15 agosto 2019
  • Hola

Si no es mucho pedir...

26 jun 2019 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

Miguel Hernández retrató nuestras fatigas : “Tengo estos huesos hechos a las penas, /y a las cavilaciones estas sienes : / pena que vas, cavilación que vienes/ como el mar de la playa a las arenas”. Los españoles braceamos diariamente entre inquietudes y pesadumbres. No nos dan respiro, coño. Cuando queremos simplemente que haya agua y luz, escuela, hospital, bus y mercado. Es decir, que nos administren honradamente el bienestar, sin dejar a nadie para atrás. ¿Es tan difícil, Señor?. Ahora mismo nos bastaría que el gobierno - compuesto “como sea” -, no robe, no de un trallazo fiscal (mi amigo Victorino diría cebollazo), aligere las administraciones de tantos organismos donde pastan los amigachos, no dispare el gasto público, que puede acarrear la quiebra del Estado. En suma, que siga el paradigma romano del “buen padre de familia”, al que por ser políticamente correcto, añado la “buena madre”, que solía administrar magníficamente cualquier despensa, por miserable que fuera (Francia ya ha sustituido el “bonus pater familia” por “la persona razonable”).

Por estas fechas, gran culpa de nuestro desasosiego, sin afeitar, en puntas, la tienen los hombres públicos –muchos de ellos, la peor versión de un padrastro–, con sus incapacidades, egoísmos y vilezas. Si es que en cuanto abre uno el periódico, enciende la radio o el televisor, comienzan las congojas, cagoental. ¿No va ahora Zapatero y dice que, si fueran condenados, hay que estudiar el indulto de los separatistas catalanes?. Cuando creímos que había alcanzado la abyección política sirviendo de mamporrero al tirano Maduro, Zapatero da una coz en el epigastrio de los españoles, y tiene la desvergüenza de pedir al Supremo que la condena a los del procés sea pequeñita, salgan libres pronto y, como vienen porfiando por doquier, como auténticos matones, ¡lo intenten nuevamente!. Que me quiten este papel, que peco gravemente y me levantan la columna (por cierto, ¿no hay quien diga al ciudadano Igea, que deje de largar amenazas, malquerencias y desafueros cada rato, que ya se ha hecho bastante el desapacible “prota” en Castilla y León, que mejor regrese a la Medicina?.

Frente a este desolador panorama, reivindico con Carmiña Martín Gaite “mi ración de alegría../ la precaria, amenazada,/ difícil alegría,/ al raso, limpia, en cueros...”