04 diciembre 2019
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Un cochero majareta

13 nov 2019 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

Qué lejos están aquellos tiempos en que Alfonso XII, en su lecho de muerte, le recomendó a su esposa, que obedeció al moribundo: “Cristinita, guarda el c... y, ya sabes, de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas”. Ahora no es que haya turnismo, una deseable alternancia bipartidista entre PP y PSOE, es que estamos condenados a gobiernos confeccionados con retales, entre una minoría socialista y no sé cuántos partiditos, eso sí, cohesionados por su desafecto —cuando no odio—, a España.

Ayer vimos abrazarse y firmar un “pre-acuerdo de gobierno de coalición progresista”, a un insensato político insuperable, con quien hace dos años dijo (“El hormiguero”) que no le dejaría las llaves de su casa cuando fuera de vacaciones, ni compartiría piso; con el mismo que afirmó que le quitaría el sueño a él y muchos españoles; con quien hace dos meses tuvo que escuchar de Sánchez rechazaba su oferta de una coalición “a prueba”. Quien lleva las riendas de esta vieja diligencia, del entrañable carromato que es España, es un majara, y no sé si un chutado. En cualquier caso, merece la solución machadiana: “¿Qué haremos con un cochero loco o borracho que nos lleva a galope y alegremente al precipicio? Habrá que arrojarlo a la cuneta del camino, después de arrancarle por la fuerza las riendas de la mano”.

Hace sesenta años (15 noviembre 1959) la socialdemocracia alemana, reunida en Bad Godesberg, formuló un manifiesto renunciando al marxismo. El PSOE hizo lo mismo en 1979, a impulsos de un famoso discurso de Felipe González en su congreso extraordinario, mientras dimitía como secretario general. Dijo entre aplausos fervorosos: “¡Hay que ser socialistas antes que marxistas!”. Pedro Sánchez, metiendo el marxismo en su futuro gobierno, llevará al PSOE a un retroceso ideológico de cuarenta años, y quitará el sueño a una inmensa mayoría de españoles.

El abrazo que fundió la socialdemocracia y el marxismo, semeja la “Rendición de Breda”, de Velázquez, la entrega por Justino de Nassau Sánchez al General Spínola Iglesias, de las llaves de la Moncloa. A los impresentables discípulos de Marx, no les ha hecho falta asaltar el Palacio. El okupa Sánchez ha salido a recibir sonriente a Iglesias, dispuesto a que le haga una abyecta felatio política. Estamos jodos.