25 abril 2019
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La historia de una de las plazas más fotografiadas

Cristianos, musulmanes y judíos dieron en la Edad Media forma al ágora de La Alberca que entre soportales de columnas graníticas y fachadas de construcción tradicional alberga cuatro emblemáticos edificios

15 abr 2019 / 18:12 H.

La época actual, no obstante sus pretensiones de riqueza y prurito de lo confortable, no puede hacer un alarde semejante”.

Hasta el mismísimo Ortega y Gasset no pudo evitar entonar estas palabras ante la visión de las casas y característicos soportales de la Plaza Mayor de La Alberca. Un típico emplazamiento en el punto más turístico de la Sierra de Francia que se erige no sólo como el centro de la vida social del pueblo, sino como escenario de las más hondas tradiciones de sus vecinos y testigo secular de históricos acontecimientos para el pueblo.

Desde la época del Medievo la estructura urbana de La Alberca es una conjunción perfecta de la unión de las culturas cristiana, musulmana y judía que adquiere en la Plaza su máximo exponente con sus soportales y sus fachadas dispuestas en dos series de balcones con columnas de granito sosteniendo el peso de las edificaciones.

Cuatro emblemáticos edificios presiden el ágora albercana y distintos recordatorios de las insignes visitas que quisieron conocer la villa serrana dejan en la Plaza la huella de su importancia. Así, en la fachada del Ayuntamiento luce una placa que rememora la visita del rey Alfonso XIII, que el 24 de junio de 1922 quiso recalar en el pueblo en su itinerario por Las Hurdes. Nueve años antes era Miguel de Unamuno el que visitaba la villa, un ilustre personaje muy vinculado a Salamanca que ha quedado perpetuado en una de las fachadas que se orientan a la Plaza gracias al retrato pintado por el artista mogarreño Florencio Maíllo.

De una forma menos solemne pero no por ello menos importante, diferentes artistas que han pasado por el pueblo han dejado su huella en la Plaza, dejando su rúbrica inmortalizada en piedra en lo que con el tiempo se ha dado en llamar “columna de los pintores”. Sorolla, José Guerrero o Ismael Blat son algunas de las firmas que atestiguan que La Alberca ha sido en distintas épocas la mejor “musa” para los pintores.

Sin duda la Plaza Mayor albercana no sería la misma sin el crucero que la preside, aunque es necesario señalar que no siempre ha estado ahí y que hace sólo 79 años que la cruz se erige como centro del pueblo. Antiguamente estaba ubicada en el paraje El Tablao, a las afueras del municipio pero en 1928 una fuerte borrasca hizo caer un árbol encima del crucero rompiéndolo en pedazos. Tras una adecuada restauración en 1940 la cruz se reubicó en la Plaza Mayor dando un nuevo carácter al ágora albercana.

Construida en granito está formada por una columna sobre repisa escalonada y en la parte superior la cruz que tiene esculpida la imagen de Cristo crucificado mirando a la Plaza y en el lado contrario la Virgen María. En el fuste de la columna aparecen esculpidos en bajorrelieve los signos de La Pasión como las monedas de la traición de Judas, el látigo, los clavos o la lanza.

La Plaza ha sido también testigo y escenario de hechos trágicos como la corrida taurina que se preparó para el día de Reyes de 1930 y que acabó con el toro asomándose por el balcón del Ayuntamiento, quizás en intento de ver desde una mejor perspectiva el ágora, y que se saldó con un fallecido.

Siglos de historia emana este municipio serrano que tiene forma de trébol, siendo la Plaza Mayor el punto que une y enlaza las tres hojas y el punto también que une y enlaza a sus vecinos y a las ilustres visitas y donde desembocan la mayoría de los sucesos de La Alberca.

Escenario de arraigadas tradiciones serranas

La Alberca cuenta a lo largo del año con un buen repertorio de tradiciones convertidas en fiesta que en su gran mayoría han encontrado en la Plaza el marco perfecto para desarrollarse.

Las fiestas en honor a Nuestra Señora de la Asunción llegan a su día grande el 15 de agosto —también conocido como “Diagosto”— y el ofertorio a la Virgen que se celebra en la Plaza deja una de las más bellas estampas del año en el municipio, con los típicos trajes serranos poniendo color al ágora albercana.

Los “patahenos” que llegan al pueblo en Carnaval con su representación burlesca de las corridas de toros también llevan su espectáculo hasta la Plaza e incluso el popular marrano de San Antón suele prodigarse con mayor frecuencia por ella en sus habituales paseos diarios.

Es en la Plaza también donde se rifa el “garrapato” en una jornada en la que los albercanos aprovechan para hacer la matanza, llenándose el ágora de vecinos ataviados con la tradicional vestimenta de los siempre afanados trabajadores en las laboriosas tareas de cocinar los productos del cerdo.

También en el Día del Trago, todo aquel que se acerque al centro neurálgico del pueblo recibe como obsequio vino, como homenaje a las mujeres albercanas que arrebataron el pendón que llevaban las huestes del prior de Ocrato que habían venido a Castilla y en torno al mes de noviembre, si el tiempo lo permite, las castañas son el regalo para los que vayan a disfrutar del magosto.

No sólo las tradiciones más ancestrales se celebran en la Plaza, sino que las citas deportivas como la Carrera de las Raíces tiene el mejor punto de salida y llegada de la Sierra.

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