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La sede del INSS, en el paseo de Canalejas. ALMEIDA
El edificio 'inteligente' del INSS vuelve a hacer agua

El edificio 'inteligente' del INSS vuelve a hacer agua

Solo dos años después de destinar 180.000 euros a reparar goteras, reaparecen en otra zona de la construcción

Martes, 16 de abril 2024, 06:00

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En 2022 las arcas estatales destinaron 180.000 euros a intentar atajar las filtraciones en la sede conjunta de las Direcciones Provinciales de la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS) y del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) de Salamanca. Goteras debido a las cuales el vestíbulo del edificio «inteligente» ofrecía un «lamentable aspecto», según recogía el propio proyecto de reparación. Pese a aquella inversión, «en el hall siguen teniendo que ponerse algún cubo de vez en cuando», apuntan quienes trabajan en él. Dos años después de esa última reforma, el inmueble en cuya construcción el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero invirtió 29 millones de euros sufre nuevos achaques. Han vuelto a aparecer las goteras, aunque en una zona diferente de las instalaciones. Por ello, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, a cuyo frente se encuentra Elma Saiz, acaba de encargar la redacción de otro proyecto para la reparación de la impermeabilización de la última planta de la torre sur. Si hace dos años el problema llegó por la amplia cubierta vegetal del primero piso, ahora las filtraciones afectan al octavo, sobre el que se encuentran las unidades exteriores de climatización.

Encargado por 7.260 euros —IVA incluido— al arquitecto Moisés Gómez Crego, según recoge la Plataforma de Contratación del Sector Público, el proyecto debe estar listo en tan solo un mes, aproximadamente a mediados de mayo, con lo que, si se acelera la contratación los trabajos, podrían llegar a acometerse este mismo año. Dado que habrá que desmontar parte del techo, a la ahora de ejecutar la intervención habrá que tener en cuenta previamente la mejor época para hacerlo, cuando se esperen menos precipitaciones, circunstancia que puede retrasar la actuación. A partir de las deficiencias y los daños que se localicen en la cubierta durante la redacción del proyecto, se determinarán las obras e inversión necesarias para acabar con las filtraciones que se producen en la parte alta del edificio durante los meses más lluviosos.

El diseño de edificio por el que se optó cuando el salmantino Jesús Caldera se encontraba al frente del Ministerio de Trabajo prescindía de los tejados tradicionales y apostaba por cubiertas planas y en algunos casos, como las de la primera planta, vegetales. No obstante, los sistemas de aislamiento que se eligieron para la construcción no han dado un buen resultado. En la memoria justificativa de las obras realizadas en 2022 se exponía que las filtraciones y goteras en el vestíbulo del edificio inaugurado en 2006 ya se venían «produciendo desde hacía algún tiempo» según se recogía en diferentes informes. «Desde el momento de su detección y simultaneándose con el inicio de los expedientes administrativos de contratación para su reparación, con el fin de evitar en la medida de lo posible los daños y riesgos que provocan estas importantes goteras, se han ido adoptando medidas provisionales que han resultado claramente insuficientes, agravándose los daños en función de las condiciones climatológicas», señalaba ya ese documento de hace dos años. «Con independencia del visible y lamentable aspecto que presenta esta situación en el vestíbulo de un edificio público y de atención al ciudadano, existe un claro riesgo de accidente para las personas en este centro debido a que, los días de lluvia o nieve, el suelo del vestíbulo, a pesar de las actuaciones puntuales del personal de servicios, se vuelve resbaladizo», remataba el informe previo a la reparación de la cubierta del primer piso.

Y, pese a haberse acometido la reforma en 2022 para corregir esos problemas, los trabajadores aseguran que en días de mucha lluvia continúan registrándose filtraciones. Ahora, el problema se presenta en la octava planta de la torre sur de las dependencias situadas en el número 129 del paseo de Canalejas. En ella no hay cubierta vegetal, pero, a pesar de ello, el sistema de aislamiento ya evidencia que está muy deteriorado sin que ni siquiera hayan pasado dos décadas desde que se instaló.

Ni para el sol ni para la lluvia

«Un inmueble de arquitectura actual, moderna e impecable». Fueron las palabras con las que el ministro socialista Jesús Caldera describió en su inauguración la sede del Instituto Nacional de la Seguridad Social de Salamanca, un edificio que se proyecto en 2001 bajo el Gobierno de José María Aznar y se puso en servicio en 2006 con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa. Pero poco tardó en comprobarse que la construcción que se calificó de «inteligente» no se había diseñado ni para las altas temperaturas ni tampoco para la excesiva lluvia.

En verano de 2019 el Gobierno central contrató una empresa para que instalase toldos en las ventanas debido a las altas temperaturas que se alcanzaban en el interior de las oficinas, un problema que el sistema de aire acondicionado que se había instalado en el edificio no era capaz de solventar. El Ministerio de Trabajo, a cuyo frente se encontraba hace cinco años Magdalena Valerio, explicaba que, al estar totalmente acristalado el edificio, las oscilaciones térmicas eran constantes, al igual que el sobrecalentamiento en las áreas de trabajo orientadas al sur y sureste en los días soleados. Además, reconocía que los sistemas de climatización no podían corregir el problema, algo que el personal había podido comprobar durante los trece años que llevaban en funcionamiento las oficinas. Además, el aire acondicionado ya había dado problemas en 2015. Ante ello, se optó por instalar setenta toldos, como medida para reducir las altas temperaturas que se llegaban a alcanzar en las dependencias del paseo de Canalejas.

Tras el «parche» de 2019 para hacer frente al calor, en 2022 el Ministerio tuvo que hacer frente a los problemas que las lluvias que generaban el edificio. Las filtraciones, humedades y goteras no aparecieron por primera vez ese año. Según los informes y la memoria de las obras, los daños generados por la deficiente impermeabilización se venían repitiendo desde hacía años, pero no fue hasta ese momento cuando se decidió contratar por 180.000 euros una obra para acabar con las filtraciones que la cubierta vegetal del primer piso estaba generando y que obligaba a poner cubos en el vestíbulo de entrada para recoger el agua que caída desde el techo. Ahora, las goteras han aparecido en otra parte del complejo.

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