06 agosto 2020
  • Hola

Todo se torna graveza

17 jun 2020 / 03:00 H.

    Trato de quienes “cuando llega el arrabal / de senectud”, todo se le vuelven dificultades, en verso de Jorge Manrique. Cinco siglos más tarde de la muerte de su padre, lo repetiría. Me arranco con esa cita al leer que ¡tres cuartas partes! de los fallecidos por el virus —o síntomas compatibles—, eran ancianos. O sea, casi 20.000 abuelos, 2.600 en Castilla y León. Sus pacíficas residencias se convirtieron en ratoneras, donde nadie les trasladaba al hospital, ni siquiera recogían su cadáver, tras haber fallecido en soledad. Parece un cuento de terror de Allan Poe, pero es algo acaecido ayer. Desde Ovidio se viene diciendo que grande fue en un tiempo (pasado) el respeto a la cabeza encanecida, y —salvo el pueblo gitano con sus patriarcas—, nuestra sociedad sigue menospreciándolos, y durante la pandemia, masacrándolos.

    Se nos han ido, en apenas tres meses, miles de enciclopedias vivientes, de biografías conmovedoras, de quienes el refranero dice “¡Dichoso el hogar en cuyas brasas se calienta un viejo!”. Miles de nietos quedarán privados de sus saberes populares y cultos, de sus sabios consejos y, si se quiere, de sus aburridas batallitas (quizás con ese temor, un amigo viejo prepara unas exhaustivas “Enseñanzas del abuelo”, que espero ver publicadas algún día). Y se han marchado sin ruido, con biografías cuajadas de esfuerzos, sacrificios, y cotizaciones a la Seguridad Social que no se las pudo devolver en atención y respiradores, por desgobierno y falta de previsión. Como superviviente podría hacer la semblanza de unos cuantos de cuyas vidas ejemplares he sido testigo.

    La generación de la post-guerra, la ahora en parte exterminada, y la que queda en desapego, hizo frente a la hambruna y la miseria de los años cuarenta, cooperó esforzadamente en el desarrollo español de los sesenta, padeció el terrorismo, hizo ejemplarmente la transición en los setenta, y cuando se creía con derecho a una vejez sosegada y feliz y a una muerte digna, aparece en su crepúsculo una pandemia que gestiona irresponsablemente un gobierno de insensatos, comunistas, separatistas y filo terroristas. El casi octogenario Pepe “Halcón”, que pasó las de Caín hasta triunfar – 300 agencias de viajes, entre otros muchos logros -, afirmó ayer : “Vamos a durar menos que un telediario”. ¡No hay derecho, coño!