12 agosto 2020
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Sí, no y abstención

09 may 2020 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

EL centro derecha español no es que esté dividido, sino que está a mamporro limpio, y no veo en el horizonte ninguna personalidad, o programa común, que pueda cohesionarlo. Dos muestras frescas y elocuentes: primera, la prórroga del estado de alarma. Votación: Ciudadanos sí, Vox no, PP abstención. Segunda: mesa de la Comisión de Reconstrucción. Candidatos Pachi López y Ana Pastor. Elección: a la médico y ex ministra popular solo la votaron los suyos, Ciudadanos votó en blanco y Vox se ausentó. ¡Perfecto! El mes de mayo PP, Cs y Vox “con flores a María”, bueno a Pedro Sánchez, “a porfía”. Comisión ciertamente estéril, montada para blanquear la presuntamente delictiva gestión social-podemita de la pandemia. Entretanto, no conocemos los once “expertos” que asesoran al Gobierno y disponen de nuestro futuro. Es como si la selección nacional de fútbol jugara con pasamontañas.

Por tanto más de media España, que no comulga con el Gobierno, a palmar de nuevo si hubiera elecciones. ¡Enhorabuena, señores de PP, de Ciudadanos y de Vox! No es que hayan roto ustedes la plataforma de Colón, con sus tres líderes, aquella de Casado, Abascal y Rivera (antes de ser sustituido por Inés Arrimadas, y las bajas de Nart, Pericay, Mejías, Girauta...). Tríptico azul, naranja y verde, descalificado por la mezquina progresía como el “trifachito”. Se han devuelto ustedes la foto de Colón, los acuerdos que lograron, y hasta “el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás”. Esto es fulanismo suicida, la debilidad de la desunión, y un horizonte electoral sombrío, por una Ley que castiga la dispersión del voto. Es decir, social-comunismo para rato.

“La derecha sin remedio” escribió Ricardo de la Cierva. ¿Saben ustedes que las pocas ocasiones históricas de acoplamiento del centro-derecha en España han tenido como urdidores o tejedores a “salmantinos”? Gil Robles, charro de nacencia, catedrático de la USAL, que agrupó aquella Confederación de Derechas Autónomas (la CEDA) victoriosa en varias elecciones republicanas; y el abulense, pero estudiante de nuestra Universidad, Adolfo Suárez, que cobijó a cristianos, liberales, socialdemócratas y hasta ex Movimiento, en aquella añorada Unión de Centro Democrático, ganando dos elecciones generales. Otros integradores semejantes, formados en nuestras aulas, son el vasco Marcelino Oreja y el segoviano Calvo Ortega, muestras vivas de la categoría profesional, el patriotismo y una grandeza que no logro encontrar en la pavorosa mediocridad que nos gobierna, el cáncer de la política española.

¿He dicho mediocridad? No, mucho peor. Si fueran anodinos, insípidos, bueno. ¡Es que se creen figuras! Es que van de sobrados. Como hambrientos que se han hartado. Y es que muchos de ellos mandan, coño. La chulería, la arrogancia, no son patrimonio exclusivo del guapo, trilero y perdonavidas de Moncloa. Hay concejales de villorrios deshabitados, que lo imitan, aprietan la mandíbula como él, y mienten o se tiran un nardo donde cualquiera solo ve un fracaso. Ahí tenemos a Pachi López, que dejó de estudiar con 16 años -¡cree que Arquímedes formuló varios principios!-, y ha sido ya de todo, incluido lendakari (gracias al PP). Desde ayer encargado, como presidente, de aguachinar la llamada pomposamente Comisión de Reconstrucción, comparada ridículamente con los históricos Pactos de la Moncloa (donde sí hubo grandeza y sentido del Estado). La llamo “de la loa”, naturalmente al Gobierno. Y la asturiana Adriana Lastra, alias “la dinamitera”, portavoz del PSOE en el Congreso, que suele rematar interviniendo la última en los debates, la faena de su señorito (“Yo pido unidad y lealtad y tú Adriana, ¡dales caña!”). Escupe mucho veneno, dirigido mayormente al PP. Es un Alfonso Guerra en bragas, con cartuchos de dinamita en la liga, pero sin ingenio. Carece de estudios –igualito que Irene Montero, la ministra y compañera del vicepresidente-, y se niega a confesar sus presuntos puestos de trabajo, so pretexto de que son vida privada. Es una de las figuras del PSOE, ¡válgame Dios! Tiene un gran porvenir. Ambos serían rechazados para trabajar en cualquier empresa privada. En nuestro socialismo, ¡vivan la ignorancia, la vulgaridad y la altanería!

Tres datos recientes, expresivos de que vamos al precipicio político y económico. Uno, la entrada de Iglesias en el Centro Nacional de Inteligencia, el sancta sanctorum de los secretos de Estado (que él quiere reventar, y lo hará hábilmente desde dentro). Dos, la elección como vicepresidente de la Comisión de la Loa, del secretario general del Partido Comunista de España, Enrique Santiago, que confiesa que quiere cargarse España, su Monarquía, y Europa. Tres, el acabóse: Arrimadas dice que no descarta apoyar los Presupuestos social-comunistas (¡). ¡Quiero un billete para Lisboa! Si no sucumbo, me exilio. “Ay, Portugal, por qué te quiero tanto...”.