17 julio 2019
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Rogativas al santo del día

15 may 2019 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

La cosa está chunga. Con la falta de agua y la primavera de vacaciones, Paco Novelty lo clavó trasantier: “Muelos raquíticos y ganados escuálidos”. La cebada tiene mala compostura porque ha encañado en seco. Como diría Magín de su cebada caballar, el calor “le ha pegado un zurrío”. Poco grano y poca paja, los calzones se me bajan, se lamenta un cerealista. Pero hay quienes sostienen que si lloviera no habría apocalipsis, el trigo se salvaría, y quizás los pastos retoñaran en el tardío. “Agua de Mayo, pan pa todo el año”.

Un amigo ganadero me cuenta que solo hay hierba espigona, que las vacas rechazan, como nosotros repeleríamos unas acelgas pochas. Antes de dejar al ganado alfeñicar, o morir desnutrido (como ha pasado recientemente en Sando y en Tajurmientos), hay que tirar de leona y apoquinar piensos compuestos. Un gracioso propuso dar a cada vaca cinco euros y que se fueran a comer donde quisieran. No resultó. Carlines Sánchez Rico, cuando andaba apretado, mandaba sus vacas “a pupilo”, a la finca de algún pariente o amigo.

Si cuando rezamos el Padrenuestro pedimos “danos hoy el pan nuestro de cada día”, ¿por qué no hacer hoy rogativas al labrador San Isidro, antes de ponerse a ver, como catetos, la isidrada en televisión? A él le araban los bueyes mientras rezaba. Ahora San Isidro podía echar una manita cerca del Jefe para que jarreara un poco, en esta Castilla de nuestras sequías. Aunque, como previno aquel obispo murciano a quienes le pedían rogativas, el tiempo no está de llover. Efectivamente, cuando remito este farol al diario, el pronóstico para Salamanca es de 31 grados centígrados —¡35 en Sevilla!—, que para mediado mayo es un justo castigo a nuestras culpas en el calentamiento global y el cambio climático.

El caso es que el patrón de Madrid se marcó “un Isidro”, dejando que su yunta labrara mientras él daba de mano. Fue el precursor de hacerse “un sinpa”, marcharse de la taberna sin pagar; del hacerse “un Boston”, hoy de moda para quienes el muerto no se le empina; o montarse “un negro”, que nos escriba los textos de nuestras colaboraciones, naturalmente en el anonimato. Yo para esta columna no he encontrado negro. Sorry.