14 agosto 2022
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Así fue la Salamanca tropical

Viajar a lo que fue la Salamanca de hace 45 millones de años es posible visitando la colección de vertebrados fósiles del Eoceno de la Sala de las Tortugas, una de las más importantes de Europa. Cerrado por falta de personal, el patrimonio hoy oculto en los sótanos de Ciencias atesora potencial para convertirse en el gran museo paleontológico de Castilla y León

28 jun 2022 / 17:08 H.
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No desearías encontrártelo en tu camino. Es el mayor depredador por estos lares. Corre dos veces más rápido que tú, puede llegar a medir hasta 4 metros de largo, cerca de 1,30 m de altura y su aspecto te suena de las películas. Pero no, no es un velociraptor. En cualquier caso, como te atrape, estás perdido. Sus dientes aserrados son auténticos puñales, y su mordedura es la más fuerte, cerca de una tonelada por centímetro cuadrado. No puede ser: estabas en Aldealengua y has viajado en la máquina del tiempo hasta hace 37 millones de años. Pero en el Eoceno los dinosaurios estaban extinguidos. ¿Qué está pasando?

Un imaginario viajero salmantino del tiempo podría vivir esta terrorífica escena si se topara con un Iberosuchus, cocodrilo terrestre que vivió en la parte emergida de lo que hoy es la Península Ibérica y que, como los últimos cocodrilos corredores de Europa, fueron herederos de los dinosaurios tras la extinción de estos hace unos 65 millones de años. La especie Iberosuchus macrodon fue descrita tras un hallazgo en la zona de Lisboa en 1975 pero los dos cráneos más completos que existen en el mundo de esta pavorosa fiera del Eoceno se encuentran en unas vitrinas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca.

La Sala de las Tortugas expone desde 1988 restos de vertebrados que habitaron la Cuenca del Duero

Este templo de la paleontología, conocido como la Sala de las Tortugas, expone desde 1988 una colección de vertebrados, fundamentalmente tortugas, cocodrilos, peces y mamíferos que habitaron la Cuenca del Duero en el Eoceno. Se denomina así a la época geológica de la Tierra comprendida en la Era Cenozoica que transcurrió entre los 56 y los 34 millones de años atrás. Al comienzo de este lapso temporal, la temperatura, los niveles de mar y la concentración de CO2 eran significativamente más altas que las actuales. Es el Óptimo Climático del Eoceno temprano que elevó seis grados la temperatura media del planeta en ‘solo’ 20.000 años, se alteraron los océanos y la atmósfera, se aceleraron las extinciones de especies y se propició la aparición de linajes de los actuales mamíferos. Justo después de esta crisis climática tuvo lugar la expansión y evolución de los reptiles que se encuentran en la cuenca cenozoica del Duero, representados en la sala. La cuenca del Duero entonces no vertía hacia el Atlántico, sino que tenía un drenaje interno (endorreísmo) y estaba dominada por ríos en las zonas periféricas y lagos someros en las zonas centrales de la actual región castellana y leonesa.

Muestra de varios osteodermos, placas óseas que cubrían la piel del Iberosuchus.
Muestra de varios osteodermos, placas óseas que cubrían la piel del Iberosuchus.

El territorio que comprende la Salamanca de hoy formaba parte de una de las islas subtropicales. El desplazamiento hacia el norte de la placa africana generó a partir del Eoceno los sistemas montañosos de la península y configuró, junto con el brazo de mar surpirenaico, un espacio geográfico aislado que produjo especies endémicas. Esta es la gran importancia que tiene la colección de la sala para el estudio de la evolución de los reptiles en la península.

La Sala reúne cerca de 1.200 restos de Neochelys salmanticensis, especie descrita por Emiliano Jiménez

Los hallazgos obtenidos en las excavaciones que inició el equipo del profesor Emiliano Jiménez en 1966 se extendieron hasta 1992 en las provincias de Salamanca, Zamora y Soria, donde afloran las rocas más antiguas (principalmente del Eoceno) del Cenozoico de la Cuenca del Duero con vestigios de faunas fósiles subtropicales.

De los 11 yacimientos explotados, la mayoría en Zamora, los más antiguos son del Eoceno Inferior o Eoceno Medio inferior y se localizan en las proximidades de Zamora capital, en la zona de Cubillos-Monfarracinos y Sanzoles, pero también en las localidades zamoranas de Corrales del Vino, Casaseca de Campeán, Jambrina, Madridanos y Santa Clara de Avedillo. Algo más modernos son los yacimientos salmantinos de Cabrerizos y San Morales y el importante yacimiento soriano de Mazaterón, todos ellos del Eoceno Medio superior. Los yacimientos más modernos del Paleógeno con fósiles en la Sala de las Tortugas están de nuevo en Zamora (Castrillo de la Guareña) y tienen una edad Eoceno superior y posiblemente Oligoceno.

El profesor de Geología Ildefonso Armenteros observa de cerca los restos de un cráneo fosilizado de un ejemplar juvenil de Iberosuchus macrodon.
El profesor de Geología Ildefonso Armenteros observa de cerca los restos de un cráneo fosilizado de un ejemplar juvenil de Iberosuchus macrodon.

Hoy día la colección de vertebrados fósiles del Eoceno que reune la Sala de las Tortugas es una de las más importantes de toda Europa, con cerca de 25.000 ejemplares catalogados. La sala de la Columna del Edificio Histórico de la Universidad fue en 1988 el primer emplazamiento de esta muestra y en 2000 fue trasladada a una dependencia en los sótanos de la Facultad de Ciencias.

Dibujo de Raúl Martín del Iberosuchus macrodon, el principal depredador que reinaba hace 37 millones de años en lo que hoy es Salamanca.
Dibujo de Raúl Martín del Iberosuchus macrodon, el principal depredador que reinaba hace 37 millones de años en lo que hoy es Salamanca.

Cerca de 30.000 escolares han admirado de cerca a estos sorprendentes ‘bichos’ prehistóricos aprendiendo al mismo tiempo sobre la evolución geológica de su tierra natal. Poco antes de la pandemia, en unas reformas en la sala se actualizó la determinación de los ejemplares expuestos, se reestructuraron los contenidos y se realizaron diversas mejoras. A finales del pasado año fallecía Emiliano Jiménez, alma del proyecto. Desde 2019, la Sala de las Tortugas permanece cerrada al público. No hay presupuesto para mantener la instalación ni personal para organizar las visitas guiadas.

PARAÍSO DE ‘TORTUGÓLOGOS’

Los paleocheloniólogos son los científicos que estudian las tortugas fósiles. Coloquialmente, “tortugólogos”, que en este espacio, tienen su particular “paraíso”. Los fósiles de tortugas son los más representados en este peculiar museo de la Facultad de Ciencias. Hace 40 millones de años, en la periferia de la Cuenca del Duero proliferaban especies que hoy solo se encuentran en zonas tropicales, pertenecientes a las familias Podocnemididae, Carettochelyidae, Trionychidae y Testudinidae. La primera de ellas es la que cuenta con una representación más amplia en la colección, y en ella destaca la Neochelys salmanticensis, descrita por Emiliano Jiménez en 1968. Es la tortuga más abundante del Eoceno salmantino y sus restos han sido encontrados en los escarpes del Tormes desde Villamayor hasta Aldealengua.

Un fragmento de la parte inferior de un caparazón de Neochelys salmanticensis es uno de los 16 holotipos que reúne la Sala de las Tortugas. Este es el nombre que recibe el primer ejemplar que se describe de una especie. Un tesoro paleontológico. “Las descripciones de entonces no eran tan detalladas como pueden ser hoy, cuando podemos aplicar técnicas como la tomografía computarizada”, señala Santiago Martín de Jesús, comisario científico de la Colección de Vertebrados Fósiles de la Cuenca del Duero – Sala de las Tortugas. “Podemos conocer las tortugas de Europa y establecer cuáles son las diferencias con las de aquí. De hecho estamos haciendo una revisión completa de la especie con todos los últimos descubrimientos”.

La Universidad cuenta con nada menos que 1.200 restos de esta tortuga, una cantidad sin parangón en Europa, correspondientes a animales de todas las edades. Esta especie, presente en lagos y ríos, podría alcanzar los 80 cm. de longitud y era una de las más grandes de Europa en su grupo.

“Reabrir la sala contribuiría a revertir el descenso de matriculados en ciencias geológicas”

Siendo estudiante de Geología, el propio Santiago Martín halló en Aldealengua una Neochelys salmanticensis, que presentaba el peto íntegro, así como las vértebras, el esqueleto y parte del cráneo. La colección exhibe este ejemplar, el más completo hallado hasta la fecha, cuyo estudio está ayudando a complementar la información anatómica de esta especie.

Una de las grandes tortugas terrestres expuestas en el vestíbulo de la Facultad.
Una de las grandes tortugas terrestres expuestas en el vestíbulo de la Facultad.

La Sala atesora también una de las mejores colecciones de Europa de la tortuga Allaeochelys, una gran nadadora en aguas fluviales y que como dato curioso tiene su última vértebra cervical apoyada al caparazón, lo que le permite retraer el cuello rápidamente, y que hoy solo vive en Australia y Nueva Guinea. Los yacimientos zamoranos en Corrales y Casaseca han permitido un estudio muy detallado.

COCODRILO TERRESTRE

Pero aunque los restos son menores en número, los cocodrilos que dominaban el terreno en la antigua Salamanca protagonizan el apartado más sorprendente de la visita. “El Iberosuchus es el último de los descendientes de los cocodrilos terrestres que aparecieron en el Cretácico en América del Sur hace 100 millones de años, y vivieron hasta hace 30 millones”, detalla Santiago Martín. Los expertos formulan la hipótesis de que pasaron de Brasil a África antes de la creación del Océano Atlántico y ascendieron hasta el territorio que hoy es la Península Ibérica llegando al sur de Francia.

La disposición lateral de los ojos en el cráneo reveló a los investigadores que se desenvolvía en tierra a diferencia de los cocodrilos de río, que utilizan sus ojos situados en la parte superior, para otear sobre la superficie del agua. Los estudios de Emiliano Jiménez sobre este depredador apuntaban a que el Iberosuchus podría correr sobre sus patas traseras y abalanzarse sobre sus desprevenidas presas asiéndolas con las extremidades superiores. El robusto fémur que se conserva en la Facultad de Ciencias informa de que podía mantener una postura bastante erguida.

La Sala de las Tortugas exhibe asimismo restos de osteodermos, las placas óseas con alvéolos que recubrían el cuerpo de los cocodrilos y que servían para regular la temperatura de su cuerpo. Pero a diferencia de otros cocodrilos, las placas del Iberosuchus eran puntiagudas para cumplir una función defensiva. Todo un acorazado, una máquina depredadora.

Cráneo conservado de Neochelys samanticensis.
Cráneo conservado de Neochelys samanticensis.

Otra especie encontrada en los escarpes del Tormes (de ahí su nombre científico) fue el Diplocynodon tormis, unos restos datados en 37 millones de años de antigüedad, o el Duerosuchus piscator, hallado en Corrales del Vino (Zamora).

Las excavaciones quedaron paralizadas en 1992, y desde entonces sólo ha recibido pequeñas donaciones de particulares. Hoy, treinta años después, la Sala de las Tortugas de la Universidad sigue esperando un impulso que convierta esta asombrosa colección de restos prehistóricos en un museo paleontológico de primer nivel nacional e incluso europeo. “Sería algo muy importante para atraer estudiantes a Salamanca, y contribuir al aumento de matriculas en los Grados de Geología e Ingeniería Geológica”.

TODO EMPEZÓ EN CABRERIZOS

La historia de la colección de la Sala de las Tortugas comienza en 1966, cuando el profesor Emiliano Jiménez halló un fósil en el teso de la Flecha, en Cabrerizos. A este hallazgo se sumaron posteriormente otros procedentes de Corrales del Vino (Zamora) aportados por Bartolomé Casaseca, así como más restos de la zona Cabrerizos-Aldealengua aportados por Eduardo Carbajosa. A partir de estas últimas aportaciones, se consiguió completar la descripción de la primera especie de quelonio fósil del Eoceno de la Cuenca del Duero. La creciente actividad permitió incrementar rápidamente el número de ejemplares registrados. Asimismo, se inició la colaboración con el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, que extendió la investigación sobre los quelonios del Cenozoico a toda la geografía española. Varias publicaciones científicas difundieron los hallazgos y se impulsaron nuevas campañas de excavación. Un amplio convenio entre Iberduero (hoy Iberdrola) y la Universidad de Salamanca logró el patrocinio de la empresa para las investigaciones pioneras del equipo de Emiliano Jiménez. A raíz de este convenio, el 31 de mayo de 1988 se inauguraba la Sala de las Tortugas en la Sala de la Columna del Edificio Histórico de la Universidad.

Teso de la Flecha de Cabrerizos.
Teso de la Flecha de Cabrerizos.

A finales de los 80, y en apenas 4 años la Junta de Castilla y León patrocinó el grueso de los proyectos de excavaciones paleontológicas llevadas a cabo por equipo de la Sala de las Tortugas en diferentes emplazamientos de la provincias de Zamora, Salamanca y Soria. Desde 1992 no se han llevado a cabo más excavaciones.

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