23 septiembre 2020
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El drama de la frontera cerrada: separados por 30 kilómetros y a punto de ser padres

David Andrés Pérez y Fátima Rocha Centeno, de La Fregeneda, se preguntan cuándo podrán ver a su familia en Portugal tan solo a dos meses de dar a luz

11 may 2020 / 17:03 H.

Los pueblos de la provincia fronterizos con Portugal dejan desde el inicio del confinamiento relaciones quebradas y vínculos afectados por el distanciamiento.

Un muro divisorio e invisible separa a David Andrés y Fátima Rocha, un matrimonio de La Fregeneda, de gran parte de su familia, y lo hace en un momento crítico, ya que Fátima Rocha está embarazada de siete meses.

Aunque él es español y ella portuguesa, ambos llevan viviendo en la localidad salmantina desde hace diez años. Tan solo treinta kilómetros separan a la futura madre de sus padres y sobrinos, una distancia que hasta hace poco recorrían con regularidad muchos fines de semana para encontrarse con ellos.

Ahora, con un bebé en camino y la incertidumbre de cuándo podrán volver a reencontrarse, temen que el nuevo miembro de la familia, que nacerá en Salamanca, no pueda reunir al público esperado. “No sabemos cuándo abrirán la frontera, antes parecía que a mediados de mayo se acabaría, ahora dicen que en octubre...”, explica el marido, frustrado por la situación.

La pareja nunca habría imaginado en cuestión de días que sus fantasías de nacimiento se iban a ver truncadas por un cierre indefinido de las fronteras entre España y Portugal.

David Andrés continúa, afortunadamente, con su trabajo en una fábrica de quesos, mientras su mujer, de baja por embarazo, espera poder regresar a su empleo en la hostelería, un sector que se tambalea y tampoco termina de ver la luz al final del túnel.

“Esperamos que al menos mis padres puedan ver nacer a su nieta”, lamenta la portuguesa afincada en La Fregeneda. Su marido recuerda que la situación en los pueblos transfronterizos no es fácil tampoco para amigos cercanos, que, por motivos laborales, se ven obligados a dar rodeos de más de doscientos kilómetros para poder acceder a la localidad.

“Mucha gente necesita atender ganado en Portugal”, añade. La liberación del tránsito entre estos límites territoriales continúa marcando nuevas fechas en el calendario de este matrimonio que vive un momento histórico que contar a su hijo.

“Llevamos más de cincuenta días sin ver a nuestros familiares de Portugal, algo nuevo para nosotros”, explican. Viven en Mata de Lobos, una pequeña localidad a la que ahora solo pueden acceder a través de las videollamadas que mantienen para combatir la nostalgia, junto al uso regular del whatsapp.

“En general no se escuchan las reclamaciones de los vecinos que estamos en pueblos colindantes con la frontera”, apunta David Andrés, quien mantiene contacto con lecheros que cruzan en sus camiones para repartir.

Confirma a su vez que los distintos caminos y accesos están cerrados con barreras y piedras, dificultando a menudo un tránsito necesario para atender terrenos, u obligando al agricultor a deambular más de lo necesario en pleno confinamiento.

“No son capaces de darnos una fecha; sentimos mucha incertidumbre”, insiste. El estrés propio de la cuarentena, que se amplía indefinidamente, se ve intensificado por la situación delicada y crucial de David Andrés y Fátima Rocha, que se ven privados de un apoyo fundamental.

“Estamos tan cerca y sin embargo no podemos estar juntos en un momento como este”. Ambos coinciden en que el futuro próximo parece incierto. “No sabemos cómo estaremos de aquí a julio”. A pesar de ello, tratan de mantener la calma.