29 septiembre 2020
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Salamanca se traspasa

05 may 2020 / 03:00 H.

P ARTE el corazón ver el video de cerca de doscientos propietarios de toda suerte de establecimientos de hostelería de la provincia de Salamanca, diciendo que sus negocios se traspasan. Y muchos de ellos no podrán evitar hacerlo en realidad, si el Gobierno no relaja las medidas decretadas para la reapertura de los locales en las fases de desescalada, programada por el ejecutivo. Salamanca es mucho más que sus hoteles, bares y restaurantes. Es paisaje y es paisanaje, pero este último suele reunirse en torno a una caña o un vino, para intercambiar asuntos importantes y trivialidades. El ser humano no es persona si no se relaciona con los demás y, desde siempre, los bares y restaurantes han sido los puntos de encuentro en nuestra sociedad. Estamos viviendo una situación singularísima, que por atípica e inesperada (y eso que nos había sido anticipada una y mil veces desde obras literarias y audiovisuales) no es fácil de gestionar. Las autoridades hacen lo que pueden, temiendo resbalar a cada paso en un terreno imprevisible. Sin embargo, tanta precaución lleva a nuestros gobernantes, muchas veces, a atentar contra los derechos de la ciudadanía y a poner en riesgo su integridad física, no por el puro virus, sino por los daños del desplome de la economía. Sabemos que vienen tiempos difíciles y que tendremos que adaptarnos a ellos, pero es preciso que el Ejecutivo encuentre otras fórmulas, que tire de la imaginación y del ejemplo de otros países y que evite imponer reglas ajenas a su control como las que atañen a los domicilios privados, donde quieren imponer un número de integrantes por reunión, cuando un hogar no está bajo el escrutinio de ninguna autoridad. Dejando de lado esos domicilios privados y volviendo a los negocios abiertos al público, a la hostelería le toca bailar con la más fea. No es que en otros el asunto sea fácil, pero en la hostelería, además del reforzamiento de medidas de higiene, que requiere reformas y otros gastos, limitar el aforo a la mitad (¡y ha costado llegar a ese cincuenta por ciento!) ya supone reducir los ingresos a la mitad. Y todo eso, sin poder atender con menos personal, porque es imprescindible hacerlo de uno en uno y sin que estén permitidos los servicios de barra hasta dentro de un mes. Con estas condiciones (y no he repasado más que algunas) serán muchos los locales que no podrán afrontar lo que se les pide. Ya sé que la vicepresidenta cuarta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera ha subrayado que “el que no se sienta cómo cómodo, que no abra”, pero ¿acaso se ha planteado esta señora que quien no lo haga ahora igual puede tener que cerrar definitivamente, en Salamanca y en cualquier otra plaza?