22 septiembre 2019
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Un poquito de dignidad

11 sep 2019 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

Ayer al atardecer aún no había dimitido el presidente del Senado. Manuel Cruz, socialista catalán, tercera autoridad del Estado español, es catedrático de Filosofía, entre cuyas ramas está la Ética, que trata de la moral, la virtud, lo correcto e incorrecto. Al senador le ha “cazado” ABC, que publica una información incontestable sobre nueve plagios, ¡nueve!, de su “Manual de Filosofía”, donde transcribe —sin comillas ni citar autor—, párrafos de prestigiosos pensadores. Sus alumnos de la cátedra barcelonesa ya sabrán la diferencia entre predicar y obrar, entre un hombre íntegro y un jeta inmoral. A Cruz, que escribió, jodó, “Filósofo de guardia”, le han pillado. Carece de dignidad, porque no ha dimitido. Peor, niega estúpidamente la apropiación indebida de textos ajenos camuflados. Dice que son “coincidencias mínimas” (¡). ¿Con qué autoridad moral va a echar de un examen de su asignatura al alumno que copie? Y, ojo, que fue portavoz ¡de Educación! en el Congreso. Les recordará a ustedes a Sánchez, que elogió públicamente la dimisión de un ministro alemán —cogido en trance análogo—, y él, con la tesis doctoral mayormente plagiada, ahí sigue. Cómo quiere seguir Cruz, que posee la “dignidad” del cargo —presidencia de la Cámara Alta—, pero la indignidad de no salir corriendo avergonzado. ¡Vivan los presidentes del Senado y del Gobierno plagiarios! ¡Viva la “superioridad moral” de la izquierda! Tiecojó.

El decoro en el comportamiento, es decir, la dignidad, impone al que sorprenden reconocer el fraude y dejar el cargo. No se pide que se tire al Tormes, como el historiador salmantino Villar y Macías por bastante menos (rebatido por un periodista ¡sobre una simple fecha errónea de su historia local!). Ni como Ignacio Coca, que se pegó un pistoletazo cuando descubrieron las trampas de los “activos” del Banco salmantino, absorbido por Banesto.

Si en el PSOE hubiera dignidad, Cruz ya habría dimitido. Y como hoy empiezan los toros, me gustaría proceder como Bojilla —famoso banderillero y apoderado—, cuando al acabar una corrida de oportunidad única, en la que su “maestro” y representado, Manolo Yesteras, había estado peor que Cagancho en Almagro, ordenó al chófer: “A nosotros nos llevas al hotel, y a este directamente al viaducto”. El diestro no se arrojó.