14 octubre 2019
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Victorias de los vencidos

12 oct 2019 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

Hoy me ha vuelto a hervir la sangre cuando he leído que la ministra de Justicia, ha pronunciado una frase que no es que pida lápida, sino lapidación, por adulterar la historia, convocar al guerra-civilismo, y escupir al sentido común. La socialista Sra. Delgado, tres veces reprobada parlamentariamente, ha dicho que “la exhumación de los restos de Franco es la primera victoria de los vencidos” ¿Cómo una ministra del PSOE puede decir tal barbaridad? Pretende pasar del histórico vae victis( ¡ay de los vencidos!), al vae victoribus, (¡ay de los vencedores!). La cúpula de socialismo español está hoy claramente en la nefanda tesis de Zapatero y su Ley de Memoria Histórica: vencer en una guerra que perdieron los abuelos.

Cuando en España apenas aparecían socialistas corriendo delante de “los grises”, ni en las Comisarías, ni por supuesto en las cárceles, estas desdichas se las tragaban los comunistas. En el primer debate público que hubo en Salamanca sobre la Ley para la Reforma Política (la diseñada por Torcuato y lograda por el Rey con Suárez), los organizadores no encontraron ni un socialista para defender el no o la abstención. Merodeó por las últimas filas el comerciante José Luis González Marcos – luego diputado -, no sé si algún Paredes –mantuvieron enhiesta la bandera socialista -, y pare usted de contar. Los comunistas ya estaban por la reconciliación. Pero también el centro. Ojo, incluso la derecha. Quedó simbolizado en un gesto histórico, que los jóvenes cachorros del guerra-civilismo, como la ministra Delgado, desconocen o patean. Manuel Fraga presentó en el Club Siglo XXI, para dar una conferencia, ante el todo Madrid, al comunista del exilio Santiago Carrillo. ¡Fraga y Carrillo en concordia! Naturalmente. Carrillo había perdonado al gallego estar en la mesa del Consejo que ordenó la ejecución de Julián Grimau (después de haberle tirado la policía, esposado, desde una segunda planta. Por cierto, hace apenas un mes ha fallecido su viuda, y a acudido a llorarla un nieto bejarano). Y Fraga perdonó a Carrillo Paracuellos del Jarama, presentándolo cordialmente como “un comunista de tomo y lomo”.

Si me hierve la sangre ante el exabrupto de la insensata ministra, es porque contribuye a dinamitar la Transición, gestos como el de Carrillo y Fraga, y reavivar el guerra-civilismo. Porque se ha olvidado que en el Reina Sofía está colgado un hermoso cuadro de Genovés titulado “El abrazo”, que encarna la amnistía que nos dimos los españoles muerto el dictador. Porque ha pisoteado el famoso discurso de Azaña del “Paz, piedad y perdón”. Y porque debería leerse en el diario de las Cortes el emocionante discurso de aquel ajustador de la Perkins, el de los jerseys de lana gorda tricotados por su Josefina para mitigar el frío en las numerosas cárceles franquistas que visitó, Marcelino Camacho. Defendió la Ley de Amnistía conmovedoramente:” hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores” ...” un hombre encarcelado, perseguido y despedido muchas veces y durante largos años, y... sin resentimiento”, pasajes en los que vi las lágrimas en muchos ojos de diputados de todos los grupos, obligados moral y políticamente a una votación memorable. ¿Qué sentiría un Simón Sánchez Montero, también diputado, que pasó 27 años en las cárceles? ¿O que pasaría por la cabeza de mi amigo parlamentario inolvidable, el comunista catalán Josep Solé Barberá, que estuvo condenado a muerte?

¡Se reconciliaron, nos reconciliamos, ministra! Habían enterrado sus muertos y sus rencores, y lo hicieron sin resentimiento. No habría más victorias ni más derrotas. Había el abrazo de quienes querían construir una democracia, desde una dictadura, sin derramamiento de sangre. ¡Invictos todos! Y nos vienen ahora unos indocumentados, apoderados por un sectarismo y odio inexplicables - por el que no se dejaron arrastrar sus mayores -, y quieren no la que llaman “segunda transición”, sino desprestigiar y reventar la única, elogiada por todo el mundo, que acabó reflejada en la Constitución de 1978. “Primera victoria de los vencidos”, la exhumación del dictador. ¡Hay que ser una mala pécora para sostenerlo desde una cartera ministerial!

Otro torpedo a nuestra Transición ha lanzado una catedrática de la Universidad de Borgoña, que se va a debatir antes de fin de mes en nuestra Facultad de Geografía e Historia. Basta su título “El mito de la transición pacífica. Violencia y política en España 1975-1982”. Gustavo Hernández que dicen es historiador, y en todo caso idolatra a Gramsci, que ha escrito lindezas sobre la Transición como “fábrica de embelecos”, la necesidad de una “ruptura democrática” (se impuso la “reforma”, ignorante), o que Carrillo ¡traicionó la memoria del salmantino asesinado en el despacho de Atocha, Serafín Holgado! Será el coordinador. No cuenten conmigo. Me volvería a hervir la sangre.