24 octubre 2021
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El primer oro líquido de Salamanca

Hasta ahora se desconocía el uso del aceite de oliva antes de la época romana, pero el análisis de biomarcadores muestra que en Salamanca ya se elaboraba hace 2.500 años

28 ago 2021 / 18:48 H.
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Antes de abandonar la casa del “patriarca” para asentarse en el teso de las Catedrales, se dejaron sobre uno de los poyos interiores de la cabaña “dos tacitas posiblemente usadas como candiles para iluminarse” mediante grasa animal o aceite de oliva. La escena se desarrolla aproximadamente hace 2.500 años en una aldea amurallada de unas doscientas personas a orillas del Tormes. Es la Salamanca de la primera Edad de Hierro.

Así, lo describe el equipo de investigación dirigido por Antonio Blanco (Universidad de Salamanca) y los arqueólogos Cristina Alario y Carlos Macarro (Ayuntamiento de Salamanca), cuya última excavación en el Cerro de San Vicente no deja de deparar sorpresas. Tras los últimos hallazgos de piezas de origen egipcio y de culturas del Mediterráneo oriental llegadas a través del comercio fenicio —como el amuleto de la diosa Hathor—, hoy podemos saber que en la primera Edad de Hierro ya se elaboraba aceite de oliva en aquella vieja Helmántica.

Los estudios de biomarcadores realizados por Laura Tomé y Carolina Mallol, de la Universidad de La Laguna (Tenerife), colaboradoras en esta investigación, confirman que en algunas de las viviendas próximas a la del “cabeza” de familia del poblado que dio origen a Salamanca “se elaboró aceite, tal vez usando pequeñas almazaras o prensas portátiles”. “Hasta ahora desconocíamos el uso de aceite de oliva antes de la época romana”, destacan los responsables de estos trabajos, apoyados por la Concejalía de Patrimonio del Ayuntamiento y la Universidad.

“La excavación ha revelado una imagen insospechada de aquellas gentes de mediados del primer milenio antes de Cristo. Se han encontrado pruebas de los precedentes más antiguos de muchas costumbres y saberes del mundo rural español”, explica el grupo de investigación, ilusionado con sus hallazgos. En el interior de la vivienda objeto de estudio, la más grande y posiblemente escenario de habituales comidas comunitarias, ha aparecido “una inusual abundancia” de molinos para moler cereales. Esa es precisamente una de las pistas que llevan a pensar que en esta cabaña de adobe, cuyos restos hoy pueden visitar salmantinos y turistas, se elaboraba un volumen mayor de alimentos que en otras de las construcciones cercanas.

La casa I del Parque Arqueológico de Salamanca, como la han denominado los arqueólogos —la que aparece en la fotografía de esta página—, es en la que, por su carácter excepcional, se centró la excavación realizada el pasado junio. Y algo debe de tener de extraordinario porque en menos de dos meses desde el trabajo de campo no ha dejado de dar sorpresas y aportar nuevos conocimientos sobre la Salamanca de la recta final de la prehistoria. Sus paramentos y las sucesivas capas de “ladrillos” de adobe muestran que fue utilizada durante varios siglos. “Sus suelos de barro se rehicieron periódicamente, porque hemos reconocido sucesivas lechadas de arcilla”, explican los arqueólogos. Sus dimensiones y estructura confirman que no fue una vivienda cualquiera.

Tiene dos poyos —bancos corridos internos— frente al resto, que solo cuentan con uno. La forma trapezoidal de su hogar central “recuerda a una piel de toro extendida de connotaciones tartésicas, tal y como se hacía en ambientes fenicios y en el suroeste peninsular”, explican los expertos. Y a las piezas de origen egipcio recién encontradas, se suma también “el abandono ritualizado en el siglo IV a.C. mediante un intenso fuego intencionado y mantenido de la vivienda”, el primero del que se tiene constancia en la historia de Salamanca, como ya informó este periódico.

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