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Castor, junto a su rosal. L. G.
La curiosa historia detrás del rosal más bonito de Salamanca

La curiosa historia detrás del rosal más bonito de Salamanca

Castor y Loreto plantaron este árbol hace seis años y, desde entonces, no han dejado de recibir halagos

Viernes, 17 de mayo 2024, 19:03

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Castor y Loreto llevan viviendo cerca de 30 años en el número 75 de la Avenida de los Cipreses. Desde entonces, no han dejado de compartir con sus vecinos una de sus pasiones: las flores. Prueba de ello es el rosal que tienen a las puertas de su casa, que tanto colorido viene aportando a la calle desde hace exactamente seis años. Ese es el tiempo de vida que tiene su pequeña plantación, pero no la única. Porque esta familia, que se muestra tan entusiasmada a la hora de hablar de su afición, lleva viviendo de la agricultura casi toda la vida y ha recibido más de un halago de la gente que les rodea por el mero hecho de tener el que puede ser considerado el rosal más bonito de la capital.

Imagen del rosal ubicado en el número 75 de la Avenida de los Cipreses.
Imagen del rosal ubicado en el número 75 de la Avenida de los Cipreses. L. G.

«Mi marido es un loco de las plantas. Se puede pasar horas y horas con las flores. Este rosal tiene seis años de vida. Su cuidado requiere de mucho tiempo. Nos da mucho trabajo. Por eso, pedimos a los vecinos y a la gente que pasa por la calle que lo cuiden tanto o más que nosotros», asegura Loreto para LA GACETA, haciendo alusión a que alguna que otra vez han tenido que lidiar con algún acto vandálico en el que les han arrancado algunas flores, les han atado heces de perros al árbol o, directamente, han intentado crear un pequeño acceso para alcanzar dicha plantación, cuyo origen radica en Extremadura.

Imagen del huerto que Castor y Loreto tienen en su casa.
Imagen del huerto que Castor y Loreto tienen en su casa. L. G.

«Todos los vecinos nos dicen que alegra muchísimo la apariencia de la calle. Este año, está más bonito porque ha llovido y eso le ha dado mucha vida. Tiene un color especial», asegura orgullosa Loreto Santiago, haciendo alusión a su marido, Castor, que cada mañana dedica algo de tiempo en arreglar tanto el balcón como el huerto que la pareja aguarda en el patio interior de su domicilio. Y es que en él, no solo plantan flores, sino que tampoco faltan las verduras. «Cuando entramos a vivir aquí, no teníamos claro que esto fuese a ser un huerto. Sin embargo, la pasión que siente mi marido y que me ha contagiado ha derivado en este tan pequeño y que tanto cuidamos. Junto a las plantas de mi vecino, lo cuido como si fuese un hijo», rememora añadiendo que uno de los principales inconvenientes que tiene el tener tantas flores es «el gran gasto de agua» que se hace para mantenerlas.

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