18 septiembre 2019
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Tarde de toros

14 sep 2019 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

“Alza, toro de España : levántate, despierta” (Miguel Hernández)

Sucedió en Francia el pasado día 7. En las Arenas de Arlés, coso romano con veinte siglos, “Monumento histórico de Francia” (hoy Patrimonio de la Humanidad) a iniciativa de Próspero Merimé, autor de la gitana “Carmen”, en que basó su ópera Bizet —con la “marcha del toreador”—. Feria del Arroz, que producen las marismas de la Camarga. Corrida goyesca, que en el no lejano Burdeos anduvo exiliado el aragonés. Mano a mano Juan Bautista, hijo de Luc Jalabert (arlesiano, rejoneador, ganadero y empresario taurino), y Ponce, con toros de distintas ganaderías y olor a lavanda camarguesa. En el albero un dibujo de girasoles que evoca a Van Gogh, que fue a la Provenza para pintar el famoso cuadro y escenas del público acudiendo a las Arenas, y en los tendidos.

Antes de comenzar, el respetable se pone en pie y suena el himno nacional de España, que escuchan todos en respetuoso silencio, solo roto cuando seguidamente la Orquesta “Chicuelo” ataca los acordes de La Marsellesa, que el gentío corea enardecido. Aportación salmantina: un toro de Domingo Hernández, y lágrimas de emoción —me constan—, del ya célebre torero mirobrigense Marco Pérez (apenas doce años) y Palha hijo, de “Moscosa”. Produce sana envidia ver y repetir el vídeo del coliseo romano de Arlés abarrotado, en pie, con los himnos de los dos países. En otros cosos, como el también Coliseo de Nimes, el paseíllo suele hacerse con la célebre canción del torero Escamillo, de la Carmen de Bizet.

Cuatro días más tarde, en una ciudad cercana, tan española como Barcelona, dos arriesgados patriotas desafiaban el himno catalán —que habla de segadores esgrimiendo sus hoces afiladas—, haciendo sonar el nacional de España, desde una habitación alquilada a propósito, a muchos decibelios, mientras los separatistas, celebrando la Diada, homenajeaban a su discutible “héroe” Casanova. Esos mismos catalanes que, amparados en una pretendida libertad de expresión, distribuyen silbatos y organizan pitadas al himno nacional en las finales de la Copa del Rey y en otras ocasiones. El hotel les cortó de inmediato la luz y los Mozos de Esquadra les identificaron y denunciaron por el presunto ¡delito! de perturbación del orden público. Por la tarde, en Valladolid, antes del mano a mano, se escuchó el himno nacional, y me dicen que en Villaseca de la Sagra (Toledo) siempre que hay toros.

El pavoroso contraste entre estos hechos, y la tragedia de Orihuela con la gota fría, me lleva a recordar al oriolano Miguel Hernández —“como el toro, he nacido para el luto”—, que colaboró con Cossío y su monumental obra, facilitándole biografías de toreros, como Lagartijo o El Espartero. El pastor de Orihuela, hoy anegada y de luto, compuso la bellísima elegía a su amigo Ramón Sijé, que “murió como del rayo” (septicemia, 22 años). Otra, la “Elegía media del toro”, la dedicó a Pepiso, “un torerillo con pies de ángel para vadear aguas y desembocar en los furgones de cola, en busca de campos de cuernos”. Manuel Vicente Sempere acabó de banderillero en Barcelona, con fama de apuntillar las reses certeramente. Pero el poema lo dedicó a quien fue maletilla, el capa de aquellos años del pasado siglo, que buscaba ganado bravo en esos campos de astas que son las dehesas.

Pensando en la goyesca de Arlés, he vuelto a un viejo sueño, como Alberti con Dominguín y el mejor de los pintores: “Qué imposible y gran corrida,/la más grande de tu vida/te propongo, Luis Miguel./ Tú el único matador,/rosa picassiano y oro;/Pablo Ruiz Picasso, el toro,/y yo, el picador”. Soñé con una corrida charra-mejicana en la Plaza Mayor, con tres toros de nuestras dehesas y otros tantos de Nueva España; dos toreros vestidos, como sus cuadrillas, de charros salmantinos; y los del otro lado del Atlántico, de charros mexicanos; en que antes del comienzo sonaran el himno de España y el de México (una de cuyas estrofas dice precisamente “Como al golpe del rayo la encina”).

¿Saben quién presidió en Arlés, tras el burladero de capotes? Hervé Schiavetti, que lleva varias legislaturas como alcalde, no se pierde una corrida y es el primero en pedir trofeos. Destaco que pertenece al Partido Comunista Francés. ¿Se imaginan una escena semejante aquí? Por todo ello, y por esas lecciones de Tauromaquia, personalidad y patriotismo que con frecuencia nos dan los franceses, encabezo esta columna con ese viejo clamor de Miguel Hernández, ¡¡que España despierte y se levante!! Mañana puede ser tarde. Nuestra Fiesta Nacional es, entre otras muchas cosas, tradición, fraternidad, belleza, emoción, libertad, arte, ¡cultura!... Venga, que suene el himno.