14 octubre 2019
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El ‘quirófano’ de libros de la Pontificia

Desde julio, la Biblioteca Vargas-Zúñiga tiene su propio taller para reparar las obras

11 oct 2019 / 17:59 H.

Con motivo del Día Internacional de la Conservación y la Restauración, la Biblioteca Vargas-Zúñiga de la Universidad Pontificia ha abierto esta semana al público su taller de restauración, una especie de quirófano de libros y otros documentos de archivo, en el que se hace un chequeo de los volúmenes para su posterior diagnóstico y tratamiento, e incluso si fuera necesario, reanimación.

Desde el pasado verano, Katia Martín Polo se ha convertido en la “cirujana” del amplio fondo histórico de la Pontificia, más de 35.000 volúmenes. Titulada en Conservación y Restauración de Documento Gráfico, ha trabajado en talleres privados fuera de Salamanca y conoce de cerca todas las técnicas. En este sentido, explica que en los últimos tiempos ha habido un resurgimiento de las técnicas orientales, incorporándose a los talleres el uso de adhesivos como el almidón, que se prepara con trigo purificado al baño María y se tamiza para darle más soltura a la hora de adherir. En Europa hasta hace poco era muy habitual el uso de colas, pero Katia Martín prefiere el almidón porque dice que es innocuo para el papel y las tintas si no son solubles.

En su particular laboratorio situado en una sala de la biblioteca, la experta cuenta con lápices de vapor para despegar papeles, espátulas, pinceles, aspiradores, geles y esponjas de látex, una gran variedad de herramientas que Katia Martín utiliza de forma minuciosa y con mucha paciencia, pues restaurar una obra del siglo XVII que requiere una intervención completa puede llevarle dos meses. En el caso de los libros es preciso comenzar con la limpieza de la obra, página por página, para después desmontarla por completo y proceder a reintegrar todo el cuerpo del libro cosiendo en un telar la costura de acuerdo al patrón que tenía la obra. A continuación se arregla la portada reparando la madera, si tiene este material y la piel que la cubre. En otros casos se trata de pergaminos. Las técnicas de adaptan a cada caso concreto.

“No se falsea nada y siempre buscamos que la obra vuelva a ser funcional”, explica la restauradora que ahora mismo está trabajando también en un rollo ilustrado de catequesis, donado por el profesor José Ramos, con litografías coloreadas, editadas por José Vilamala e ilustradas por Joan Llimona y Dionisio Baixeras. Es uno de los poquísimos, o quizás el único, ejemplar completo de esta obra.

LA RESTAURACIÓN, PASO A PASO

El ‘quirófano’ de libros de la Pontificia

1. Vapor para retirar los parches

Con un lápiz de vapor o geles y una espátula, la restauradora retira los parches de papel de restauraciones anteriores en un rollo ilustrado de catequesis del siglo XIX. Trabaja por estratos hasta llegar a la zona del adhesivo.

El ‘quirófano’ de libros de la Pontificia

2. Limpieza de la zona

Para quitar el adhesivo del parche es necesario limpiar la zona con isótopos hasta que queda completamente limpia y se puede ver si alguna pérdida o grieta que hay que reparar.

El ‘quirófano’ de libros de la Pontificia

3. Almidón para hacer un injerto

Si hay una pérdida se hace un injerto con un papel de características similares, pero de mejor conservación, que se desfleca con el bisturí, y se adhiere con el almidón que se prepara artesanalmente al baño María y se tamiza.

El ‘quirófano’ de libros de la Pontificia

4. Eliminación de los trozos de celo

Otro de los problemas habituales con el que se encuentran los restauradores son celos utilizados para unir roturas. En ese caso, se trata de levantar con el lápiz de vapor o con calor colocando un papel de poliéster por encima. Así se consigue reblandecer la zona hasta que se puede extraer el celo.

El ‘quirófano’ de libros de la Pontificia

5. Tisús de fibras vegetales para unir

Retirados los celos se procede a unir la zona con tisús de fibras vegetales. Es importante que sean largos para que la unión perdure porque, según explica la restauradora, el problema de los papeles es que pierden la fibra.