de daño renal”, anota la profesora Ana Morales, consciente de que con la identificación de estos biomarcadores “seremos capaces de identificar quienes van a desarrollar alguna enfermedad y quienes no”. Y tras estos ensayos llegarían otros muchos, ya que el objetivo final es abarcar cuantos más campos mejor y así desembocar en una investigación integral y traslacional que llegue al paciente.

Hasta la fecha el grupo ya ha identificado diferentes marcadores en modelos animales y ahora los están poniendo en contexto clínico, “y los resultados son prometedores”, reconoce Ana Morales, quien destaca los estudios piloto que se están realizando en algunos pacientes y que son capaces de identificar quienes tienen el riesgo de padecer estas enfermedades y aquellos que no lo tienen.

“No estamos en la investigación para ganar dinero; si fuera así, nos iríamos a una farmacéutica”

Y aunque pueda parecer una investigación susceptible de tener muchos padrinos, lo cierto es que este grupo salmantino es pionero en esta línea de investigación. “Cada grupo tiene su área específica y no conocemos ninguno en España ni fuera que esté trabajando en estos marcadores de prevención”, subraya el profesor Carlos Martínez-Salgado, quien destaca las colaboraciones que mantienen con otros equipos nacionales y extranjeros que siguen líneas parecidas.

Y junto a la innovación, otra característica propia de este grupo —y que tan buen resultado le está dando— es su organización, que resulta un tanto singular. “El grupo está estratificado en función de la experiencia de los investigadores, por tanto las tareas se reparten en función de dicha experiencia”, comenta Ana Morales. “Somos un grupo muy grande y para que funcione bien tenemos que tener muy bien repartidas las funciones”, aclara Martínez-Salgado, para quien la investigación “no es un trabajo, sino un auténtico placer, pues estamos haciendo lo que realmente nos gusta. Somos unos afortunados”, sentencia.

“El grupo está estratificado en función de la experiencia de los investigadores y así se reparten las tareas”

Pero además de la experiencia, el buen funcionamiento requiere de una buena organización. En este sentido, el grupo realiza muchas reuniones y bien estructuradas. “Todas las semanas tenemos establecidas horas de reunión concretas; también hacemos seminarios periódicos y científicos para todos los miembros del grupo”, anota Ana Morales. Y como prueba de dicha organización, en todas las reuniones se cuenta con un orden del día. “Es la única forma de llevar bien un grupo tan numeroso”, aclara Carlos Martínez-Salgado. Y no queda aquí la cosa. El grupo cuenta también con unas normativas internas para todo y con protocolos normalizados de trabajo. “Y también tenemos responsables de todo, de las diferentes áreas. Aunque a veces el día a día es el que te marca el devenir, pues llegan sorpresas que tienes que corregir y solucionar sobre la marcha”, apunta Morales.

Pero junto a una buena planificación, el equilibrio de un grupo lo marca también el ambiente que se respira en su interior y, en este sentido, este equipo rezuma buena sintonía por los cuatro costados. “El mérito no es nuestro, sino de los miembros del equipo; son ellos quienes hacen posible este buen ambiente de trabajo y hasta personal”, afirma Ana Morales. “Y es que el trabajo cooperativo es fundamental en este tipo de investigaciones y todos lo saben”, apostilla Carlos Martínez-Salgado.

Aunque la investigación es una tarea muy vocacional, los directores de estos grupos se topan con una dificultad añadida: el exceso de burocracia, que resta horas a la labor investigadora. Pero también la falta de recursos humanos, que lleva a estos grupos a tener muchas dificultades para conseguir contratos estables. Pero todo eso se ve compensado con el propio trabajo. “La satisfacción personal te compensa todo”, confirma Ana Morales, consciente de que un investigador no tiene horas, ni festivos, ni fines de semana. “Pero nos gusta y lo hacemos con satisfacción. Además, ningún día es igual a otro. Es un trabajo dinámico y nunca estás aburrido ni tedioso”, confiesa Ana Morales codirectora junto con Carlos Martínez-Salgado y Francisco López-Hernández del grupo de investigación Traslacional en Enfermedades Renales y Cardiovasculares.

“El investigador no tiene horas, ni festivos, ni fines de semana, pero nos gusta y lo hacemos con satisfacción”

Y es que ninguno de los tres está en el mundo de la investigación y de la docencia para ganar dinero. “Si fuera así, nos iríamos a una farmacéutica”, subraya Martínez-Salgado, consciente de que dar ese salto acarrearía desprenderse de toda libertad investigadora y someterse a los designios que marque la empresa. “Si eres investigador vocacional, tienes que estar en el entorno de la investigación básica y clínica”, confiesa este docente e investigador.

Aun así, la relación con la empresa —entra ellas las farmacéuticas— es fundamental e imprescindible para cualquier grupo de investigación. “Nosotros hacemos la investigación básica que demanda la sociedad y después es la empresa la que la pone en marcha”, afirma Ana Morales, consciente de que toda investigación debe buscar también un rendimiento económico, “para que revierta a la institución que nos acoge, ya sea la Universidad o el IBSAL”, concluye.

EQUIPO. El grupo nace hace cuatro años gracias a la fusión de otros tres grupos (dos del IBSAL y uno de la Universidad). El objetivo: compartir intereses y también recursos. Hoy en día son un referente en la investigación de enfermedades renales y cardiovasculares.

INTEGRANTES. El grupo está codirigido por Ana Morales, Francisco López- Hernández y Carlos Martínez-Salgado, e integrado por Isabel Fuentes, Daniel Muñoz, Alfredo Casanova, Ana Estévez, Marta Prieto, Sandra Sancho, María Paniagua, Teresa Hernández, Annette Düwel, Laura Vicente, Yaremi Quirós, Omar Hidalgo, Giampiero Andrea, Paula García-Cruces y Anabel Barrios.

LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN. El estudio de diferentes enfermedades renales y cardiovasculares, desde la detección, el diagnóstico y la prevención. Son todo un referente en la identificación de biomarcadores en el organismo que detecten aquellos pacientes con riesgo a padecer estas enfermedades y así poder anticiparse.